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Cómo no morir en el intento: la estrategia de blindaje que diseñó La Moneda para que "sobreviva" su nuevo ministro del Interior

por 13 noviembre, 2020

Cómo no morir en el intento: la estrategia de blindaje que diseñó La Moneda para que
Las fortalezas de Delgado no aminoran la incertidumbre que –reconocieron en el oficialismo– se ha instalado respecto a si su trayectoria será o no suficiente para empoderarse, como necesita urgente La Moneda, del rol de conductor político del gabinete, de autoridad aglutinante para la coalición y, a la vez, responsable de la seguridad pública del país. Por lo mismo, a puertas cerradas en Palacio se diseñó una estrategia de blindaje para evitar a toda costa la exposición innecesaria del flamante ministro del Interior, el cuarto ya de la administración piñerista, dado que son muchos los espacios “donde aún no tiene la posibilidad de entregar respuestas satisfactorias”.
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“Son las bancadas del Gobierno, son los parlamentarios, los diputados y diputadas que, por supuesto, tienen una información muy relevante, no solamente a nivel político general, sino que representan la capilaridad del territorio, del cual también provengo como exalcalde y me interesa tener los vínculos necesarios para poder determinar diagnósticos y trabajar con ellos de manera integrada, solidaria desde el punto de vista de sus necesidades”. El vocabulario poco común, y que es leído como “todo lo contrario” al empoderamiento, evidencia uno de los flancos que más preocupan tanto en La Moneda como en el Congreso sobre las posibilidades de supervivencia política del nuevo ministro del Interior, Rodrigo Delgado (UDI).

Su situación de riesgo guarda directa relación con la inexperiencia de Delgado en las altas lides de la política partidista, así como en el campo minado que es el "teje y maneje" de La Moneda. Así y todo, la apuesta del Presidente, Sebastián Piñera, de haber instalado un perfil totalmente inédito en un papel que habitualmente ha sido reservado para figuras de cierto tonelaje político, es tratar de poner al Gobierno más en sintonía con el país posplebiscito, en el que se demostró que los lineamientos más duros de la derecha tradicional no eran precisamente mayoritarios en el electorado del sector.

Delgado pertenece a “ese extraño mundo” de los políticos que no son percibidos como tales, como sucede mayoritariamente con los alcaldes, es dueño de un perfil dialogante y en más de una ocasión chocó de frente con el propio Gobierno, después del estallido social y durante todo este año por el manejo de la pandemia. Todo aquello, son atributos del ministro del Interior reconocidos por todos quienes lo rodean y que tienen la fe puesta en que le servirán como garantía para extender un poco la luna de miel de su debut.

Tanta preocupación, despliegue y estrategia de blindaje no se debe a que Delgado sea una suerte de privilegiado a los ojos del Presidente, sino al hecho político indiscutido de que su administración ha tenido ya cuatro ministros del Interior en menos de tres años, y difícilmente puede sortear la caída de otro más. Por eso, para La Moneda es imperativo que Delgado logre sobrevivir políticamente y llegue hasta el final del actual mandato en el cargo, hasta el 11 de marzo del 2022 y salga de Palacio junto a Piñera.

Pero sus fortalezas no aminoran la incertidumbre que –reconocieron en el oficialismo– se ha instalado respecto a si su trayectoria será o no suficiente para empoderarse, como necesita urgente La Moneda, del rol de conductor político del gabinete, de autoridad aglutinante para la coalición y, a la vez, responsable de la seguridad pública del país, todas tareas que exigen una condición de liderazgo por sobre la media. La preocupación radica en que se haga realidad el comentario que circula en los rincones de Chile Vamos, en cuanto a que el perfil del ministro Delgado le sirve para aguantar el primer chaparrón, pero que “es evidente” que se va a desgastar y ahí es donde esperan que cuente con nuevas herramientas.

