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La muerte de Patricio Manzano: el caso que llevó a declarar al general Villalobos El uniformado declaró hace dos meses ante el ministro que investiga la causa

La muerte de Patricio Manzano: el caso que llevó a declarar al general Villalobos

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Alejandra Carmona López
Por : Alejandra Carmona López Co-autora del libro “El negocio del agua. Cómo Chile se convirtió en tierra seca”. Docente de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile
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En 1985, 173 voluntarios y voluntarias de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile -que había estado en pausa más de una década por interdicción- viajaron a hacer trabajos de verano a Los Andes, Patagual, Llay Llay, San Felipe, Lo Calvo y Casuto. En esos años de reconstrucción de la federación de estudiantes, un contingente de Fuerzas Especiales de Carabineros de Los Andes, les cayó encima. Pensaban que estaban preparando una guerrilla, según les dijeron. En la investigación que hace del caso el ministro Mario Carroza, el nombre del general Bruno Villalobos salió en las declaraciones como uno de los uniformados que formaba parte del grupo de carabineros que golpearon a los estudiantes. Estos dos testimonios dan cuenta de ese día.


Soraya Rodríguez era estudiante de Periodismo de la Universidad de Chile cuando viajó a Los Andes a realizar trabajos de verano. Era 1985. Tiene recuerdos nítidos y un papel que guarda con celo: el registro de su salida de la Novena Comisaría después de la detención y su carnet de estudiante.

Desnudas en la comisaría 

 “Como cada año desde el ‘83 la Chile organizaba sus trabajos voluntarios, la diferencia es que éstos, los de febrero de 1985, eran los primeros de la FECH recuperada. Para el Golpe, la federación había sido desmantelada, desde entonces la dictadura nombró a ‘dirigentes’ en las escuelas que se asumían como representantes de los universitarios de la U en un consejo que, a su vez, respondía a una directiva que se llamó FECECH, uno de sus presidentes nominados fue Pablo Longueira.

En el 80 se despliega más públicamente un movimiento estudiantil, en el país, en Valparaíso, especialmente, que va rompiendo el miedo. Así se recuperaron escuelas con elecciones democráticas y centros de alumnos hasta recuperar la FECH el año 84.

El día de la detención yo estaba en un recinto parroquial de San Felipe. Camilo Vial, a regañadientes, nos había prestado el lugar. Otros voluntarios estaban en Llay Llay, Casuto, Los Andes. Éramos muchos estudiantes, cerca de 500.

Los represores llegaron de Santiago el 8 de febrero del ‘85 y se desplegaron en todas las localidades donde estábamos. En San Felipe tuvimos noticias temprano que habían movimientos raros en la calle y decidimos salir en parejas para chequear lo que pasaba. Si no volvíamos, los voluntarios sabrían que nos habían arrestado y tenían que atrincherarse en el local. Eso fue, justamente lo que pasó. A pocos metros de salir nosotros, que fuimos la segunda pareja en salir, fuimos detenidos. Tuvimos suerte porque nos tocaron uniformados locales. Nos llevaron a su comisaría en San Felipe y el trato fue hasta tierno.

A la horas llegaron los buses que traían a los detenidos de las otras localidades y nos hicieron subir con ellos. Era terrible, estaban todos golpeados ferozmente, aterrorizados y nos obligaron a callar, mientras muchos se quejaban de dolor por las golpizas. Eran unos seis o más buses de carabineros, más motos, más patrullas, un despliegue impresionante por la carretera. Eran trabajos voluntarios, en todos los trabajos voluntarios hay un desarrollo de tareas de apoyo a las comunidades, desde talleres culturales, hasta clínicas, sacar muelas, arreglar locales comunitarios, etcétera, pero ellos creían que estábamos haciendo otra cosa, todo bajo la orden el ministro del Interior de la época, Sergio Onofre Jarpa, quien firmó el decreto para la golpiza.

