Paulsen y Navarrete analizan reformas de Bachelet: Hay que dar «pasos para sacar al Titanic del curso del iceberg»
«Todo comienza en lo trascendental: ¿son estas las reformas imperativas para alterar la inequidad de lo ‘normal’ en el mediano y largo plazo? Si la respuesta es positiva, como lo sabe el gobierno y como lo votó la ciudadanía, entonces no hay excusas para que lo más significativo se enrede en errores y desprolijidades que amenacen su viabilidad», sostienen.
El periodista Fernando Paulsen junto al abogado Jorge Navarrete analizan, en un columna titulada «País contrafactual«, las reformas impulsadas por el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet. Las reflexiones fueron difundidas a través de un documento subido a Dropbox.
A continuación la transcripción completa del texto:
“Es de lo que se habla en todo foro mundial. Jamás se había visto cosa igual. Expertos de todas las latitudes viajan a ese país sudamericano, para entender qué provocó la revolución política más extraordinaria, con los índices instantáneos de calidad de políticas públicas, como jamás se verificó en una democracia moderna.
“Todo partió con una campaña de primarias presidenciales, donde la candidata favorita planteaba reformar a fondo los principales pilares del sistema político, económico, constitucional y educacional de su país. Ganó por paliza y siguió insistiendo en lo mismo al competir ahora, no con los candidatos de su coalición, sino con sus opositores de verdad, sus adversarios.
“Volvió a ganar, también con números inéditos, arrastrando mayorías en las dos cámaras del Congreso. Insistió en las mismas reformas profundas que había hablado en primarias y la campaña presidencial. Juró el 11 de marzo y, a partir de ese exacto momento de inauguración, comenzó a suceder lo increíble, que tiene al mundo en shock y a los predictores de escenarios futuros en bancarrota.
“Todo partió con el gabinete. La Oposición lo calificó como ‘la reunión de personas más competentes y aptas de que exista memoria en la historia nacional’. ‘Extraordinario, dijo el presidente de Renovación Nacional, una mixtura de criollismo y enseñanza foránea bien distribuida, que rompe la odiosa tendencia a poner amigos, compañeros de universidad, o ex socios comerciales en sitios de autoridad gubernamental’. El presidente de la UDI fue aún más lejos: ‘Valió la pena perder, para ver tanto talento en disposición de ayudar al país’.
“Examinando la conformación de ese gabinete, un informe de la Intelligence Unit de la revista británica The Economist, sugirió que todos las naciones debieran ir a ese país sudamericano, a fin de aprender el modelo de gestión de recursos humanos para conformar un equipo que no tuvo ni un sólo conflicto de interés de autoridad alguna, que satisfizo a todos los partidos de la coalición, llenándose los cargos en menos de una semana y echando a andar de inmediato la pesada burocracia gubernamental. Se resaltó que gran parte de esta unanimidad estaba dada por la enorme transparencia del nuevo gobierno para conversar con los partidos de su coalición cada nombramiento, creando un ambiente de horizontalidad apreciado por todos, incluso por la Oposición, que agradeció que se les informara de los nombres del gabinete personalmente por la Presidenta tres días antes de su juramento, sin que se filtrara nombre alguno.
“Si se necesitaba de algo para confirmar que lo que ocurría en ese país frío era insólito, ello vino con el anuncio del bono de marzo permanente. El Instituto Libertad y Desarrollo fue el primero en saludar la iniciativa, señalando que valoraba se abandonara la tramitación de este tipo de bonos año a año, con la consiguiente utilización política de aquél por los gobiernos de turno. Advirtió, eso sí, que mantendría un equipo de monitoreo del impacto de este bono permanente, ofreciendo a la ministra de Desarrollo Social acceso previo al comunicado final, para evitar que sesgos legítimos del centro de estudios pudieran contaminar el informe.
