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Metano: el gas invisible que se convirtió en una bomba política Juego Limpio

Metano: el gas invisible que se convirtió en una bomba política

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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Un informe de la International Energy Agency advirtió que las emisiones globales de metano siguen cerca de niveles récord, transformando a este gas en uno de los principales focos políticos y climáticos de la transición energética mundial.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El informe International Energy Agency, denominado Global Methane Tracker 2026, alertó que las emisiones de metano provenientes del sector energético continúan en niveles cercanos a récords históricos pese a compromisos internacionales de reducción. El reporte sostiene que este gas, responsable de cerca de un tercio del calentamiento global desde la era industrial, dejó de ser un problema técnico para convertirse en un conflicto político central de la transición energética. La investigación también apunta a grandes fugas asociadas a infraestructura petrolera, gasífera y rellenos sanitarios.
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Durante años el metano fue tratado como un problema técnico, casi secundario dentro de la crisis climática. Un gas difícil de ver, asociado a fugas, pozos petroleros, minas de carbón, tuberías desperdigadas por el planeta y, recientemente, a rellenos sanitarios como el de Loma Los Colorados, operado por KDM, que en diversos informes satelitales y reportes de organismos internacionales fue identificado como uno de los mayores “superemisores” de metano del planeta.

  • El nuevo informe de la International Energy Agency (IEA) confirma que las emisiones provenientes del sector energético siguen cerca de niveles récord y sin señales reales de descenso. Y lo hace en un momento donde el metano dejó de ser solo una discusión científica para transformarse en uno de los conflictos políticos más urgentes de la transición energética global.

El reporte Global Methane Tracker 2026 expone una contradicción incómoda: mientras gobiernos y empresas multiplican compromisos climáticos, las emisiones siguen prácticamente intactas.

El metano –un gas con una capacidad de calentamiento mucho mayor que el CO₂ en el corto plazo– ya representa cerca de un tercio del aumento de temperatura global desde la era industrial. La propia IEA advierte que existe una enorme distancia entre las promesas diplomáticas y la implementación concreta.

Más de la mitad de la producción mundial de petróleo y gas ya está cubierta por compromisos de reducción, pero las fugas continúan escapando desde infraestructura energética en todo el planeta como una hemorragia silenciosa que nadie logra contener del todo.

  • La señal política quedó incluso más clara en la reciente Conferencia de Santa Marta, el primer gran encuentro global dedicado específicamente a debatir la salida de los combustibles fósiles. Allí, lo relativo al metano apareció una y otra vez como una de las medidas inmediatas más efectivas para frenar el calentamiento global sin esperar décadas.
  • La conferencia surgió precisamente tras las tensiones y bloqueos que marcaron la COP30 en Brasil y buscó empujar acuerdos que no lograron avanzar dentro de la negociación formal de Naciones Unidas. Ahora, gran parte de esa presión política comienza a trasladarse hacia la próxima COP31, donde el metano ya asoma como uno de los ejes centrales de la discusión climática internacional.

El informe de la IEA entrega además un dato brutal: cerca del 70% de las emisiones de metano asociadas a combustibles fósiles proviene de apenas diez países. Eso convierte el problema en una oportunidad geopolítica extremadamente focalizada.

Las diferencias son gigantescas: algunos países presentan intensidades de emisiones más de cien veces menores que otros. Y, sin embargo, el informe insiste en que el verdadero obstáculo no es tecnológico.

Cerca del 70% de las emisiones podría reducirse con herramientas que ya existen y muchas veces sin costo neto, porque el gas recuperado puede volver a venderse. En otras palabras, parte importante del gas que hoy alimenta la crisis climática podría transformarse también en suministro energético en un momento marcado por guerras, volatilidad de precios y disputas globales por seguridad energética.

La IEA lo deja claro entre líneas: el mundo tiene las herramientas para reducir rápidamente una de las principales amenazas climáticas de corto plazo. Lo que falta no es tecnología. Es voluntad política.

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