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El perfil quitado de bulla del ministro del Interior y sus redes políticas

Burgos chico bueno

por 28 mayo, 2015

Burgos chico bueno
Pese a ser poco dado a la vida social, no pierde instancia donde compartir análisis e información. Fue parte del grupo München en los 90, de las tertulias de Óscar Guillermo Garretón durante el Gobierno de Piñera, del comité editorial de La Tercera hasta asumir como titular de Defensa. El cuarto ministro del Interior DC de Michelle Bachelet apoyó a Gabriel Valdés y denunció el Carmengate, pero logró entrar al gobierno de Aylwin. Prefiere leer un libro a ir a una comida, sigue las carreras de caballos por Internet esté donde esté y se desvela por la U.
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Tres ministros del Interior democratacristianos rotaron durante el primer Gobierno de Michelle Bachelet. Andrés Zaldívar permaneció apenas cuatro meses y salió en medio de la revolución pingüina; Belisario Velasco, un año y medio, y presentó su renuncia porque Bachelet no lo escuchaba ni lo recibía cuando le pedía una reunión; Edmundo Pérez Yoma completó los últimos dos años y dos meses.

A raíz de esas experiencias, la DC optó por no presionar para que uno de los suyos ocupara la cartera de Interior en su segundo mandato, y que lo hiciera un cercano a la línea política de la Mandataria.

Pero la doble caída del PPD Rodrigo Peñailillo –considerado su hijo político, quien se vio salpicado por las boletas que entregó a Asesorías y Negocios, la sociedad del recaudador de campaña Giorgio Martelli, y por el mal manejo del Caso Caval– hizo que Bachelet recurriera a un democratacristiano que ya era ministro de Defensa, con relaciones transversales dentro de su partido, dispuesto a cumplir el programa de reformas, a las que prefiere llamar pendientes, para lograr igualdad de oportunidades, y respetado por la derecha por su perfil moderado y dialogante.

Su nombramiento estuvo influido por la recomendación de Carlos Mackenney, miembro del Consejo de Defensa del Estado, y el DC más cercano a Bachelet. Mackenney forma parte del pequeño grupo de amigos de Burgos desde la época que estudiaron Derecho en la Universidad de Chile.

En un partido con guatones y chascones, Burgos se identifica con la facción de los “príncipes”, como se conoce al grupo liderado por el senador Ignacio Walker, quien iba un año más arriba que el ministro del Interior en la carrera de Derecho, y que integran además Mariana Aylwin, Alberto Undurraga, Claudio Orrego y Clemente Pérez. Pero es bien mirado por Jorge Pizarro, de cuya situación Burgos dijo, al ser consultado por las boletas emitidas por los hijos del timonel DC a SQM, que “habría renunciado por estar destruido, porque no tengo la fortaleza que Jorge tiene”. Y es muy cercano al matrimonio Martínez-Alvear; fue el sucesor del cupo de la diputación en Providencia-Ñuñoa de Gutenberg Martínez cuando salió del Congreso y vicepresidente de la mesa que presidió Soledad Alvear, a quien apoyó en las primarias en las que compitió y luego terminó renunciando en favor de su contrincante Michelle Bachelet.

Alguna vez el abogado Darío Calderón, quien asesoraba a Julio Ponce Lerou, controlador de SQM a través de las sociedades cascadas, invitó a Burgos a una reunión con el empresario. Cuando llegaron a destino y le dijo que se trataba de Ponce Lerou, la respuesta de Burgos fue que se quedaría en el auto y que, si el empresario quería reunirse con él, lo hiciera por el conducto regular, que le pidiera una cita y lo visitara en su oficina del Congreso. Un hecho que ha contado Calderón a sus cercanos y que revela la forma de proceder de Burgos.

En su juventud fue seguidor de Gabriel Valdés. Fue, asimismo, uno de los que denunció las irregularidades en las primarias entre Valdés, Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle para definir el candidato que competiría contra Hernán Büchi el 89, lo que se conoció como Carmengate, porque la sede del partido estaba en Carmen 8. Burgos sorprendió a dos militantes adulterando los padrones en favor de Aylwin y renunció entonces a su cargo de subsecretario nacional de la DC.