“El primer grupo de expertos en ciencia política del extranjero llegó una semana después de presentado el proyecto de Reforma Tributaria. Se conformó con académicos, ex presidentes de bancos centrales y ministerios de hacienda de la OCDE. Fueron recibidos en el palacio de gobierno por la Presidenta, sus ministros económicos y una delegación escogida de ex ministros de Hacienda desde 1982 hasta el recién salido. Según contó El Mercurio, hubo que hacer réplicas del proyecto de Reforma Tributaria, porque los visitantes lo pidieron, insistiendo que fueran autografiados por todos los ministros y ex ministros presentes. La selfie de la ocasión fue una semana trending topic en Twitter. La Reforma Educacional vino después. Lo mismo. Parabienes por doquier. El senador Juan Antonio Coloma, en una intervención histórica en la Cámara Alta, donde se emocionó hasta las lágrimas, manifestó que ‘nos han convencido que el país no puede seguir en esta espiral de desigualdad escolar y universitaria. No se trata sólo de proyectos y leyes, hay detrás una visión de país inclusivo, que compartimos ampliamente en la Oposición y que, si antaño tuvimos dudas de si atentaba contra la naturaleza humana y económica, ahora estamos convencidos que sólo eliminando el lucro, el copago y la selección entraremos en la vereda definitiva de un nuevo proceso de desarrollo integral’. Como todos en la coalición de gobierno habían compartido el detalle de los proyectos con anterioridad y como la ponderación y talento comunicativo del ministro habían hecho innecesario acudir a herramientas más intrusivas de interrogatorio a la autoridad, el gobierno presentó un frente unido, coherente, donde hasta quienes entre los partidos de gobierno lucraban en la educación o cuando habían sido ministros no habían hecho mucho para cambiar las cosas, ahora estrecharon las manos en épica ceremonia de aggiornamento perpetuo. El selfie del momento fue dos semanas trending topic en Twitter.
“La primera Marcha de Ratificación Nacional fue organizada por el movimiento estudiantil, la CUT, la SOFOFA, 15 Asambleas Regionales, excluyéndose la Cones porque preferían asistir ese día a la Jornada de Remodelación Voluntaria de ex liceos en toma. Un momento de tensión se vivió cuando los diputados José Manuel Edwards (RN) y Jaime Bellolio (UDI) mencionaron en una intervención conjunta en el hemiciclo que se preveían ‘grandes momentos para el país, donde todas las autoridades estaban interpeladas a dar lo mejor de sí’. Los jefes de bancada de la UDI y RN pidieron apresuradamente disculpas, recordándoles a los diputados que la idea de interpelación había sido erradicada del vocabulario político de la Oposición y que lo dicho por Edwards y Bellolio era sólo una metáfora.
“La revista Time, por primera vez en su historia, anunció que creará la portada con ‘El país del año’. Diez horas después del anuncio, el país sudamericano había recibido más de 100 millones de menciones, 99 millones más que el reino de Bután y sus altos índices de Felicidad Nacional Bruta, conocida en inglés como GHP (Gross Happiness Product). El pensamiento contrafactual es un tipo de falacia lógica que se coloca hipotéticamente en un escenario alternativo a lo que realmente ocurrió, preguntándose ¿qué hubiera pasado si las cosas hubieran sido distintas? Es extraordinariamente popular, aunque no se sepa su nombre técnico. Si vamos perdiendo 2 a 0 y la afición pide a gritos al goleador postergado por el DT, hasta que el entrenador cede, 5 minutos antes del término del partido, y el goleador ingresa y hace un gol de inmediato, surge de inmediato el pensamiento lineal del contrafactual: ‘¡Si lo hubiera puesto de entrada habríamos ganado por goleada!’. O cuando pensamos que se habría evitado el accidente si hubiéramos salido a tiempo y no apurados a la reunión. En política está permanente en primera línea cuando se piensa cómo habría reaccionado un ex líder fallecido ante lo que está pasando.
