ANÁLISIS
Zoom a la canasta básica: pan, papas, carne y huevo experimentarán las mayores alzas de precio
El alza del diésel, la llegada de El Niño y la sequía están configurando una tormenta perfecta para el bolsillo. Un análisis de Felipe Díaz alerta que productos básicos como pan, papas, carne, arroz, huevos, leche y jurel podrían enfrentar nuevas presiones sobre sus precios.
No se trata solo de inflación ni de un efecto pasajero del precio del petróleo. Un análisis elaborado por Felipe Díaz —ingeniero civil electrónico, magíster en Gestión Sustentable de Recursos y exnegociador climático internacional de Chile— advierte que la Canasta Básica de Alimentos enfrenta una convergencia inédita de riesgos que podrían seguir presionando el bolsillo de los chilenos: el alza del diésel, el fenómeno de El Niño y los efectos acumulados de la sequía y el cambio climático.
El trabajo, acompañado por una plataforma interactiva que evalúa la vulnerabilidad de los 79 productos que integran la canasta básica oficial, concluye que la mayor amenaza no recae sobre bienes prescindibles, sino sobre alimentos cotidianos que forman parte de la dieta habitual de millones de hogares.
El índice construido identifica una vulnerabilidad promedio alta y ubica entre los productos más expuestos al pan corriente, las papas de guarda, los aceites vegetales, la carne de vacuno, el arroz, el pollo, el jurel en conserva, la leche, los huevos y las paltas, precisamente algunos de los alimentos con mayor presencia en el consumo diario.
La tesis central del estudio es que estos productos enfrentan riesgos simultáneos:
- El aumento del precio del diésel encarece el transporte desde los centros de producción hasta los mercados urbanos;
- El Niño amenaza la productividad agrícola y la disponibilidad de recursos pesqueros;
- y la sequía estructural eleva sostenidamente los costos de producción.
Como resume el propio autor: “La tormenta perfecta no es una metáfora. Es una secuencia de hechos en curso, con nombres técnicos, fechas precisas y organismos públicos que los documentan mes a mes”.
En el caso del pan, el análisis sostiene que toda la cadena depende del transporte terrestre y de costos energéticos que terminan trasladándose al consumidor.
Las papas, producidas principalmente en el sur del país, requieren largas cadenas logísticas y además podrían verse afectadas por alteraciones climáticas en las zonas de cultivo.
La carne de vacuno enfrenta mayores costos de transporte refrigerado, mientras que el arroz y los aceites vegetales son sensibles a variaciones en los mercados internacionales y a los costos de distribución.
Especial preocupación genera el jurel en conserva, considerado una de las proteínas más accesibles para los hogares de menores ingresos.
Según el documento, el calentamiento del océano asociado a El Niño puede modificar la distribución de especies marinas y elevar los costos de captura. En paralelo, productos como huevos, leche y pollo también aparecen entre los de mayor exposición debido a la combinación de mayores costos de alimentación animal, energía y transporte.
El trabajo sostiene que el incremento del combustible ya está repercutiendo en la economía alimentaria. En una de sus conclusiones más categóricas afirma que el aumento del diésel “fue un encarecimiento transversal, inmediato y sin gradualidad de toda la cadena de producción, distribución y refrigeración de los alimentos básicos de Chile”.
Pero el combustible es solo una parte de la historia. Díaz advierte que “debajo del bencinazo y debajo de El Niño hay un tercer factor que no viene en oleadas ni en declaraciones oficiales: viene despacio, todos los años, desde hace décadas”, en referencia a la megasequía que afecta al país y que, a su juicio, constituye el piso estructural sobre el cual se montan las demás presiones de costos.
Uno de los mensajes más relevantes del análisis es que la vulnerabilidad se concentra precisamente en los alimentos de mayor incidencia en el presupuesto familiar.
“No es una lista de commodities. Es el menú semanal de millones de hogares chilenos”, señala el documento al presentar el ranking de productos con mayor impacto potencial sobre la canasta.
Desde una perspectiva económica, el efecto puede ir más allá del supermercado. La Canasta Básica de Alimentos sirve de referencia para calcular las líneas oficiales de pobreza, por lo que un incremento sostenido de sus componentes esenciales repercute directamente sobre el costo de vida y sobre el número de hogares que podrían quedar bajo ese umbral.
El análisis no proyecta un porcentaje específico de inflación futura, pero sí plantea que existe una acumulación de riesgos que amerita atención temprana de las autoridades.
Su conclusión resume esa advertencia en una frase que apunta más al presente que al futuro: “Ese no es el escenario de lo que podría pasar. Es el punto de partida de lo que viene”.