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La inclusión después de la meta Opinión

La inclusión después de la meta

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José Ignacio Cuadra Verdejo
Por : José Ignacio Cuadra Verdejo Periodista, consultor en comunicación estratégica e inclusión laboral.
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El domingo 4 de octubre viví algo que nunca pensé, junto a mi amigo Eduardo Castañeda corrimos los diez kilómetros de la Itaú Maratón de Viña del Mar.


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Soy una persona con ceguera y durante el recorrido su acompañamiento fue parte de las condiciones que me permitieron participar. Cruzamos juntos la meta y, después, continué con otra tarea que me había llevado hasta allí: trabajar como periodista y realizar la cobertura de la jornada.

Ese tránsito entre correr y ejercer mi profesión me dejó pensando en cómo miramos la discapacidad. En unas pocas horas fui corredor, compañero de ruta y periodista. Distintas dimensiones de una misma persona que pudo participar gracias a una combinación de preparación, colaboración y oportunidades. Algo que debería resultar cotidiano, pero que todavía despierta sorpresa cuando quien lo hace tiene una discapacidad.

El deporte tiene una capacidad especial para abrir estas conversaciones. Nos reúne alrededor de una actividad compartida, permite reconocer habilidades y nos invita a relacionarnos desde un objetivo común. En una carrera hay esfuerzo, coordinación, incertidumbre y entusiasmo. También hay espacio para aprender cómo acompañar a otra persona respetando sus decisiones y su autonomía.

Correr junto a alguien exige construir acuerdos. Para una persona ciega, la comunicación sobre el recorrido, los cambios de dirección y el ritmo puede ser fundamental. El apoyo adquiere sentido cuando responde a lo que esa persona necesita. La confianza se construye en esa coordinación, donde cada uno tiene responsabilidades y ambos contribuyen a que la experiencia resulte no solo grata si no que completa.

Hay una enseñanza que podemos trasladar a otros ámbitos de la vida en sociedad: recibir apoyo es compatible con ejercer autonomía. En el trabajo, en la educación y en la vida cotidiana también necesitamos condiciones que nos permitan desenvolvernos. Comprenderlo ayuda a mirar la accesibilidad como parte de la organización de los espacios y las actividades, y a reconocer que la participación requiere decisiones concretas.

Por eso, cuando hablamos del deporte como una ventana para la inclusión, debemos preguntarnos qué hace posible que esa ventana se abra. La inscripción, la información previa, el acceso al lugar, la preparación de los equipos y los apoyos durante la actividad forman parte de la experiencia. La posibilidad de participar comienza mucho antes de la largada.

También importa lo que contamos después. Como periodista, creo que tenemos una responsabilidad en la manera de representar a las personas con discapacidad. Podemos preguntar por su preparación, sus objetivos, su desempeño y sus opiniones. Podemos reconocer sus aportes y dar espacio a sus voces. Una cobertura deportiva puede ampliar la conversación y mostrar trayectorias que merecen ser conocidas en toda su complejidad.

Chile tendrá una oportunidad especialmente relevante en 2027, cuando Santiago sea sede de los Juegos Mundiales de Olimpiadas Especiales. Más de 6 mil deportistas de más de 170 países. Por primera vez, este encuentro se realizará en América Latina y en el hemisferio sur. Nuestro país estará en el centro de una conversación internacional sobre deporte y participación de personas con discapacidad intelectual.

El valor de la diversidad

Es importante reconocer la diversidad de experiencias que conviven bajo la palabra discapacidad. Mi participación como corredor con discapacidad visual y la de los atletas de Olimpiadas Especiales tienen características y necesidades distintas. La conexión está en una pregunta que nos involucra a todos: cómo crear condiciones para que cada persona pueda participar, desarrollar sus capacidades y ser reconocida por lo que aporta.

Una de las propuestas de Santiago 2027 será el Deporte Unificado, donde personas con y sin discapacidad intelectual comparten un mismo equipo. Esa experiencia ofrece una oportunidad para aprender desde la convivencia, la práctica y la responsabilidad compartida. El encuentro deportivo puede convertirse así en un espacio donde se construyan relaciones que continúen fuera de la cancha.

La oportunidad para Chile será proyectar esos aprendizajes hacia la vida cotidiana. Queremos que más personas puedan encontrar un club donde entrenar, una escuela que promueva su participación y una comunidad que valore su presencia. Que existan equipos preparados, información accesible y oportunidades sostenidas en el tiempo. El legado de los Juegos también se expresará en esos espacios cercanos, donde comienza la relación de cada persona con el deporte.

Esto requiere colaboración entre organizaciones deportivas, instituciones educativas, municipios, empresas, medios y personas con discapacidad. Estas últimas deben participar en las decisiones desde el inicio, aportando su experiencia para identificar necesidades y construir respuestas. Tenemos por delante la posibilidad de convertir la atención que genera un gran evento en mejoras que permanezcan.

Cuando crucé la meta en Viña del Mar estaba contento, ya que salí segundo en mi categoría, nada mal para alguien que no hacía deporte hace más de 25 años. Sin embargo, todavía me quedaba una jornada de trabajo. Esa continuidad es la que me gustaría ver extendida a muchas otras experiencias: poder practicar deporte, estudiar, trabajar y participar en la comunidad con los apoyos necesarios y con libertad para decidir.

En 2027, Chile recibirá a más de 20 mil personas provenientes del extranjero entre atletas, delegaciones, familiares y voluntarios. Desde ahora podemos preparar también las oportunidades que quedarán abiertas cuando regresen a sus países. El deporte nos ofrece una ventana para reconocernos y encontrarnos. Nuestro desafío es que lo aprendido acompañe la vida de las personas después de la meta.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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