“No son pocos los que aseguran que habría hecho todo lo contrario, o que habría apoyado lo que se hace. Lo único que realmente sabemos es que no se sabe qué hubiera pensado o hecho.
“El cantante español Paco Ibáñez, hace varios años, musicalizó magistralmente un poema de José Agustín Goytisolo, que podría ser una oda al pensamiento contrafactual:
Érase una vez
un lobito bueno,
al que maltrataban
todos los corderos.
Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
Todas estas cosas
había una vez,
cuando yo soñaba
un mundo al revés.
“El problema es que el pensamiento contrafactual se puede soñar, pero no se puede vivir. Chile no sólo es como es, también es un poco en lo que se está convirtiendo. Con realidades que se valoran distinto a cómo se apreciaban hasta hace muy poco tiempo. Impactado, como todo el mundo, por el vertiginoso desarrollo de las comunicaciones personales de la tecnología digital; por los temas que afectan al planeta en materia de medio ambiente, inmigración, distribución de los ingresos nacionales, fragilidad de confianza en la representación política tradicional, incentivos profundos para proponer sólo al corto plazo, y por la concepción de un nuevo tipo de ciudadano al que llamamos víctima y que abarca todo tipo de áreas en varios sistemas: económico, político, educacional, familiar, militar, orientación sexual, cultural e histórico.
“Somos como somos, también en lo que vamos convirtiéndonos y en cómo nos mentimos a nosotros mismos. Porque algunas de estas mentiras se terminan creyendo. Y se difunden cada vez más como si fueran verdad -hasta que tiempo más, tiempo menos- si la mentira es sobre un hecho ésta pasa a ser evidencia citable, sin verificación, ni rectificación si se descubre. Y si la mentira es estadística o es sistema, después de un tiempo pasa a ser el escenario de lo ‘normal’, lo que cabe porque siempre se ha hecho así, llegando en las religiones esas mentiras a considerarse verdades naturales.
“Hay una tremenda alarma, en varias facetas legítima, por el nivel de desorden de tanta reforma de fondo presentada por el actual gobierno. Voces advierten, asustadas, que estos niveles de discrepancia atentan contra el programa de gobierno, o amenazan la vida familiar de los chilenos, su propiedad, su futuro sobre la base de especulaciones estadísticas de amplia difusión, donde prolifera una visión de caos, que más temprano que tarde se comparará con otras situaciones históricas que se dirá son similares a esta.
“Pero, perdón, ¿cómo se creía que podía ser cuando el gobierno que llega a La Moneda propone cambios de raíz en cuatro de los más importantes pilares del sistema que se nos ha hecho ‘normal’ en los últimos 40 años? ¿O cuando quienes los proponen, la Nueva Mayoría, está compuesta por una historia de personas que conocemos, que tienen altos y bajos como todos, y que salvo la Presidenta –que tiene imagen personal de confianza intraspasable a su gabinete, su coalición y sus parlamentarios– son parte de un establishment político falible, que nunca ha enfrentado simultáneamente una tarea como la que se dispone a llevar a cabo? ¿O cuando existe la oposición que existe, aliada eterna de medios escritos de circulación nacional y empresarios de influencia nacional, sus políticos y partidos permanentemente canibalizándose, lo que es muy dañino para un gobierno propio –como lo constató el ex Presidente Piñera– pero mucho más capaz de hacer daño donde debe hacerlo cuando se es oposición?
