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Carlos Peña sobre silencio de Bachelet: «Podrá ser una estrategia, pero no es conveniente para la institucionalidad»

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En entrevista con Radio Duna, el abogado comentó el cierre de la Universidad del Mar decretada por el Consejo Nacional de Educación (CNED) a solicitud del Ministerio de Educación y se refirió a la “estrategia” de la ex Presidenta de la República señalando que su «silencio» se está haciendo «insoportable».


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El rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, criticó la estrategia del silencio de la ex Presidenta Michelle Bachelet, señalando que tiene el deber público de hablar. En entrevista con Radio Duna, el abogado sostuvo que «el silencio» de la actual directora de ONU Mujeres «se está haciendo insoportable».

«Una persona que tiene la figuración pública que ella tiene y en quien tanta gente deposita tantas expectativas, tiene el deber público de hablar. Me parece que guardar silencio en esas condiciones linda con el abandono de los deberes públicos que uno espera de una persona con su poder e influencia. Podrá ser estrategia guardar silencio para sus propios intereses, pero desde el punto de vista público no es razonable», agregó.

En ese sentido, hizo hincapié en que «el gran peligro que tiene este silencio -sostenible durante tan largo tiempo- es que todos van a transferir sus deseos y expectativas, y el nivel de frustración puede ser muy alto».

«No es conveniente guardar silencio por un tema institucional. ¿Qué país es éste que está en ascuas del silencio de una persona?, acaso la democracia no tiene que ver con el diálogo o con hacer público los propios objetivos, con discutir las razones. ¿Desde cuándo la democracia se hace de silencios?», preguntó Peña.

Consultado por el cierre de la Universidad del Mar decretada por el Consejo Nacional de Educación (CNED) a solicitud del Ministerio de Educación, el rector de la UDP aseguró que este caso «es el punto final provisorio de un proceso que era bastante evidente».

«La verdad es que si uno mira hacia atrás lo que debe preguntarse es cómo no lo advertimos, cómo no fuimos capaces de darnos cuenta que en un sistema universitario, me refiero al creado después de 1981, virtualmente carente de reglas y sin organismos que fiscalizaran las mínimas y casi inexistentes reglas existentes podía ocurrir una cuestión distinta a ésta», reflexionó.

«Es decir, un sistema universitario de mercado entregado a la elección de los estudiantes con fuertes asimetrías de información entre las universidades y los demandantes de educación superior, con subsidios a la demanda y carente de todo control, tanto a lo que respecta a la forma de gobierno de las universidades como a los niveles de transparencia o rendición de cuentas que estaban obligadas, sin reglas de conflicto de interés, en realidad lo sorprendente es cómo nadie advirtió que esto inevitablemente iba a ocurrir. Si ocurrió una crisis financiera tremenda por qué no iba a ocurrir en la educación superior», indicó.

«Lo que ha ocurrido con la Universidad del Mar, lo peor que pudiéramos hacer especialmente a los que se dedican a los medios de comunicación es tratar este asunto como un asunto delictual, que es lo que ha ocurrido con Eugenio Díaz. Pero hacer de esto un asunto de crónica roja, una cuestión delictual, es un error. Hay corrupción sin ninguna duda, es la vieja naturaleza humana. Las instituciones tienen que ser diseñadas para que funcionen bien sobre la base de que los seres humanos si se les da la oportunidad son capaces de pervertirse», reparó Peña.

Haciendo una crítica más profunda del sistema de Educación Superior, Peña dijo que «lo que hay detrás de todo esto y de alguna manera todos hemos sido participe de este asunto: es una especie de ceguera ideológica. La verdad es que durante mucho tiempo en Chile fue hegemónica una cierta manera de mirar la realidad social consistente en creer que bastaba atizar el ánimo competitivo de la gente o el ánimo emprendedor para que el bienestar llegara casi por milagro. Y pensamos que las políticas públicas y los buenos diseños institucionales consistían en alentar el ánimo emprendedor y competitivo de las personas para que por arte de magia se produjeran soluciones que se ajustaran casi naturalmente con el bienestar social (…) no es que la iniciativa privada sea maligna o no provenga de bienes públicos, lo que estoy diciendo es que el mercado es de los fenómenos más institucionales que existen. Hay un mercado que funciona bien en reglas firmas. La literatura más ardiente defensora del mercado dice que ‘los mercados no son carentes de reglas, son fenómenos institucionales’. Y esa sencilla verdad desgraciadamente en Chile se olvidó. Todo obnubilado por el aparente bienestar. Cegados ante el hecho de que el 70% de quienes estaban en la educación superior era de primera generación».

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