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Pensiones: ¿Es conveniente cambiar los Multifondos por los Fondos Generacionales? (Parte II) Opinión

Pensiones: ¿Es conveniente cambiar los Multifondos por los Fondos Generacionales? (Parte II)

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Con los Fondos Generacionales nos nublaremos con su pomposa presentación. El brindis enterrará cualquier cuestionamiento a los Multifondos. Seguiremos creyendo que la solución a un problema demográfico está en el mercado de capitales.


En la primera parte de esta columna se revelaron ciertos mitos respecto de los Multifondos. Un breve resumen para contexto.
Una evaluación objetiva y sin sesgos ideológicos del desempeño de los Multifondos desde su creación nos lleva a concluir que no ha habido diferencia estadísticamente significativa entre el retorno mensual del fondo A versus el E; tampoco hay diferencia estadísticamente significativa entre el retorno del fondo A versus la TIR de bonos BCU del Banco Central. En relación al fondo acumulado en cada opción, si bien el fondo A acumula desde su origen hasta julio 2026 un monto mayor que el resto, se debe considerar que la varianza del retorno acumulado también aumenta con el plazo, por lo que aumenta la probabilidad de pérdida al abrirse el abanico de posibilidades positivas y negativas. De hecho, se han presentado casos (20% de las veces) en que el fondo acumulado E es mayor que el fondo acumulado A, ocurriendo el último en julio 2023, después de 20 años creados los multifondos. Y si lo anterior fuera poco, el verdadero retorno para el afiliado, descontado lo que paga en comisiones, está entre un 1,25% anual (fondo E) y un 3,9% anual (fondo A), siendo bastante discreto, y lamentablemente, desconocido. Las comisiones se “comen” entre un 41% y un 58% de la rentabilidad bruta. La triste realidad es que el fondo A, como estandarte la máxima búsqueda de retorno, terminó siendo poco seductor para el afiliado.

Lamentablemente, no hubo un análisis de este tipo antes de reemplazar los Multifondos por los Fondos Generacionales. La trampa del retorno bruto esperado en largos plazos de inversión nubló el riesgo del fondo acumulado y el Equivalente Cierto.

Así las cosas, y siguiendo esencialmente la lógica del retorno esperado, los 10 Fondos Generacionales que reemplazarán a los Multifondos, apuntan, supuestamente, a una gestión más ordenada del ahorro a lo largo del ciclo de vida del afiliado, al asignarlo a una cartera de inversión específica según su edad; y en la medida que el afiliado vaya aumentando su edad, será asignado a otro fondo de inversión con menor riesgo, obteniendo con ello, en teoría, una inversión más coherente con el horizonte de jubilación. Ya no habrá libertad de cambio de un fondo a otro; la variable clave y única para la asignación será la edad del afiliado.

En el papel, suena bonito. Pero la gestión de riesgo va más allá de ello. Tiene que ver con el diseño del sistema global. Diseño que, en esencia, seguirá manteniendo las mismas falencias.

Tratándose de las pensiones, debe tenerse en cuenta que, si el modelo -tanto en las etapas de ahorro como en la de desahorro- permite inversiones extra a instrumentos de cero riesgo de pago (hay otros riesgos también), entonces, se está asumiendo un riesgo sistemático y no sistemático adicional que, tal como se ha demostrado, su retorno asociado estadísticamente solo compensaría el riesgo asumido, en el mejor de los casos. Nada más. No hay magia. En términos técnicos, el juego consiste en ubicarse en algún punto de la línea del mercado de capitales.

En la etapa de ahorro de pensiones (sistema de AFP), el apetito por riesgo llevó a ampliar la inversión en búsqueda de retornos esperados que pudiesen “mejorar las pensiones”. En la etapa de desahorro (Retiro programado y Rentas Vitalicias), que también es parte del sistema de pensiones, el diseño es aún peor: permite jugar en el casino del mercado de capitales con las platas de los ya pensionados. Se podría decir que es un apetito por riesgo 2.0, y en el caso particular de las rentas vitalicias, un apetito por riesgo 3.0. Casi como una ironía, está el caso de una compañía de seguros que literalmente invirtió en un casino. Y, por supuesto, nadie dijo nada; todo supuestamente estaba en regla.

Las recientes pérdidas en el fondo E producto de la inversión en instrumentos derivados, específicamente Swaps de tasa de interés, son una consecuencia de un sistema mal diseñado. No se trata de pedir “prudencia” a las AFP. Las reglas del juego tienen una falla de diseño. En la búsqueda de mayores retornos, se permite la inversión en instrumentos derivados tanto en los actuales Multifondos como en los futuros Fondos Generacionales. ¿Que los porcentajes son acotados y limitan las pérdidas bajo escenarios de estrés? Dígale eso a la opinión pública en la actualidad, a ver si le aceptan esa respuesta. La conclusión aplica también a la renta variable en general.

En el afán de “mejorar las pensiones” por la vía de apostar a obtener un retorno esperado, el apetito por riesgo ha llevado incluso a aumentar la inversión permitida en los denominados “activos alternativos”: desde un máximo de 25% en el fondo generacional 1 (afiliados hasta 35 años), un máximo de 10% en el fondo generacional 7 (afiliados entre 61 y 65 años), para llegar a un máximo de 5% en el fondo generacional 10 (afiliados mayores a 75 años). No nos quejemos cuando en algunos años más nos llevemos sorpresas desagradables nuevamente. Ya el título “alternativo” debería encender alguna alarma.

Cuando ocurren catástrofes como las vistas recientemente con las pérdidas del fondo E, sobran los expertos y opinólogos en comentar lo que pasó y buscar culpables para acallar el clamor popular y ubicarse en el lado correcto de la historia. Pero más importante es anticiparse a la tragedia. Y en el caso de las pensiones, antecedentes relevantes hay de sobra. Volverán a ocurrir este tipo de eventos negativos, siendo los más peligrosos los que afectan a las rentas vitalicias que sobreviven gracias a una ficción contable, porque, por último, cuando la tragedia es en la etapa de ahorro, hay tiempo -o algo de tiempo- para arreglar el problema. Pero no hacen caso a las advertencias. Ni al Banco Central le hacen caso.

Con los Fondos Generacionales nos nublaremos con su pomposa presentación. El brindis enterrará cualquier cuestionamiento a los Multifondos. Seguiremos creyendo que la solución a un problema demográfico está en el mercado de capitales. Tropezaremos nuevamente con la misma piedra, pero con otra metodología. Y cuando ocurra una catástrofe, los responsables harán la gran Macías: “no hago ningún mea culpa”; y volveremos a ver los análisis y lamentaciones de los expertos de turno.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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