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Guillermo Larraín: “El recorte de gasto es contractivo” y “nos estamos pegando un balazo en el pie”

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El economista Guillermo Larraín cuestionó la estrategia económica detrás de la megarreforma del Gobierno. Advirtió que recortar gasto público para controlar el déficit puede terminar frenando el crecimiento y profundizando los problemas fiscales que se busca corregir.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El académico de la Universidad de Chile sostuvo que la reducción del gasto público tiene un efecto contractivo inmediato sobre la economía, mientras que los beneficios esperados de la rebaja de impuestos a las empresas no están garantizados. Según planteó, si la menor recaudación obliga a nuevos ajustes fiscales, Chile podría entrar en una dinámica similar a la austeridad aplicada en Europa tras la crisis financiera, con efectos negativos sobre el crecimiento y el empleo.
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El economista y académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Guillermo Larraín, cuestionó los fundamentos económicos que sustentan la Ley Miscelánea, también conocida como megarreforma, impulsada por el Gobierno y advirtió sobre los riesgos de una estrategia basada en recortes de gasto para contener el déficit fiscal.

En conversación con Al Pan Pan de El Mostrador con Mirna Schindler, Larraín manifestó preocupación por la lógica fiscal que, a su juicio, está detrás de la megarreforma. El economista sostuvo que existe una tensión entre el objetivo de reducir el déficit y la necesidad de impulsar el crecimiento económico.

“A mí me parece que cuando uno entra en esa lógica de que para no superar el 45% tenemos que empezar a recortar gastos, que es un poco la dinámica en la cual estamos hoy día, nos estamos pegando un balazo en el pie”, afirmó.

Según explicó, el principal problema radica en que los efectos de un ajuste fiscal son inmediatos, mientras que los beneficios esperados de otras medidas incluidas en la reforma son inciertos y tardan más tiempo en materializarse. “En la práctica el recorte de gasto es contractivo. O sea, queremos crecer más, pero el recorte de gasto, el efecto inmediato es contractivo”, señaló.

La megarreforma promovida por el Ejecutivo busca combinar una reducción de la carga tributaria corporativa con medidas orientadas a incentivar la inversión privada y estimular el crecimiento económico. La apuesta del Gobierno es que una menor carga impositiva permita atraer capitales, acelerar proyectos de inversión y generar un mayor dinamismo económico que compense la menor recaudación tributaria.

Sin embargo, Larraín cuestionó que ese efecto positivo esté garantizado. A su juicio, el escenario implícito en las proyecciones oficiales supone que la reducción del gasto público será compensada por un aumento significativo de la inversión privada como consecuencia de la rebaja de impuestos a las empresas.

“Va a ser compensado por un incremento en la inversión dado que usted está bajando el impuesto corporativo. Si esa fuera la respuesta, entonces quiere decir que el 2% no va a funcionar”, advirtió en referencia a las proyecciones de crecimiento del propio Gobierno para los próximos años.

El académico explicó que ambos mecanismos operan con velocidades y magnitudes distintas sobre la economía.

Mientras la reducción del gasto estatal afecta de forma inmediata la actividad económica, la decisión de las empresas de invertir depende de múltiples factores que no están asegurados únicamente por una rebaja tributaria.

“Lo único que uno sabe cuando uno baja los impuestos es que deja plata metida en la caja de las empresas, pero no sabe que las empresas vayan necesariamente a invertir”, sostuvo.

Larraín agregó que si las expectativas de inversión no se concretan y la menor recaudación fiscal genera nuevas presiones sobre las cuentas públicas, el Gobierno podría verse obligado a profundizar los ajustes presupuestarios.

En ese escenario, alertó sobre el riesgo de repetir experiencias internacionales que terminaron debilitando el crecimiento económico. “Si eso tiene como consecuencia que para controlar el déficit fiscal hay que reducir más el gasto público, entonces yo creo que nos metemos en una dinámica que es la dinámica europea después de la crisis del 2008, que fue profundamente nociva para Europa”, afirmó.

El economista vinculó ese proceso con las políticas de austeridad aplicadas en distintos países europeos tras la crisis financiera internacional, donde los recortes fiscales terminaron afectando la recuperación económica y prolongando períodos de bajo crecimiento. “A mí me gusta la austeridad como concepto de vida, pero la austeridad como estrategia de política económica para no superar un cierto nivel de deuda es peligrosa”, planteó.

A juicio de Larraín, el principal riesgo es que la economía quede atrapada en un ciclo de bajo crecimiento, menor recaudación y nuevos ajustes fiscales. “Puede entrampar a la economía en una tasa de crecimiento aún más baja que la que teníamos”, concluyó.

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