“¿Alguien imaginaba que tanto titular de progreso y desarrollo, los últimos cuatro años, y de noticias sobre utilidades crecientes cada trimestre de bancos, AFPs, isapres, retail, supermercados, mineras o forestales durante los últimos 24 años podrían entender los cambios propuestos de otra manera sino sólo como un atentado a ese ‘normal’, que los llevaba año a año a ensimismarse y a hacer equivalente su éxito al éxito de todos? Lo que sorprende es la sorpresa. Primero de la coalición de gobierno, que fue formada como se sabe que la Presidenta elige sus gabinetes: con criterios de valoración personal, más que de apreciación política. El presidente Piñera hizo lo mismo, pero antes que lo personal su criterio es más bien de ortodoxia técnico-económica (a varios ministros ni los conocía), y el ataque que tuvo desde el primer día por esto, desde su propia coalición y opositores, fue ininterrumpido en su gobierno. ¿Se pensaba que el gabinete de la Presidenta Bachelet, sabiéndose sus criterios de selección, iba a estar protegido por un aura especial, derivado de la imagen de la Primera Mandataria? Pero si no ocurrió ni en su primer gobierno, cuando la profundidad de las reformas y leyes propuestas no lograban sacar ni un sarpullido en la epidermis de lo ‘normal’.
“Cuatro años más tarde, el país sudamericano ya no es el mismo. La tolerancia para aceptar los ensayos y errores es menor. La Oposición ha vuelto a encontrarse con sus aliados mediáticos y empresariales, una vez más, alineados y sincronizados, no como ocurrió en el gobierno propio. Y frente a esta realidad, la nueva administración presenta un set de cambios inéditos en su profundidad, ideológicos en su visión de país –oponiéndose a la cultura política dominante de lo ‘normal’– y con el rol mediatizador de la clase política en el menor nivel de aceptación de su historia, sustituyéndose ese papel por la ciudadanía informada y movilizada por su propio pie, independiente de por quien votaron o no quisieron votar.
“Entonces, en este somero contexto reseñado, cómo podría a alguien ocurrírsele que habría un escenario contrafactual que haría que las cosas fueran más suaves, menos traumáticas o cuestionadas a través de todas las instancias posibles, desde la inseguridad del frente interno, la interpelación frecuente hasta el Tribunal Constitucional permanente.
“Hacer cambios de fondo en democracia es, por esta misma realidad compleja y vasta, extraordinariamente difícil. No hay paralelo con lo posible de hacer en dictaduras, donde leyes se pasan y reglas del juego se alteran, de un día para otro, sin más discusión pública que las que se desarrollan en clubes de campo y oficinas de gobierno; y sin más comunicación a la ciudadanía que un simple dictamen y un garrote inmediato a quien proponga algo distinto.
“El programa de Michelle Bachelet es propuesto en democracia, por lo que –por definición– deben esperarse no sólo señales en las direcciones propuestas, sino especialmente mucho ruido por el camino que se inicia.
“Ruido de escenarios del terror, donde todo lo que usted apreciaba como seguro, se lo ponen en duda, sin que usted tenga elementos propios de verificación. Ruidos de voces cacofónicas dentro del gobierno y el parlamento, por el cúmulo de egos que se disputan la entrevista, la última palabra, la salida que ellos creen muy graciosa y que objetivamente daña. Ruidos de oportunos, que ven en el desorden y titubeo la opción de avanzar el camino propio, fijar desde ya la posibilidad parlamentaria o presidencial, o transformar al partido en la niña linda a cortejar después de tanto tiempo sin galán.
“Este escenario realista era el más obvio de profetizar, con tan sólo proponer cambiar la reglas del juego. La inercia de un sistema considerado ‘normal’ es un poder físico descomunal, que tiende a mantenerse como está, salvo que otra fuerza sea capaz de cambiar su trayectoria y movimiento. En las democracias, esas otras fuerzas son las mayorías y las voluntades políticas, actuando juntas. Una mayoría permite tener un mandato de cambio, pero sólo si existe también voluntad política de usarla por un fin que se cree beneficioso para el país e impostergable. Para que esa convicción de materializar las mayorías funcione, parece obvio, pero la pega tiene que ser bien hecha. Esto no significa que todo sea a la primera o que no haya numerosos cambios a los proyectos presentados. No, esto comprende tener una mínima conciencia de lo que está en juego -transformaciones consideradas fundamentales e impostergables- por lo que debe haber especial cuidado en lo que atenta contra la confección de lo nuevo: gustitos retóricos inútiles; falta de diálogo relevante (no cualquier diálogo); no coordinar lo evidentemente organizable; arrogancia de vocear mayorías antes de consensuar contenidos polémicos; minimización de problemas que son problemas, como parchar ruidos internos con nombramientos de última hora; pensar economicistamente (cuando corresponde hacerlo políticamente, en el objetivo superior del beneficio final del cambio), lo que lleva a mostrar
múltiples asteriscos en lo propuesto, sin saber si tanta excepción hará o no alguna diferencia.
