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El peligroso “reverdecimiento” de la Antártica

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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El avance de vegetación sobre sectores de la Península Antártica encendió alertas científicas por el impacto del cambio climático y el riesgo de invasiones biológicas en uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El denominado “reverdecimiento” de la Península Antártica comenzó a preocupar a la comunidad científica tras la expansión acelerada de musgos, líquenes y vegetación en zonas antes cubiertas por hielo y nieve. Estudios de la British Antarctic Survey vinculan el fenómeno con el aumento de temperaturas, el retroceso glaciar y una mayor disponibilidad de humedad en una de las regiones que más rápido se calienta en el planeta. En ese escenario, investigadores de la Universidad de Talca impulsan el proyecto PRISMA para estudiar cómo el cambio climático podría facilitar el ingreso de especies.
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Durante décadas, la Antártica fue imaginada como un territorio inmóvil: hielo, roca, viento y silencio. Un continente demasiado frío para los árboles, demasiado hostil para las plantas y demasiado aislado para las invasiones biológicas que hoy afectan a gran parte del planeta.

Pero algo comenzó a cambiar.

  • En distintas zonas de la Península Antártica, científicos empezaron a detectar una señal inquietante: pequeñas manchas verdes avanzando sobre superficies que hasta hace pocos años permanecían cubiertas de hielo o nieve. Musgos, líquenes y vegetación resistente al frío comenzaron a expandirse lentamente sobre el Continente Blanco.

El fenómeno ya tiene nombre entre los investigadores: el “reverdecimiento” de la Antártica.

Y lejos de ser una curiosidad paisajística, hoy se ha transformado en una de las señales más visibles de cómo el cambio climático está alterando uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.

Estudios internacionales liderados por la British Antarctic Survey muestran que la cobertura vegetal en sectores de la Península Antártica aumentó de forma acelerada durante las últimas décadas. Lo que en los años 80 apenas ocupaba pequeñas superficies dispersas, hoy se multiplica sobre terrenos liberados por el retroceso del hielo.

La explicación está en el calentamiento.

  • La Península Antártica es una de las regiones que más rápidamente se está calentando en la Tierra. El aumento de temperaturas, junto al derretimiento del hielo y una mayor disponibilidad de humedad, son factores que están creando nuevas condiciones para que organismos vegetales logren establecerse donde antes simplemente no podían sobrevivir.

Y ahí aparece una preocupación mayor. Esto podría abrir la puerta a especies invasoras capaces de alterar profundamente ecosistemas en extremo delicados.

Y justamente desde la Universidad de Talca surgió uno de los proyectos científicos que busca adelantarse a un escenario que hasta hace pocos años parecía improbable: una Antártica vulnerable a la colonización vegetal.

  • Se trata del proyecto PRISMA, una iniciativa que estudia cómo el cambio climático podría facilitar el establecimiento de especies invasoras en el continente antártico y cuáles serían sus efectos sobre la biodiversidad local.

La investigación combina experimentos fisiológicos, modelamiento climático y simulaciones ecológicas para intentar responder una pregunta inquietante: qué plantas podrían sobrevivir en una Antártica más cálida.

  • El trabajo no se centra únicamente en especies antárticas. Parte importante de la investigación consiste en analizar plantas invasoras presentes en otros lugares del planeta que poseen alta capacidad de adaptación a ambientes extremos.
  • Un dato importante es que actualmente la Antártica posee solo dos especies de plantas vasculares nativas: el pasto antártico y el clavel antártico. Esa baja diversidad hace que cualquier alteración ecológica pueda acarrear consecuencias profundas sobre cadenas biológicas extremadamente simples y sensibles.

El proyecto PRISMA también analiza otro elemento clave: el rol humano como vehículo involuntario de invasiones biológicas.

  • Cada año miles de personas llegan a la Antártica entre expediciones científicas, turismo y operaciones logísticas. Y junto con ellas también viajan semillas microscópicas, restos orgánicos, esporas y microorganismos imposibles de detectar a simple vista.

Pero los investigadores saben que la velocidad del cambio climático podría comenzar a superar la capacidad de contención.

Lo que antes era un continente protegido naturalmente por temperaturas extremas, hoy empieza a transformarse en un territorio más expuesto, más húmedo y más accesible para organismos externos.

Y en medio de ese proceso, que la Antártica comience a “reverdecerse” no es síntoma de ambiente sano. No todo lo verde, ambientalmente hablando, es bueno.

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