PAÍS
Nombramiento político en el SBAP: Saratscheff asume en medio de tensiones regulatorias
La designación directa de Tomás Saratscheff al SBAP, fuera de Alta Dirección Pública, instala dudas sobre la autonomía del organismo en un contexto de presión por reducir regulaciones y redefinir el rol ambiental del Estado.
El nombre de Tomás Saratscheff Bosch comenzó a instalarse con fuerza tras su llegada a la dirección del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), una institucionalidad clave para la gestión ambiental en Chile y que hoy se ubica en el centro de un debate mayor: el rol del Estado frente a la crisis ecológica y la llamada “permisología”.
Con formación en biología e ingeniería agronómica, Saratscheff ha construido su trayectoria en torno a la conservación de la biodiversidad, combinando trabajo técnico, diseño de políticas públicas y articulación entre actores públicos y privados. Antes de asumir el cargo, se desempeñaba como director de Conservación del Fondo Naturaleza Chile, desde donde impulsó modelos de financiamiento para la protección ambiental y estrategias de gobernanza territorial.
Su perfil no es el de un funcionario tradicional. Ha trabajado como conservation coach en América Latina, África y el Caribe, apoyando procesos de planificación estratégica y fortalecimiento institucional en áreas protegidas. Esa experiencia le ha dado una mirada sistémica, centrada en la gestión más que en la regulación pura.
Pero su llegada al SBAP no ha estado exenta de lecturas políticas. Su designación directa por parte del Ejecutivo —fuera del sistema de Alta Dirección Pública— fue interpretada como una señal clara de control político sobre una institucionalidad que, en los próximos años, será clave para definir el equilibrio entre desarrollo económico y protección ambiental.
Saratscheff es “persona de confianza” del subsecretario José Ignacio Vial. Su nombramiento fue la última de las 12 “balas de plata” de Kast.
El contexto de su nombramiento no es menor. El gobierno ha impulsado una agenda orientada a reducir trabas regulatorias, cuestionando lo que denomina “excesos de permisología”, al mismo tiempo que ha retirado o revisado decretos ambientales relevantes. En ese escenario, el SBAP aparece como una pieza estratégica: es el organismo llamado a administrar las áreas protegidas y a implementar buena parte de la nueva arquitectura de biodiversidad.
Ahí es donde el perfil de Saratscheff abre preguntas. Por un lado, su experiencia técnica y su trayectoria en conservación lo posicionan como un actor con conocimiento profundo del sector. Por otro, su nombramiento político lo sitúa en una zona de tensión: deberá equilibrar las expectativas de protección ambiental con las prioridades de un gobierno que ha puesto el foco en la agilización de proyectos.
Su gestión, por tanto, no solo será evaluada en términos administrativos o técnicos, sino también políticos. En particular, en cómo resuelva dilemas concretos: la presión sobre áreas protegidas, la relación con proyectos de inversión y la implementación efectiva de estándares de conservación en un contexto de ajuste regulatorio.
Más que un director técnico, Saratscheff se perfila como un actor clave en una disputa mayor: cómo se redefine la política ambiental en Chile en un escenario de tensiones entre crecimiento, regulación y crisis climática.