“Un capítulo aparte de nuestra reflexión tiene que ver con el error. Nos referimos al error humano de equivocarse en la medida propuesta –no en el objetivo final–, de darse cuenta de ello y de tomar una decisión al respecto. Aquí es necesario hacer una aseveración jugada. No creemos estar tan equivocados: no hay fuerza mental más poderosa que la autojustificación. Esa vocecita que, primero, desconoce la existencia del error y que, luego de evidencia inobjetable, acepta que hubo equivocaciones, pero otros las cometieron.
“Tenemos en nuestra historia la suficiente cantidad de errores –periodísticos, políticos y personales– para entender lo que la literatura especializada dice respecto de la autojustificación. Apenas se detecta una falta propia se gatilla una serie de fluidos en nuestro cuerpo destinados a buscar en primera instancia ignorar el error y, si no es posible, minimizarlo. Pedir perdón, salvo en excepciones muy virtuosas, no es la primera opción de la tabla. Antes que eso viene la aceptación de que pudo haber fallas, pero no fueron cometidas por uno, sino por la burocracia, el sistema, un ahora ex funcionario, la falta de diálogo (donde no se atribuye responsabilidad individual), estadísticas y estudios insuficientes, y un largo etcétera. Dicho de otra manera, nuestro primer instinto es a capitalizar los aciertos y socializar la equivocación.
“La corrección de errores en mandatos políticos de amplia mayoría no justifica que se escondan o dilaten, porque precisamente la característica principal de los gobiernos de amplia legitimidad de origen es que no están en juego vital inmediato, ni tampoco su imagen o buena fe. Por eso pueden haber errores en varios nombramientos de autoridades al principio, cambiarlos, y no afectarse demasiado la expectativa de la gente en el gobierno.
“Pero cuando éstos tienen que ver con lo fundamental del programa de gobierno, con lo impostergable y más profundo, donde reales intereses de sectores muy poderosos del país serán inevitablemente afectados, los errores que no se asumen pronto pasan a constituir el esqueleto de la personalidad del nuevo gobierno, que siempre será descubierto por la ciudadanía. Las promesas de campaña, el programa, son una parte de esa personalidad. Y bastaron para que la gente se ilusionara y votara abrumadoramente a favor de ese gobierno. Pero luego la gente, también inevitablemente, cruza la promesa con performance, y de esa relación se saca la imagen definitiva del gobierno.
“Cuando en el proceso de las áreas supuestamente más estudiadas y más de fondo, impostergables y profundas –la razón de ser de haber vuelto al gobierno– se producen errores que se dilatan en su reconocimiento o se justifican con torpeza, esas acciones golpean directamente las expectativas del grupo que pretenden beneficiar. Esto es grave, porque la gente no cambia de idea respecto de la necesidad de esos cambios. No va a traspasar sus votos a la oposición de derecha para que sea ella la que haga la educación menos selectiva, gratuita y de calidad, que es lo que se quiere. No, la violación de expectativas crea dos sentimientos profundamente nefastos en un país tremendamente desigual: resignación y radicalización. Los primeros creen que no hay nada que hacer y se somete a la rutina de lo ‘normal’ de siempre. Los segundos creen que sólo tendrá éxito lo que se haga fuera de una institucionalidad incapaz. En un país pletórico de signos de exclusión, discriminación y abusos, la resignación y la radicalización tienden a crecer rápidamente. Tan ágilmente como disminuye la adhesión a sistemas de representación política democrática, que en un contexto de voto voluntario puede ser la mejor receta para que, en poco tiempo, se exijan resultados independientemente de quien los provea y de qué sistema de gobierno se trate. Antesala de populismos de derecha e izquierda y pérdida voluntaria de libertad civil, en aras de mayor seguridad.