En castigo, el Presidente electo no lo nombró en ningún ministerio, pero algunos amigos democratacristianos de su época universitaria, entre ellos Alejandra Krauss y su marido Andrés Donoso, propusieron su nombre a Enrique Krauss, el ministro del Interior y padre de Alejandra, quien lo designó como su jefe de gabinete, el puntapié inicial de una larga carrera política.

Sus amigos y sus dos amores

Hijo único de Jorge Burgos Ovalle y Liliana Varela, que votaban por la DC, creció en un hogar de clase media alta. Su padre era abogado y dueño de la revista Fallos del mes, que recogía la jurisprudencia de la Corte Suprema. Su madre era oriunda de La Serena e hija de un hombre de fortuna, Jorge Varela Cortés Monroy, dueño de fundos en la Cuarta Región que perdió en la crisis del año 30.

Burgos guarda cariño por la zona y en broma suele decir que políticamente se define como “serenense”. Y traducir esa acepción para referirse a personas muy versátiles, “directores de diarios, ministros del Interior, obreros calificados, tipos arruinados, martilleros”, como aseguró recientemente.

Estudió en el San Ignacio de El Bosque, donde matriculó a sus tres hijos, que nunca tomaron micro, porque viven al frente. Es muy amigo de los curas jesuitas Fernando Montes, Juan Díaz y Felipe Berríos, a quien se le puede ver almorzando un sábado en el departamento del ministro.

Hombre de afectos largos, sus amigos vienen de la época del colegio y la universidad y con su mujer Patricia Salas, jueza del Juzgado de Letras del Trabajo de San Miguel, llevan 39 años juntos. Eran compañeros de curso en Derecho, comenzaron a pololear en segundo año, se casaron en 1982, son padres de tres hijos –un abogado, otro que sigue los mismos pasos y el tercero que está en el colegio– y abuelos de una nieta.

Su estrecho círculo de amistades está integrado por Alejandro Quintana, socio del estudio Grasty Quintana Majlis, compañero en el San Ignacio y en la Universidad de Chile. Abogado corporativo, que adscribe a la derecha, participó en las privatizaciones de Colbún y Aguas Andinas, atiende a clientes extranjeros y chilenos, entre ellos Cecilia Karlezi, hija de María Luisa Solari, una de las socias de Falabella. Otros son Germán Gruzmacher, compañero de Derecho, y su primo Jorge Del Río Varela, diez años mayor. A ellos se los verá celebrando el cumpleaños del ministro, ocasión en la que nunca hay más de una decena de personas, incluidos su mujer e hijos.

Del mundo político, es cercano a José Miguel Insulza, ministro del Interior de Ricardo Lagos cuando Burgos era subsecretario de la cartera, con quien se reúne cada vez que viaja a Chile. Y en la Cámara, tenía muy buenas migas con el PPD Felipe Harboe y el PS Carlos Montes, ambos diputados que ahora son senadores, pero con los que no comparte la vida puertas adentro.

Con Harboe compartió en la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia. “Es muy riguroso y estudioso, fue uno de los grandes artífices de los proyectos pro transparencia, como la declaración de patrimonio y la regulación del lobby”, dice Harboe, quien compartía con Burgos la costumbre de regresar a Santiago después del trabajo parlamentario. También aprobaron junto a Marcelo Díaz, entonces diputado PS, hoy vocero, aumentar de 5 años y un día a 10 años la condena mínima para el delito de homicidio.

No se lo verá en las páginas de la Vida Social ni en grandes fiestas. Es un hombre de panoramas familiares y lector voraz. Jorge del Río asegura que su primo prefiere quedarse leyendo en la casa que ir a un cóctel o a una comida y que tiene tantos libros, que él dejó de comprar y le pide prestado.

