Publicidad
Rafael Garrido dice “La misión es Venezuela” PAÍS

Rafael Garrido dice “La misión es Venezuela”

Publicidad

Invita a sumarse a esta campaña de donaciones organizada por la Compañía de Jesús. A un mes del doble terremoto que asoló la costa central de su país, el jesuita venezolano que preside la Conferencia de provinciales de la región habla del estado en que se encuentra su pueblo.


El Mostrador Fuente Preferida

Ahora que veo a tantos jesuitas juntos no puedo dejar de pensar en la película “La Misión”. El teólogo venezolano Rafael Garrido, presidente de la Conferencia de Provinciales de América y El Caribe, asiente cuando le hago el comentario, porque el nombre del filme con la inolvidable música de Ennio Morricone no puede venir más al caso ahora que “La Misión es Venezuela”. 

Venezuela, que hace un mes se cayó a pedazos. Literalmente. Y requiere una misión humanitaria, como la que organizaron los jesuitas de toda la región. 

Bajo ese lema -La misión es Venezuela-, el llamado es a colaborar con la reconstrucción, que se avizora lenta y compleja, tal como recalca Rafael que estuvo en Chile por estos días junto a varias decenas de miembros de la Compañía de Jesús. 

Aún no existen cifras oficiales de muertos en el estado costero de La Guaira, foco del doble terremoto del 24 de junio pasado, separado de Caracas, por el cerro El Ávila. Tampoco el de mutilados y de huérfanos. 

Los edificios dañados superan los 800. Unos 200 se desplomaron. Bajo esas estructuras colapsadas hay quizás cuántos cadáveres, porque la incertidumbre de los daños aún permanece. Aprovechando la presencia de Rafael Garrido, su nacionalidad, su condición de sacerdote, su rol en la Compañía de Jesús, que tiene entre sus obras sociales a TECHO Venezuela, lo invitamos a Hora de Conversar. 

Justo a un mes del devastador movimiento, esto fue lo que nos dijo: 

-Yo habito en la provincia de Perú, porque en Lima está la sede de la Conferencia de Provinciales de América y El Caribe. Así es que me enteré por el Whatsapp familiar de la tragedia. Mi familia está en Barquisimeto, a unos 300 kilómetros de la zona más afectada por el doble terremoto. 

-¿No lo sintieron entonces con tanta fuerza? 

-El epicentro estuvo en Yaracuy, a unos 100 kilómetros de donde viven mis padres, pero según las explicaciones técnicas allí el movimiento fue menos intenso por el tipo de suelo. La Guaira y Caracas están sobre suelos más arenosos, lo que tiene un doble efecto: todo se mueve más y se mantiene la onda sísmica. Pero estoy hablando como técnico sin serlo. 

En lo humano, agradece que su familia esté bien. Que en su zona los daños hayan sido menores. “Pero en algunas obras de la Compañía de Jesús sí ha habido pérdidas humanas. Lamentablemente, hay profesores de colegios nuestros, estudiantes de esos mismos colegios, colaboradores de la misión que murieron en sus apartamentos, porque fueron muchos los edificios que no resistieron y se derrumbaron. Eso genera un vacío existencial enorme. Es como como que si te asomaras a un abismo”. 

Dentro de esa tragedia país e individual, que afecta a tantos, destaca “la increíble reacción de los vecinos, de los que sobrevivieron. Los primeros rescatistas en esta tragedia han sido los vecinos. Y eso tiene un valor enorme”. 

Foco en la zona cero

-¿En qué consiste la campaña de ayuda “La misión es Venezuela”? 

-Nosotros tenemos en toda América Latina oficinas provinciales de desarrollo, que buscan fortalecer institucionalmente a las distintas obras de la compañía de Jesús y, además, procuran ayudas y fondos en casos como éstos, donde es clave despertar la solidaridad con un pueblo que está sufriendo. 

-En tiempos de desconfianza generalizada, ¿cómo se garantiza la transparencia de la iniciativa? 