Aunque yo no conocía tanto a Patricio Manzano, todos los voluntarios nos ubicábamos, éramos cabros que participábamos en asambleas y organizaciones contra la dictadura. Nos topábamos en diferentes manifestaciones, éramos todos conocidos. Él fue uno de los tantos golpeados por los carabineros que estaban como locos. Los hombres fueron llevados a la 1ª Comisaría de Santiago. Allí, Patricio, en la noche, tras el maltrato y la tensión generada por los represores, sufrió un paro cardíaco. Después nos enteramos que no recibió la debida atención a pesar que un par de voluntarios, estudiantes de medicina, insistieron en que el asunto era grave, que los carabineros debían llamar una ambulancia. Pero ellos no hicieron caso.

Yo estaba con las mujeres de la 9ª comisaría, éramos como cien. En la noche, las mujeres fuimos fichadas por los pacos primero, por la Policía de Investigaciones después y por la CNI finalmente. Nos tuvieron todo ese tiempo desnudas, de frente y de perfil.

Me da pena recordar.

Después de esa noche, al día siguiente, alguien me avisó que habían matado a un compañero en la Primera. Supe que sería terrible para las niñas. Hice una sesión de relajación con las que estaban conmigo, y luego se enteraron las demás. El grito de una de ellas jamás lo olvidaremos. Hubo que contener y tomar decisiones. Entonces, determinamos que haríamos una huela de hambre y esa noche, en la «cena», di la señal. Nos sirvieron una bandejas. Yo la dejé a un lado, en señal de que no comería y tosí dos veces. Todas abandonaron sus bandejas. Yo podía sentir la respiración de un paco molesto en mi nuca, intimidándome. Pero sabíamos que era la única forma de zafar.

Se vieron obligados a dejarnos en libertad”.

*Soraya Rodríguez tenía 23 años cuando fue detenida en San Felipe.

La escritora y el médico

 El año pasado Marcela Campos, profesora de Castellano y licenciada en Literatura, escribió el libro “Sueños de Victoria (Patricio Manzano o el acoso a la FECH 1985)”, donde recopiló durante cinco años cientos de testimonios que recrean la brutalidad con que carabineros actuó en el operativo policial.

Entre esos testimonios está el de Leonardo Urrutia Ortega, que en eso entonces había terminado sexto año de Medicina:

“Llegamos al anochecer a la Primera Comisaría y luego hubo dos, tres o cuatro veces que nos hacen el proceso de identificación, incluyendo fotografías de frente, perfil y huellas dactilares… No recuerdo constatación de lesiones, pero sí interrogaciones respecto a cuestiones absurdas respecto a dónde estábamos y por qué estábamos donde estábamos. Luego pasamos al gimnasio de la Primera Comisaría.

Uno de los estudiantes de Medicina, el Pape si mal no recuerdo, me despierta porque hay un sujeto que estaba respirando raro al lado de él. Estábamos separados cuatro o cinco sacos de dormir. Voy y efectivamente veo que un sujeto estaba  con algo de salivación en la boca, pero no respira, no tiene pulso, no tiene latidos del corazón. Estaba en un paro cardiorrespiratorio. En ese mismo contexto se llama a la guardia respectiva de Carabineros.

Logramos sacar a Patricio Manzano de su situación de paro cardiorrespiratorio. Solicito –y la verdad no sé de dónde saqué tonos para ponerme exigente- que había que trasladarlo urgentemente a un servicio asistencial para que recibiera otro tipo de asistencia menos primitiva que la que estábamos haciendo nosotros. Cuando llega la ambulancia, lo pone en la camilla mientras nosotros manteníamos las maniobras de apoyo, pero al llegar a la puerta del gimnasio, el oficial a cargo impide que salgamos. Le insisto en que si no lo acompañamos en su traslado a la Posta Central, que quedaba a no más de cinco o diez minutos de la comisaría, iba a fallecer.

El paco en cuestión, un oficial joven, motivo por el cual después me dio pena por la decisión que le tocó tomar…, insistía en que no, que no podemos acompañarlo. Al final prevalece su decisión. Se lo llevan. El resto de los voluntarios quedamos ahí y se nos comunica que aquí no ha pasado nada y nos estemos tranquilos. Hasta ahí llegamos”.

*Este es el testimonio de Leonardo Urrutia Ortega, médico pediatra, en el libro “Sueños de Victoria” (Editorial Das Kapital), de Marcela Campos.

Decreto Detencion Voluntarios 1985 by Diario ElMostrador.cl on Scribd

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