Ambos comparten la afición hípica y son dueños del caballo Mano a Mano junto a Luis Risopatrón, un DC muy amigo de Andrés Zaldívar, y la sucesión de Luis Tillería, que ha ganado 20 carreras, y de Aníbal Troilo, en honor a un bandoneonista y director de orquesta de tango argentino, que recién comenzó a competir. Burgos sigue las carreras por Internet y cuando era ministro de Defensa se arrancaba sin escolta con su primo al Club Hípico y al Hipódromo a ver a su caballo correr.

La pata de un caballo –avaluada en $1 millón– fue incluida en su declaración de patrimonio como ministro de Defensa, así como cuadros de pintores sudamericanos por $25 millones; tres bienes raíces –dos en Santiago y uno en Puerto Velero, Tongoy– con un valor comercial total de $350 millones; un auto por $19 millones y cuotas de fondos mutuos en Euroamérica ($50 millones), CorpBanca ($14,5 millones) y Banco de Chile ($7,5 millones). El resto son saldos en cuentas corrientes, cuenta 2 de la AFP, crédito hipotecario por $45 millones y de consumo por $7,8 millones. En su declaración como ministro del Interior, sometida a la nueva normativa post-Caso Caval, también incluyó los bienes de su esposa.

Pero la U es su motivo de mayor desvelo. “Dicen que Jorge tiene dos amores: su mujer y la U”, comenta Edmundo Hermosilla, cercano al ministro desde que coincidieron como apoderados del San Ignacio. “Cuando la U bajó a segunda división, con Manuel Pellegrini, había un grupo que se reconocía como fanático. Íbamos a tribuna en invierno y no había más de 16 personas. Éramos Jorge Burgos, Carlos Ominami, José Miguel Insulza, Carlos Heller y yo”, agrega el ex ministro de Vivienda.

Grupo München, tertulias de Garretón, comité político de Josefa y comité editorial de La Tercera

Pese a ser un hombre poco dado a la vida social, Burgos no desaprovecha instancias donde compartir análisis, visiones e información.

En la década de los 90 fue uno de los miembros del grupo München, por el restaurante donde se reunían los jueves en la avenida El Bosque, para comentar la actualidad, comensales como Edmundo Pérez Yoma (DC), Osvaldo Puccio (PS), Carlos Figueroa (DC), José Miguel Insulza (PS), Mariano Fernández (DC), Edgardo Riveros (DC), Marcelo Schilling (PS), Gustavo Villalobos (PS) y Ricardo Núñez (PS).

En 2010, cuando Sebastián Piñera asumió la Presidencia, Óscar Guillermo Garretón comenzó a organizar tertulias en su casa que se extendieron durante un año. Allí se encontraban Burgos, Ernesto Ottone (PS), Felipe Harboe (PPD), José Antonio Viera-Gallo (PS), Claudio Orrego (DC), el ex Presidente Ricardo Lagos Escobar, para mirar el largo plazo más que la coyuntura.

Un grupo más reciente fue el que apoyó la candidatura de Josefa Errázuriz a la alcaldía de Providencia, comuna a la que representó Burgos como diputado durante 12 años. Fue uno de los que asistió a las comidas en el Liguria dejando su aporte –se pedía una colaboración de $100 mil– pero, más importante, fue parte junto a Ricardo Solari (PS, hoy presidente de TVN) y Óscar Guillermo Garretón del comité político que se reunía los domingos en la casa de Juan Eduardo Donoso, el jefe de campaña de Errázuriz, a analizar la semana que había pasado y la que venía.

El actual jefe de gabinete del Gobierno formó parte durante, al menos, cuatro años del comité editorial de La Tercera, hasta que renunció al ser nombrado en Defensa. En dicha instancia se reunían los viernes por la mañana en el Hotel Hyatt, a compartir información y análisis político-económico, además de Burgos, Jovino Novoa (UDI), Patricio Melero (UDI), Alberto Cardemil (RN), Ricardo Lagos Weber (PPD), Carlos Ominami (ex PS), Rafael Guilisasti, ex presidente de la CPC e impulsor de la candidatura de Andrés Velasco; el abogado Darío Calderón, Oscar Guillermo Garretón (PS) y Enrique Correa, socio Imaginaccion, la empresa de comunicación y lobby. Actualmente, varios ya no están e ingresaron nuevos rostros, como el presidente del PS, Osvaldo Andrade, y el ex timonel de la UDI, Ernesto Silva.

