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Foto: AgenciaUNO
La Moneda intenta apagar incendio en Ministerio de Ciencia tras renuncia de subsecretario Araos
Tras la salida del epidemiólogo y otras bajas en la cartera, el Presidente Kast y la ministra Lincolao salieron a desdramatizar, atribuyendo el quiebre a “diferencias de estilo”, pese al creciente ruido interno por un frustrado plan de despidos y cuestionamientos a la conducción del ministerio.
Mientras en el Ministerio de Ciencia todavía intentaban apagar el incendio por la salida de Rafael Araos, en La Moneda optaron por otra estrategia: hacer como si nada pasara. Consultado este martes por la crisis que terminó con la primera renuncia de un subsecretario en su administración, el Presidente José Antonio Kast bajó completamente el perfil al episodio y despachó el tema con una frase breve: “Va todo caminando muy bien”.
La escena contrastó con el ruido que desde hace días se arrastra dentro de la cartera encabezada por Ximena Lincolao. Porque aunque desde el Gobierno intentan presentar la salida de Araos como una diferencia de estilos y ritmos de trabajo, el conflicto venía creciendo desde fines de abril y terminó explotando en medio de un debate interno por recortes de personal y el rumbo que debía tomar el ministerio.
Según distintas versiones internas, el punto de inflexión ocurrió cuando Lincolao pidió ejecutar un ajuste que contemplaba la salida de cerca de 40 funcionarios —otras fuentes elevan la cifra a 48—, equivalente a alrededor de un tercio de la dotación. Araos manifestó reparos, evitó firmar las desvinculaciones y puso su cargo a disposición. La renuncia quedó congelada por algunos días debido al viaje de la ministra a Estados Unidos en el marco del programa “Choose Chile”, pero el quiebre ya estaba instalado.
De hecho, dentro de la cartera aseguran que antes de partir a Norteamérica, Lincolao dejó encargado personalmente al entonces subsecretario de materializar el ajuste. Ahí la relación terminó de romperse. El lunes, apenas la ministra volvió a Chile, Araos pasó a despedirse de los funcionarios y horas más tarde Presidencia oficializó su salida.
Pero el efecto dominó no se quedó ahí. También dejaron sus cargos Camila Skewes, jefa de gabinete de la subsecretaría, y Alejandra Tagle, jefa de la División Jurídica. A ellas se suma además la salida de Rodrigo Escobar, asesor legislativo que había presentado su renuncia días antes y que, según aclaran desde la cartera, no estaría vinculado directamente a este episodio.
Más allá de simples estilos personales
La noche del lunes, a las 21:58 horas, Lincolao envió un correo a los funcionarios intentando contener la crisis. Ahí negó categóricamente la existencia de despidos masivos y atribuyó la salida de Araos a “diferencias de gestión y visión”. Horas después, en entrevista con Radio Infinita, reforzó la misma idea. “Son dos estilos diferentes de trabajo”, afirmó, marcando diferencias entre el perfil académico del infectólogo y su propia mirada, más enfocada —según explicó— en innovación, tecnología y desarrollo de empresas tecnológicas.
El problema es que esa explicación no termina de convencer puertas adentro. Funcionarios y conocedores del conflicto sostienen que el debate iba bastante más allá de simples estilos personales. En el entorno de Araos comentan que el exsubsecretario veía con preocupación que temas como el financiamiento de la ciencia básica, los centros de investigación y el desarrollo científico tradicional estuvieran perdiendo espacio frente a una agenda más orientada al ecosistema tecnológico y la atracción de inversiones digitales.
Ese mismo sello ya le había generado críticas a Lincolao semanas antes, cuando intervino para empujar la eliminación del polémico artículo 8 de la megarreforma digital impulsada por el Gobierno, norma que buscaba crear mecanismos de compensación económica desde grandes plataformas tecnológicas hacia medios de comunicación por el uso de contenidos periodísticos. Aunque en su entorno recalcan que su rol fue técnico y no político, varios actores que participaron de esas conversaciones interpretaron la maniobra como otra señal de hacia dónde quería mover la brújula del ministerio.
Mientras tanto, en Palacio intentan encapsular el episodio y evitar que se transforme en un problema político mayor. Pero el dato incómodo sigue ahí: Araos no era un seremi más. Era una de las apuestas técnicas del arranque de la administración Kast, con perfil académico, experiencia en pandemia y sin militancia. Y su salida terminó convirtiéndose en la primera grieta visible en el equipo de subsecretarios del Gobierno.