Conscientes de estos flancos, en La Moneda se diseñó a puertas cerradas una estrategia de blindaje para el ministro del Interior, que consiste en evitar a toda costa la exposición innecesaria, considerando que son muchos los espacios “donde aún no tiene la posibilidad de entregar respuestas satisfactorias”. La idea es que cada paso público que dé Delgado, siempre lo haga flanqueado y, por eso, en la última cita con las bancadas de Chile Vamos ayer en el Valparaíso, estuvo en todo momento acompañado de los ministros de la Segpres, Cristián Monckeberg, y de Hacienda, Ignacio Briones.

Lo mismo en el espinudo tema de La Araucanía. A diferencia del solitario debut que hizo Víctor Pérez en la IX Región, el ministro Delgado fue a la zona acompañado del Presidente Piñera y en todo momento, incluso en la visita también a la Región del Biobío, fue un “actor secundario”, porque las riendas de las actividades, así como los diversos anuncios respecto de un encargado especial para la zona, o el proyecto de ley para declarar feriado el 24 de junio, estuvieron siempre en manos del Mandatario.

Otras de las medidas adoptadas es que los temas que excedan su parcela de responsabilidades serán tomados por “quienes le corresponda”, evitando entregar –por lo menos en un principio– señales equivocadas que, en un clima de profunda crisis del oficialismo y de ánimos tan crispados, podría agudizar tensiones.

Así, cuando se trate de negociaciones o agenda legislativa, será el ministro Monckeberg quien lo blinde por ese flanco, haciéndose cargo –con todo lo que eso implica– de la relación con Chile Vamos en las capas de mayor profundidad, considerando su experiencia partidista y los lazos con los diferentes actores del Parlamento. Por el otro flanco, el ministro vocero, Jaime Bellolio, será el encargado de hacer de “escudo humano” y evitar así que los conflictos exógenos “y no tanto” le revienten en la puerta al ministro del Interior, papel que incluye por ahora seguir siendo el que se enfrente a la oposición.

El tema de seguridad y orden público constituye una de las áreas más delicadas para La Moneda. El papel que ha jugado Carabineros, sobre todo desde el estallido y su manejo de la manifestación social, les costó el cargo a Andrés Chadwick, Gonzalo Blumel y Víctor Pérez. Por eso, en este diseño de blindaje a Delgado sería el subsecretario del Interior, Juan Francisco Galli, quien siga a diario a cargo de la coordinación y trabajo en terreno con las policías.

La última etapa de este diseño corrió por parte de la UDI. En vez de rodear al ministro con asesores que respondan a la directiva gremialista, como sucedió con Pérez –quien trabajó con los exdiputados Gonzalo Arenas y Giovanni Calderón, lo que no fue evaluado como una buena experiencia–, con Delgado el partido dio un paso al costado. La idea, explicaron, es que el ministro sea “encapsulado” por el jefe de asesores del segundo piso, Cristián Larroulet, con personas que él designe, lo que implicaría  una capa más de protección política.

Tanta preocupación, despliegue y estrategia de blindaje no se debe a que Delgado sea una suerte de privilegiado a los ojos del Presidente, sino al hecho político indiscutido de que su administración ha tenido ya cuatro ministros del Interior en menos de tres años, y difícilmente puede sortear la caída de otro más. Por eso, para La Moneda es imperativo que Delgado logre sobrevivir políticamente y llegue hasta el final del actual mandato en el cargo, hasta el 11 de marzo del 2022 y salga de Palacio junto a Piñera.

En la UDI aspiran a que el ministro del Interior no sea acusado constitucionalmente –como sus tres antecesores– y para ello es clave que Delgado tenga claro que una de sus misiones, recalcaron, es la de “capitalizar y sobrevivir”, que no piense ni actúe pensando en su futuro político, porque con 46 años tiene muchos años por delante, “mucha carrera” para reinventarse después de esto.

En esa línea, en el gremialismo dijeron estar conscientes que el ministro Delgado “no va a lucir, no va a liderar, no va a pautear al Presidente Piñera” y que, por lo tanto, tiene que aprovechar sus atributos y ponerlos a disposición de La Moneda, desempeñarse según sus posibilidades y que “haga lo que sabe hacer”.

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