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Cuando la cordillera decide si un río atmosférico será una tormenta histórica Juego Limpio El Mostrador

Cuando la cordillera decide si un río atmosférico será una tormenta histórica

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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Un estudio revela que la intensidad de los ríos atmosféricos depende tanto de la humedad que transportan como de su interacción con la cordillera de los Andes. El hallazgo busca mejorar la anticipación de lluvias extremas, inundaciones y deslizamientos.


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Las intensas lluvias que durante los últimos días han golpeado desde Coquimbo hasta el sur del país dejaron una pregunta inevitable: ¿por qué algunos sistemas frontales descargan precipitaciones capaces de provocar inundaciones, desbordes y remociones en masa, mientras otros, aparentemente similares, pasan casi inadvertidos?

La respuesta comienza a emerger desde la ciencia. Un estudio publicado en julio en Geophysical Research Letters revela que la intensidad de un río atmosférico no depende únicamente de la cantidad de humedad que transporta, sino también de cómo esa humedad interactúa con la cordillera de los Andes.

  • La investigación cobra especial relevancia mientras Chile enfrenta uno de los temporales más severos de los últimos años, asociado precisamente a un río atmosférico que ha afectado gran parte del centro y norte del país.

El equipo, liderado por el investigador Dipjyoti Mudiar durante su postdoctorado en la Universidad Adolfo Ibáñez, analizó 50 ríos atmosféricos que impactaron los Andes extratropicales entre 1980 y 2023.

  • Utilizando datos de reanálisis atmosférico, observaciones satelitales y registros de descargas eléctricas, los científicos descubrieron que las lluvias más intensas se concentran en las laderas occidentales de los Andes, donde el relieve obliga al aire húmedo a ascender. Ese ascenso no solo enfría el aire y favorece la condensación; también puede desencadenar nubes convectivas de gran desarrollo vertical capaces de multiplicar las precipitaciones.

El hallazgo más importante del estudio es que dos ríos atmosféricos con un transporte de vapor de agua muy similar pueden producir lluvias completamente diferentes. La clave está en el estado de la atmósfera cuando el sistema llega a la cordillera. Si el aire cercano a la superficie ya se encuentra casi saturado de humedad, la montaña facilita la liberación de la inestabilidad atmosférica, aumenta la energía disponible para formar nubes profundas y fortalece las corrientes ascendentes.

El resultado son precipitaciones mucho más intensas de las que podría anticiparse observando únicamente la cantidad de humedad transportada por el río atmosférico.

  • Esta conclusión también ayuda a entender por qué los modelos meteorológicos todavía enfrentan dificultades para anticipar algunos de los eventos más extremos. Hasta ahora, gran parte de los pronósticos se apoyaban en indicadores como el transporte integrado de vapor de agua (IVT), ampliamente utilizado para estimar la intensidad de un río atmosférico.

El nuevo trabajo demuestra que ese parámetro explica solo una parte del fenómeno. La interacción entre el transporte de humedad, el transporte de calor y la compleja topografía andina resulta igualmente determinante para anticipar dónde y con qué intensidad caerá la lluvia. Comprender estos procesos permitirá mejorar las alertas tempranas frente a inundaciones, crecidas de ríos y deslizamientos de tierra, riesgos que vuelven a estar presentes durante los sistemas frontales que hoy afectan al país.

  • Chile recibe entre cinco y quince ríos atmosféricos cada año, responsables de más de la mitad de la precipitación anual en la zona centro-sur. Son esenciales para recargar embalses, glaciares y acuíferos, aunque también pueden convertirse en los principales generadores de desastres cuando coinciden condiciones atmosféricas favorables para intensificar la lluvia.

El estudio sugiere que, en un clima cambiante, comprender esa interacción entre océano, atmósfera y cordillera será tan importante como medir cuánta humedad transporta una tormenta. Porque, al final, la diferencia entre un invierno beneficioso y una emergencia climática puede definirse en los pocos kilómetros donde el aire del Pacífico comienza a escalar los Andes.

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