Publicidad
El océano que protegía a Chile está perdiendo su capacidad de hacerlo Juego Limpio El Mostrador

El océano que protegía a Chile está perdiendo su capacidad de hacerlo

Publicidad
Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
Ver Más

Un informe científico advierte que el deterioro simultáneo del océano, el clima y la biodiversidad ya afecta a Chile. Además, plantea fortalecer la restauración de ecosistemas y mejorar el monitoreo para enfrentar los impactos del cambio climático.


El Mostrador Fuente Preferida

Durante mucho tiempo pensamos que el océano era un amortiguador. Mientras la atmósfera se calentaba, el mar absorbía parte del exceso de calor, capturaba dióxido de carbono y mantenía en funcionamiento uno de los ecosistemas más productivos del planeta. Esa capacidad sigue existiendo, aunque ya muestra señales de agotamiento.

El nuevo informe “Nexo Océanos-Clima-Biodiversidad”, elaborado por el Comité Científico Asesor de Cambio Climático, plantea una advertencia que cambia la manera de mirar la crisis ambiental: el problema ya no es solo el aumento de la temperatura. Lo realmente preocupante es que el océano, el clima y la biodiversidad están cambiando al mismo tiempo y cada transformación acelera a las demás.

  • Chile ocupa una posición privilegiada y, al mismo tiempo, extremadamente vulnerable. Su costa continental supera los 6.400 kilómetros, el Sistema de la Corriente de Humboldt sostiene hasta el 10% de la pesca mundial y sus ecosistemas marinos conectan desiertos, glaciares, bosques templados, fiordos y la Antártica. Esa diversidad convierte al país en un laboratorio natural único para estudiar el cambio climático. También significa que cualquier alteración tiene consecuencias económicas, ecológicas y sociales de enorme magnitud.

Lo que los científicos describen no corresponde a amenazas futuras. Está ocurriendo.

Las aguas del océano chileno se están calentando, aumentan su acidez, disminuye el oxígeno disponible y se modifican patrones fundamentales de circulación oceánica. A eso se suma el acelerado retroceso de los glaciares y una mayor frecuencia de eventos extremos como El Niño, La Niña y las olas de calor marinas y terrestres.

El informe insiste en que ninguno de estos fenómenos opera de manera aislada.

Mientras el cambio climático intensifica estas transformaciones, la contaminación, la sobrepesca, el cambio de uso de suelo y la expansión urbana siguen ejerciendo presión sobre ecosistemas que ya llegan debilitados. El resultado es una especie de reacción en cadena: especies que migran hacia mayores latitudes o profundidades, bosques de macroalgas que desaparecen, humedales costeros degradados y una mayor ocurrencia de floraciones algales nocivas.

Los investigadores llaman a este fenómeno riesgos compuestos. La diferencia es importante. Ya no se trata de enfrentar una sequía o una ola de calor por separado. Hoy ambos eventos pueden ocurrir simultáneamente, junto con incendios forestales, pérdida de biodiversidad o alteraciones en el océano, multiplicando sus efectos sobre personas y ecosistemas.

El informe sostiene que precisamente esa acumulación de impactos es uno de los mayores desafíos para las políticas públicas, porque las instituciones siguen respondiendo como si cada problema existiera por separado.

Las cifras que entrega el documento muestran que esa interacción ya tiene consecuencias visibles.

  • En la cuenca del río Aconcagua, la megasequía ha provocado un déficit de precipitaciones cercano al 45% y reducciones de caudal que en algunos períodos alcanzan el 90%. En las cuencas del Maipo y el Maule, la disponibilidad de agua superficial ha disminuido más de un 30%, mientras cerca del 70% de la población vive en zonas con creciente estrés hídrico. Aunque estos procesos ocurren tierra adentro, el informe demuestra que forman parte del mismo sistema que conecta océano, clima y biodiversidad.

Las comunidades costeras aparecen entre las más expuestas. Pescadores artesanales, pueblos originarios y localidades que dependen del mar enfrentan una vulnerabilidad creciente porque los ecosistemas cambian al mismo tiempo que aumentan las presiones económicas y sociales. Para los investigadores, adaptarse al cambio climático requiere mucho más que infraestructura: implica reducir desigualdades, incorporar el conocimiento indígena y fortalecer la participación de las comunidades.

El informe identifica además a los propios ecosistemas como parte de la solución. Humedales, turberas, bosques nativos, praderas marinas y bosques de macroalgas capturan carbono, regulan el agua, amortiguan marejadas y sostienen la biodiversidad. Los científicos proponen ampliar el uso de Soluciones Basadas en la Naturaleza y convertir la restauración de estos ambientes en una política climática de largo plazo.

Otro desafío está en la información. Aunque Chile cuenta con iniciativas de monitoreo oceánico —como una red de 15 boyas oceanográficas en los fiordos patagónicos—, estas operan de manera fragmentada y sin financiamiento estable. El informe advierte que el país aún carece de un sistema integrado capaz de anticipar los efectos del cambio climático y orientar la toma de decisiones.

La paradoja es que Chile posee condiciones para liderar esta agenda. Fue pionero en la creación de la Zona Económica Exclusiva, ratificó el Tratado Global de los Océanos (BBNJ) y cuenta con instrumentos como la Ley Marco de Cambio Climático y el SBAP. El desafío ya no pasa por crear nuevas normas, sino por articular las existentes bajo una visión común.

Al final, las más de cien páginas del informe dejan una idea clara: el océano no es el escenario donde ocurre la crisis climática. Es uno de sus protagonistas. Si pierde la capacidad de regular el clima y sostener la biodiversidad, las consecuencias alcanzarán mucho más que la costa.

Lea la edición completa del newsletter en el siguiente link.

Inscríbete en el Newsletter Juego Limpio de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informarte sobre los avances en materia de energía renovable en Chile y el mundo.

Publicidad