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Felipe Bianchi apunta contra dirigentes por el mal momento de "La Roja" de Borghi

por 18 octubre, 2012

Felipe Bianchi apunta contra dirigentes por el mal momento de
"El negocio del siglo" se llama la columna del comentarista deportivo que fue publicada este jueves en El Mercurio y que plantea que da lo mismo que el técnico renuncie o no a su cargo, ya que el proceso seguirá en manos de quienes "han demostrado ser los menos indicados para entender este tipo de fenómenos". Lea aquí la opinión de Bianchi:
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Partamos por los datos objetivos. Uno: Chile está sexto en la tabla y, hoy, eliminado. Y ojo que debiera estar séptimo si estuviera Brasil, que no corre en esta ocasión. Dos: Chile ha cumplido un proceso mediocre en estos casi dos años. Lleno de indisciplinas dentro y fuera de la cancha, con altibajos, abulia, confusión, tozudez y menos trabajo del exigible (¿dónde está el recambio?, ¿ha surgido algún jugador nuevo en una defensa que se sabía que teníamos que renovar?, ¿algún goleador distinto a Suazo?).

Sin una línea de juego definida, el equipo ha sido un verdadero tobogán. Dependiendo demasiado de individualidades que tampoco alcanzan su mejor rendimiento cuando llegan a Santiago. Qué mejor ejemplo del tobogán que esta misma semana: ¿somos lo que se vio ante Ecuador o lo que se vio ante Argentina? Misterio. Tres: existe, por ende, el riesgo real de quedar afuera del segundo mundial más cercano a nuestras tierras después del Argentina 78 (que sólo vimos por televisión, aunque fuese por primera vez a todo color).

Mientras tanto, la ANFP está confundida, mezcla de dirigentes permisivos, ausentes o agazapados en las sombras. Ni siquiera han hecho lo más urgente y prometido de su campaña: separar la Federación de la ANFP para proteger a la Roja. ¿Se les olvidó?

Hagamos memoria, entonces. La ignorancia, la avaricia, la falta de criterio, hizo que un grupo de dirigentes que hoy están en la U, en Colo Colo, en la UC, en Ñublense, en Everton, en Santiago Morning, en Unión Española y en Wanderers, entre otros, interrumpiera hace dos años un proceso exitosísimo para arriesgar todo lo avanzado.

El resultado de esa torpeza mayúscula -que agregó la cobardía de poner a cargo a un grupo de principiantes- es que hoy el fútbol chileno, la selección, los técnicos, los jugadores, los clubes, la industria, todo, vale menos. En términos deportivos, de imagen, anímicos (ya ni siquiera llenamos el estadio cuando juega Chile) y económicos (pregúnteles a los auspiciadores si están contentos).

¿El negocio del siglo? Sí, claro. Eso fue. Brillante. Pero en su estulticia, en su despropósito, en su payasada. Si la intención era mejorar algo (tener más plata, más poder o lo que fuera), la "gracia" les salió al revés.

Por eso, y vamos ahora a lo subjetivo, es que no me preocupa -como a muchos- si sigue o no sigue a cargo Borghi ante las urgencias del momento. Se puede ir el técnico, pero el problema de fondo seguirá vigente. Los adalides de la indignidad (hoy convenientemente ocultos en sus oficinas o en sus cargos de gobierno) les dieron un sombrero con muchas cintas a quienes no tenían cabeza. O trayectoria, para no ser tan duros.

Creyeron y dijeron tantas torpezas juntas ("la selección juega sola", "Bielsa no hizo ni dejó nada", "hemos traído al mejor DT del mundo") que empujaron a Borghi a una pelea absurda con más de medio país con ese concepto que ya pasó a la historia por su falta de criterio: la tonterita, entre resentida y envidiosa, de las "viudas".

Llegaron diciendo que eran mejores (¿dónde escuché esos antes?). Y eran peores. Estamos peor. Destrozaron algo que parecía irrompible. Y nadie ha tenido, hasta aquí, la dignidad de pagar la factura. De asumir el estropicio. Si termina pagándola sólo Borghi, sería escandaloso. Más ahora, cuando el técnico al parecer entendió que por el camino futbolístico que había elegido no existía la salida. Justo ahora cuando, renegando de todos sus principios, frente a Argentina vimos al mejor Chile de los últimos dos años. Protagonista, con mucha movilidad, con línea de cuatro, con pressing constante, a ratos con tres en punta, con el uso permanente de las dos bandas, con Sánchez más cargado a su puesto lógico: de puntero y no libre y perdido. Un Chile que prometió nuevas cosas para el año que viene.

No se trata de triunfos morales: habría que ser muy miope o mala clase para no reconocerlo: aunque esta vez haya perdido, si Chile vuelve a jugar así tiene mucha opción de clasificar. Un Chile con otro mapa táctico, en buenas cuentas. Porque lo de la noche del martes no fue sólo un cambio de motivación, de ánimo y de entrega. Fue un cambio total de paradigma futbolístico. ¿Permanente? ¿Momentáneo? Eso es lo que nadie sabe. ¿Qué motivó ese cambio? ¿El técnico? ¿Los propios jugadores? ¿Tiene sentido que Borghi, para seguir en el cargo, deje de ser Borghi?, ¿que traicione su estilo? ¿Puede cambiar el ser humano? Ah, viejo misterio. Y asunto de fondo. El drama es que, hasta aquí, la resolución sigue estando en manos de quienes han demostrado ser los menos indicados para entender este tipo de fenómenos.

* Columna publicada en El Mercurio

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