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El enigma del “perro bagual”, el depredador esquivo Juego Limpio El Mostrador

El enigma del “perro bagual”, el depredador esquivo

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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El ataque de perros a animales bajo rehabilitación en la Fundación Ñacurutú volvió a poner en evidencia los impactos de la tenencia irresponsable. Una investigación en isla Navarino muestra que el fenómeno es más complejo de lo que sugiere la categoría de “perro asilvestrado”.


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La siguiente es una escena triste. Hago la prevención. Hace un par de días Cristián Herrera, veterinario y director de la Fundación Ñacurutú, que rescata fauna silvestre dañada para recuperarla y regresarla a su ambiente natural, no pudo ocultar su dolor y frustración al encontrar temprano en la mañana cómo una buena parte de sus pacientes estaban muertos, tras ser atacados por perros que vagan por el recinto. En este caso no se trata de perros asilvestrados sino de mascotas, que también son víctimas de la tenencia irresponsable.

“Estamos de duelo por todos los que fallecieron por esta tenencia irresponsable de mascotas. Tengo deseos de que me trague la tierra y una pena tan grande por mis pacientes, por los perros, por el futuro de Ñacurutú, que estoy a un paso de cerrar todo y olvidarme para siempre”, expresó.

Los ataques a fauna silvestre o a ganado realizados por perros abandonados, que se han asilvestrado, o que teniendo dueños irresponsables se dedican a vagar por las calles o los campos, nos llevaron en Juego Limpio a volcar la mirada a una reciente investigación de la Universidad de Magallanes y el Centro Interdisciplinario Cabo de Hornos (CHIC), que se está desarrollando en isla Navarino, en el extremo austral de Chile, donde habitan manadas de perros sueltos.

Tomando el saber popular de yaganes, los científicos recuperaron una antigua nomenclatura sobre estos canes. No se trata de perros silvestres que olvidaron el contacto humano ni necesariamente de perros vagos, sino de una mezcla: del “perro bagual”.

Ubicada al sur del canal Beagle, entre los océanos Pacífico y Atlántico, isla Navarino es uno de los territorios más prístinos y remotos del planeta. Una investigación liderada por la Dra. Elke Schüttler, académica de la Universidad de Magallanes e investigadora del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), revela que uno de los desafíos más complejos para la conservación local no proviene de una especie exótica lejana ni del cambio climático, sino de un viejo conocido del ser humano: el perro de libre movimiento.

  • El estudio –desarrollado en el marco de un proyecto Fondecyt Regular financiado por ANID– desplegó 61 cámaras-trampa a lo largo de los 2.500 kilómetros cuadrados de la isla. Los resultados identificaron 41 perros, de los cuales 32 fueron clasificados como asilvestrados, al no corresponder a animales conocidos en pueblos o estancias.

Sin embargo, los investigadores descubrieron que la frontera entre perros domésticos y asilvestrados es mucho más difusa de lo que se pensaba. El análisis de 84 muestras de sangre y saliva reveló un flujo genético constante entre perros con tutores y aquellos que viven en ambientes naturales.

Pero quizás uno de los hallazgos más relevantes del trabajo no surgió de las cámaras ni de los análisis genómicos, sino de las entrevistas realizadas a habitantes de la isla.

La investigación constató que el concepto científico de “perro asilvestrado” no refleja la forma en que la comunidad comprende el problema. En su lugar aparece la figura del “perro bagual”, una categoría cultural local que define al animal problemático “fuera de lugar”, independientemente de si tiene o no vínculo con las personas.

  • A diferencia del perro asilvestrado –definido científicamente como aquel que vive sin sustento humano–, el “perro bagual” es una condición reversible: un perro doméstico puede volverse bagual y un cachorro bagual puede ser incorporado nuevamente a la vida humana. La categoría responde más al comportamiento y al contexto que a una condición biológica permanente.

La investigación también reveló una diferencia significativa entre la percepción social y la realidad observada. Mientras los habitantes imaginan amplias zonas de riesgo asociadas a los perros, las cámaras mostraron una distribución generalmente cercana a asentamientos humanos.

Lejos de ofrecer respuestas simples y en un contexto donde las posiciones suelen polarizarse entre quienes priorizan el bienestar animal y quienes enfatizan la conservación de la biodiversidad, los investigadores proponen una aproximación más pragmática.

La historia del “perro bagual” muestra que el problema no puede entenderse únicamente desde la biología ni solamente desde la cultura. En el extremo austral del continente, la relación entre humanos, perros y vida silvestre sigue siendo mucho más compleja y entrelazada de lo que sugieren las categorías tradicionales.

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