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Michelle & Evelyn, mujeres peligrosas
Matthei y Bachelet son dos mujeres que aún tienen mucho que aportar a la política y sociedad chilena, más aún con la experiencia y trayectoria acumulada, en tiempos de incertidumbre y de un gobierno que prometió tener un equipo de excelencia y llegar a cambiar todo.
Reconozco que estuve tentado de escribir de un tema distinto. La columna se iba a llamar “Hey Judd” en referencia al rol que está teniendo el embajador de Estado Unidos en Chile, haciendo un juego de palabras inspirado en la gran canción de The Beatles, que Paul McCartney le dedicó “Hey Jule” al hijo a John Lennon, la que después rebautizó como “Hey Jud”. Pero la verdad es que los ataques machistas, groseros y de mal gusto, en contra de Michelle Bachelet y Evelyn Matthei ameritaban esta columna.
Hacía rato que no veíamos a un grupo de parlamentarios referirse a mujeres destacadas de la política chilena, con un trato como este. Recordemos que, en este país, en las últimas décadas, hemos avanzado mucho en materia de igualdad de género, como la ley de conciliación de la vida personal, familiar y laboral; la que obliga a igual salario por igual función, o recientemente la que establece cuotas de género en los directorios, entre muchas otras medidas. Más que cambios legales, han sido avances de la sociedad chilena.
Esa concepción de que las mujeres debían cumplir con el rol de “dueñas de casa”, como si dependiera de una asignación divina, fue dejada en el pasado por la inmensa mayoría de los chilenos hace ya bastante tiempo. Aunque por lo visto, para algunos parlamentarios -quienes no sólo deben predicar con el ejemplo, sino cumplir con las leyes- no. De hecho, las frases de la semana pasada emitidas por congresistas chilenos caben como faltas graves de acuerdo con la Ley Karin, la que condena las conductas incivilizadas y dichos sexistas.
Recordemos que todo esto parte por la provocación de Michelle Bachelet. La expresidenta, con la habilidad e inteligencia que la caracteriza, logró con una simple frase –“yo creo que sí, yo creo que sí”- descolocar al gobierno y al sector más extremo de la derecha. La verdad es que me imagino que Bachelet ni siquiera está pensando seriamente esa opción, sin embargo, a los pocos días que abandonó la carrera a la ONU, se encargó de notificar a La Moneda que cumplirá un rol activo en la política, aprovechando el espacio de falta de liderazgos de la oposición, la debilidad creciente de un gobierno que a los siete meses tiene más desaprobación que Piñera, Bachelet y Boric a la misma altura y, principalmente, al temor -la verdad terror- que le genera al gobierno de Kast tener al frente a una mujer de la estatura política de Bachelet.
No cabe duda de que si hay un error político del que el presidente Kast se arrepentirá siempre es que haberle quitado el respaldo a la Secretaría General de la ONU. Lo traicionó una visión sobre ideologizada de lo que representaba Bachelet para el sector más conservador versus el pragmatismo que debe tener un líder político. Como dijo una senadora de RN, “era mejor Bachelet en la ONU que en Chile”. Bastaba con hacer lo mínimo, y de seguro el resultado sería el mismo considerando que Trump jamás habría permitido que la expresidenta ocupara el cargo. Falta de inteligencia y cálculo político.
Por tanto, Kast se encargó de revitalizar a Michelle Bachelet, y de paso, regalarle a la oposición una inmerecida oportunidad de rearticularse de la mejor forma que existe en política: alrededor de una figura.
Pero volvamos a la sociedad machista en que viven -y añoran por lo visto- Olivares (PDG), Carter (REP) y Kaiser (PNL). Demostrando su concepción despectiva de las mujeres y sin recurrir a ningún argumento político, el primero en disparar a Bachelet fue un extraño personaje que ha resaltado en el Congreso solo por sus extravagancias. Primero llegó disfrazado a la Cámara de Augusto Pinochet para luego protagonizar una pelea en un club de barrio, actividad a la que se presentó a medianoche junto a una asesora. Olivares señaló que “podría imitar a la señora Matthei: ponerse a cocinar y preparar unas buenas cazuelas”. Luego siguió Kaiser quien cuestionó a la expresidenta desde una perspectiva que recibió un verdadero bulín en redes sociales en referencia al propio estado físico del libertario: “Yo creo que la salud de la expresidenta está deteriorada, se nota. No la veo haciendo deporte”. Finalmente, Carter insultó a Matthei con un penoso “Ojalá que cuando llegue a su edad no termine así”.
Por supuesto, que el mundo político machista y de ultraderecha se encargara de empaquetar a Michelle y Evelyn no es casualidad. Ambas son mujeres, lideres, referentes y han sido atacadas con virulencia por el mismo sector. Hace unas semanas se conoció la campaña millonaria que realizaron tres organizaciones internacionales (UN Watch, CitizenGO y C-Fam) contra la expresidenta, para lo cual financiaron lobby con los integrantes del Consejo de Seguridad, enviaron videos, y mensajes digitales que presentaban a Bachelet como una feminista extrema, con el objetivo de boicotear su llegada a la ONU. Por cierto, todavía falta despejar el rol cumplido por chilenos en esa estrategia, aunque hay sospechas.
Un año antes, en 2025, asistimos también a una campaña –“asquerosa”, como la calificó la exalcaldesa- brutal en contra de Matthei. Creando y subiendo videos falsos en redes sociales que ponían en duda la salud mental de la candidata, lograron impactar de tal forma, que la representante de Chilevamos fue cayendo de manera sistemática en las encuestas -luego de figurar primera durante dos años- hasta rematar quinta en las elecciones de noviembre. Pese a que se comprobó que los autores estaban vinculados a la campaña de los republicanos –“patito verde”, ex director de Canal 13-, nunca el entonces candidato Kast lo reconoció ni pidió disculpas a la exalcaldesa
Definitivamente, Michelle y Evelyn son mujeres peligrosas para el mundo político, pero particularmente para el mundo más conservador. Profesionales, trascendentes en lo político, resilientes, luchadoras, valientes y con vidas autónomas. No son de las que forjaron su vida esperando autorizaciones u ordenes de sus parejas. No son mujeres que las derrotara una campaña de fake news, ni los ataques personales cobardes y menos un comentario mal intencionado y machista como los de Olivares, Carter y Kaiser.
Matthei y Bachelet son dos mujeres que aún tienen mucho que aportar a la política y sociedad chilena, más aún con la experiencia y trayectoria acumulada, en tiempos de incertidumbre y de un gobierno que prometió tener un equipo de excelencia y llegar a cambiar todo, pero que parece haberse enredado entre su propio amateurismo, ineficiencia y sobre ideologismo conservador.
Pero de fondo, la pregunta que debe hacerse clase política -que ocupa el último lugar en confianza y credibilidad en la ciudadanía-, es cuanto daño hacen parlamentarios que viven de la descalificación, los comentarios de mal gusto, la baja empatía, los disfraces de dictadores para después auto calificarse como de centro, como en el caso del PDG Javier Olivares, quien por lo visto es avalado por Parisi y Jiles. Y por supuesto, también deben ser los chilenos, los electores, los que dejen de votar por gente que basa su accionar en la descalificación, el ataque a las mujeres y que siguen creyendo que viven en los años 50.
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