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Al menos hasta el año 2006

Enfermos de hepatitis C tendrán que esperar para derrotar al virus

por 18 octubre, 2003

Fonasa solicitará presupuesto para la costosa terapia, con el respaldo técnico de expertos en la materia. Frente a este escenario, los portadores del virus de la hepatitis C (VHC), que carecen de recursos económicos para solventar el tratamiento, criticaron la despreocupación de las autoridades de salud.
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Una de las enfermedades virales de mayor prevalencia en el país es la hepatitis C. Según estimaciones de la Asociación Chilena de Hepatología, el mal podría llegar a manifestar sus síntomas hacia el año 2007 en 40 mil personas, tres mil de las cuales necesitarían un nuevo hígado. Si se considera que en el año 2000 sólo hubo 49 trasplantes, la situación se anticipa como preocupante.



Por esta razón los enfermos que padecen esta enfermedad recurrieron al Fondo Nacional de Salud (Fonasa), para que se destinen más recursos al tratamiento piloto de 60 pacientes al año, seleccionados de acuerdo a su gravedad. A su vez solicitan que los exámenes de diagnóstico del virus puedan ser codificados, es decir, pagados con bonos, lo que abarataría su costo actual de 135 mil pesos.



Ante estas demandas, el director de Fonasa, Alvaro Erazo, señaló que en el paquete presupuestario enviado al Parlamento, sólo se pidieron recursos para los exámenes que determinan la presencia del virus en la sangre y que habrá que esperar hasta el 30 de noviembre, para saber si el Congreso aprueba o rechaza ese ítem. En cuanto a los dineros para tratamiento, el facultativo aclaró que por este año no se contempla esa posibilidad.



Al respecto, el presidente de la Asociación Chilena de Hepatología, Marco Arrese, y la presidenta de la Corporación de Ayuda al Paciente con Hepatitis C, Carolina Hernández -que sufre de VHC-, criticaron la falta de preocupación de las autoridades ante un problema que según un estudio preliminar de la Universidad Católica podría afectar a parte importante de las 120 mil personas que han estado en contacto con la enfermedad.



Frente a este cuestionamiento, el doctor Erazo señaló que se estudia la posibilidad de iniciar terapias sólo a partir del año 2005, una vez que se dé el visto bueno de parte de la División de Rectoría del ministerio de Salud, luego de respaldar su decisión en el análisis técnico del equipo de hepatólogos del hospital San Juan de Dios, que, según Erazo, cuenta con una experiencia "potente" en la materia.



¿Qué es la hepatitis C?



El virus de la hepatitis C se encuentra en la sangre de las personas infectadas y su período de incubación varía entre seis semanas y seis meses. A diferencia de la hepatitis A y B -que son de fácil transmisión-, la variante C se contagia a través de transfusiones de sangre, por el uso de jeringas infectadas, de la madre al niño en gestación o por relaciones sexuales, igual que el VIH.



Sin embargo, más del 40 por ciento de las personas infectadas no tienen historias de factores de riesgo, lo que sugiere una vía de transmisión desconocida. Asimismo, investigaciones en Japón y Estados Unidos han calculado que desde la infección hasta el reconocimiento de los síntomas de la hepatitis crónica pasan entre 10 y 13 años. Veinte años hasta la cirrosis y 30 ó más para provocar un cáncer hepático.



Sólo de un 25 a 30 por ciento de las infecciones presentan síntomas, que pueden ser tan leves como un resfrío, náuseas, fatiga, pérdida de apetito, fiebre, cefalea y dolor abdominal. El resto de las personas infectadas con el virus de la hepatitis C no están concientes de su enfermedad hasta la aparición de los signos de daño hepático, a menudo décadas después del contagio.



Por lo general la muerte se produce en quienes llegan a padecer cirrosis o cáncer al hígado, enfermedades que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), causan 10 mil muertes anuales en el mundo. De acuerdo al doctor Arrese, de la Asociación Chilena de Hepatología, la prevalencia de la hepatitis C en Chile es similar a la de otros países de la región, como Argentina, Brasil y Perú, y también en naciones europeas occidentales, como España y Francia.



El especialista aclaró que si se destinaran recursos del sistema público para los enfermos de hepatitis C, se sentaría un precedente para los enfermos afiliados a las isapres, que en la actualidad no cubren el tratamiento "ni siquiera a través del seguro catastrófico". Para Arrese, el propósito es lograr lo mismo que hace unos años, cuando Fonasa comenzó a financiar los trasplantes hepáticos, ejemplo que fue seguido por el sector privado de salud.



Visión legislativa



Los únicos parlamentarios que apoyan a los portadores del virus VHC son el diputado UDI, Marcelo Forni, y la diputada María Angélica Cristi, que integran la comisión de salud de la Cámara. El diputado Forni afirmó que el país tiene que tomar conciencia de la verdadera gravedad de la hepatitis C, la que se convertirá, dentro de 10 años, en una pandemia incluso mayor que el virus del Sida.



Forni señaló que hasta el momento sólo ha visto buena disposición de parte de Fonasa, "pero nada concreto". Indicó que el presupuesto para un tratamiento (ocho millones de pesos anuales por persona, lo que permite la recuperación de entre 40 y 70 por ciento de los pacientes) es casi cuatro veces menor que un trasplante (en caso de daño hepático irreversible) cuyo costo es de 30 millones de pesos.



Según el diputado, una buena alternativa es llevar adelante una campaña de prevención dirigida al grupo de riesgo, compuesto por personas que portan piercings en distintas partes del cuerpo, los que recibieron transfusiones de sangre hasta el año 1993 y los consumidores de drogas intravenosas. En todos estos casos, los síntomas de la enfermedad tardan de 10 a 15 años en manifestarse.



Para el parlamentario, un primer paso es que existan las condiciones necesarias para diagnosticar esta enfermedad a tiempo, para evitar la necesidad de un trasplante de hígado, lo que está lejos de ser una solución definitiva, porque el virus permanece en la sangre y el nuevo órgano también podría verse perjudicado. La situación "ideal" -dijo- es que la hepatitis C sea incluida en el plan Auge.



Sobre esta última posibilidad, el director de Fonasa, Alvaro Erazo, señaló que si se dan las condiciones sanitarias, epidemiológicas, técnicas y financieras para tal efecto "no cabe duda de que la eventual incorporación de esta enfermedad al sistema de garantías es materia de análisis". Sin embargo, para que esto ocurra, tienen que pasar al menos tres años, tiempo que los enfermos de hepatitis C no se pueden dar el lujo de esperar.

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