“¿Estamos dramatizando a partir de un par de traspiés en las reformas educacional y tributaria? Por cierto que es exagerada la visión lineal que hemos manifestado. Sólo queremos enfatizar dónde se genera el primer movimiento en la violación de las expectativas, que puede dar lugar a sentimientos de resignación con apatía y agudización de la violencia. Y ese movimiento parte cuando un gobierno tremendamente popular en su génesis y dotado de amplísima mayoría para llevar a cabo lo que considera imprescindible para poner al país en un camino de mayor justicia social, se las arregla para que, por obra de sus propios errores al iniciar los proyectos trascendentes, lleve las expectativas de la gente sobre los cambios que ellos solicitan, que les ofrecieron y han apoyado, hacia la visión que se volverán a hacer las cosas en la medida de lo posible. Nada más cercano al eufemismo ‘progre’ para denominar lo ‘normal’ o, parafraseando a Los Prisioneros, una mierda de cambios buena onda.
“¿Hay conciencia de que las reformas que se han planteado son las que el país quiere y necesita? ¿Se tiene la certeza de que esas reformas afectarán sensiblemente al statu quo de mayor riqueza del país y de la oposición política y mediática, teniendo ellos la legítima opción de usar las herramientas que disponen para hacer que la población tema a esas transformaciones; que si no son bien formulados o explicados, o trastrabillan en frases supuestamente creativas, luego serán retórica de explicaciones defensivas, con obvio costo para el mismo gobierno? Bueno, si la respuesta es positiva a ambas preguntas, la primera convicción que debiera tenerse es que hay que afirmarse porque vamos a galopar. No va a existir un país contrafactual, donde la oposición le de a sus adversarios el derecho a la duda razonable, o el apoyo en aquello donde se afectan sus ingresos, sus símbolos ideológicos y la enorme prosperidad que desigualmente este país ha creado en más de 30 años.
“En ese escenario, convencidos que se tocarán intereses que se van a defender por todos los medios de la persuasión masiva y la política, aplicar las mayorías sobre proyectos ampliamente considerados por los gobernantes como bien fundados no es pasar una aplanadora. Sí lo es si, por protegerse del reconocimiento a tiempo del error evidente o la falta de consideración para aceptar argumentos divergentes, pero demostrables y sensatos, se usa a esa mayoría como una tapadera de la propia incompetencia. Hacer bullying parlamentario para esconder impericias de las reformas más importantes, las que no pueden postergarse, linda en lo imperdonable.
“Todo comienza en lo trascendental: ¿son estas las reformas imperativas para alterar la inequidad de lo ‘normal’ en el mediano y largo plazo? Si la respuesta es positiva, como lo sabe el gobierno y como lo votó la ciudadanía, entonces no hay excusas para que lo más significativo se enrede en errores y desprolijidades que amenacen su viabilidad.
“La gente evalúa la perfomance y ajusta según ello sus expectativas e ilusiones. La oposición está ahí para oponerse, no para convertirse en una caricatura contrafactual, que valora de manera espléndida todo lo que haga el gobierno.
“Si esto se sabe y se espera, entonces se deben ajustar sin demora los motores del cambio y consensuar al interior de la Nueva Mayoría una épica de segundos pasos sólidos e imprescindibles (los primeros fueron titubeantes y desprolijos), para sacar al Titanic del curso del iceberg».