No está claro si llegó llamado por el entonces director de La Tercera, Cristián Bofill, o por su reconocida cercanía con Álvaro Saieh.

Burgos no respondió el llamado ni correo de El Mostrador.

En el mundo empresarial se le conocen pocas amistades. José Luis del Río Goudie, miembro del clan dueño de Sodimac, empresa hoy fusionada con Falabella, es una de ellas. Se conocieron por su primo Jorge del Río, primo hermano de los Del Río Goudie, y comparten su cercanía con los jesuitas. José Luis del Río es uno de los 24 miembros del consejo ampliado de la revista Mensaje.

Rechazó ir a la oficina de Ponce Lerou

Alguna vez el abogado Darío Calderón, quien asesoraba a Julio Ponce Lerou, controlador de SQM a través de las sociedades cascadas, invitó a Burgos a una reunión con el empresario. Cuando llegaron a destino y le dijo que se trataba de Ponce Lerou, la respuesta de Burgos fue que se quedaría en el auto y que, si el empresario quería reunirse con él, lo hiciera por el conducto regular, que le pidiera una cita y lo visitara en su oficina del Congreso. Un hecho que ha contado Calderón a sus cercanos y que revela la forma de proceder de Burgos.

Francisco Varela, compañero de Derecho del ministro, ex socio de oficina de Andrés Allamand y primo en segundo grado de Burgos, lo describe como un hombre “de honestidad y austeridad a toda prueba”.

En su última campaña, cuenta Jorge del Río, él lo ayudó a recolectar dinero, “pero del bolsillo, sin facturas ni boletas”. Calcula que Burgos gastó unos $20 millones, que fue muy modesta y que incluso los afiches que donó un amigo en común debieron ser retirados porque el candidato salía turnio. La cifra es baja para una diputación, pero Burgos iba por tercera vez. “En la primera pensó que no iba a salir y tampoco gastó mucho”, asegura Del Río.

Uno de los puntos de inflexión de su carrera política ocurrió mientras era subsecretario de Guerra –1993 a 1996–, y Edmundo Pérez Yoma, ministro de Defensa. No se entendieron y chocaron, lo que motivó a Burgos a dejar el cargo e irse como embajador de Chile en Ecuador, donde estuvo hasta el 2000, para a su regresó asumir como subsecretario del Interior del Gobierno de Lagos. Con Pérez Yoma las cosas cambiaron y actualmente se llevan bien.

Como subsecretario de Guerra debió entenderse con Pinochet en la Comandancia en Jefe en un período complejo. “Pinochet lo estimaba, decía el único democratacristiano que paso es a Jorge Burgos, me contó un militar amigo”, asegura Jorge del Río, DC como su primo.

En el cargo previo al anteriormente señalado, como jefe de gabinete de Krauss, fue el número dos del Consejo Coordinador de Seguridad Pública, creado en abril de 1991 y conocido como La Oficina, después del asesinato de Jaime Guzmán, ocurrido un año antes. La misión era infiltrar al FMPR y el Movimiento Lautaro –en septiembre de 1991 se produce el secuestro de Cristián Edwards– para crear una red de informantes. Marcelo Schilling, la cabeza de La Oficina, era el hombre operativo; Burgos fue el vínculo político con Krauss.

Como dice un analista político: “Burgos tiene habilidades suficientes, pero no es un panzer; tiene militancia, pero no es sectario; tiene un paso por La Oficina, lo que significa que construyó ciertos nivel de confianza con los arquitectos de la transición. Es como el más joven de la vieja guardia: un puente”.

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