-La transparencia está garantizada en primer lugar porque todas las obras de la Compañía de Jesús tienen un solo canal de donación y una propuesta única de ayuda a Venezuela. Ese canal permite hacer la trazabilidad de los fondos recaudados y, por supuesto, la rendición de cuentas. 

-¿Cuál será el destino de lo recaudado? 

-Lo primero es la emergencia, contribuir a satisfacer una gran necesidad de ayudas urgentes. Desde mi perspectiva, esta etapa va a durar mucho más de lo que debiera durar una emergencia de este tipo en otro país, menos complicado internamente que Venezuela. Luego, en la zona afectada están la limpieza de estructuras, la remoción de escombros, la reubicación de tantas personas que quedaron sin techo. Y la tercera etapa, larga, cara, compleja es la reconstrucción. Ahora estamos enfocados en la primera fase de la emergencia, que, como digo, va a ser un poco más larga de lo que usualmente pudiera ser en otras circunstancias. Se requieren cosas tan básicas como agua potable, comida, un techo, para aliviar la vida de quienes sobrevivieron en la zona cero, por así llamarla. 

La reconstrucción interior

Rafael Garrido recuerda que el estado de La Guaira carga con una memoria de dolor. “Es una zona que quiero recordar”, dice antes de evocar la llamada Tragedia de Vargas, ocurrida en 1999, cuando un gigantesco deslave bajó desde el cerro El Ávila arrasando con barrios completos después de semanas de lluvias intensas.

-A mí me tocó estar ahí. Siempre estos fenómenos afectan algo a Caracas porque es la misma montaña. Yo estaba en un sector popular donde prácticamente todos los vecinos perdieron sus viviendas. Y justamente ese lugar hoy vuelve a verse afectado por el terremoto.

La experiencia de aquella reconstrucción aparece cuando se habla del presente. Los expertos han advertido que no se puede levantar los edificios donde estaban antes. Hay zonas que deberán replantearse por completo.

-No podemos pensar que hay que reconstruir todo donde estaba. Hay lugares donde probablemente ya no podrá seguir habiendo viviendas. Y para tomar esas decisiones la participación de la gente será fundamental.

-¿Quién está organizando hoy a esas personas?

-Esa es precisamente una de las dificultades. ¿Quién va a convencer a las familias de salir de esas zonas y reubicarse? Allí organizaciones como TECHO pueden prestar una ayuda importante. Pero también hay otro desafío: no olvidar a los invisibilizados.

Se refiere a quienes quedaron fuera del foco mediático.

-En Caracas hay edificios que sufrieron daños y cuyos habitantes ya no podrán volver. Esas personas muchas veces no aparecen en las noticias. Lo mismo ocurre en Yaracuy, el epicentro del terremoto, donde hay comunidades afectadas que no están en la primera plana, pero que también van a necesitar apoyo.

La crisis política venezolana en la futura reconstrucción es ineludible. Sin entrar en polémicas, Rafael reconoce que la ausencia de liderazgos ampliamente legitimados vuelve mucho más difícil cualquier proceso de reconstrucción.

-Este terremoto se suma a una serie de situaciones muy complejas. Venimos de la captura de Maduro en enero (su reubicación en una cárcel de Estados Unidos), una crisis económica muy profunda, de los problemas de abastecimiento, de la enorme migración venezolana, de la pandemia… Todo eso hace todavía más difícil enfrentar esta tragedia.

Por eso insiste en que la campaña impulsada por la Compañía de Jesús busca aportar mucho más que recursos materiales.

-Hay que fortalecer a las personas y a las comunidades. Me atrevo a decir que la atención psicosocial sea quizás lo más fundamental. No basta con reconstruir edificios; también hay que reconstruir interiormente a quienes lo perdieron todo.

Criollitos muertos

La experiencia de la tragedia de Vargas dejó aprendizajes que hoy vuelven a hacerse presentes. “En esa oportunidad hubo comunidades desplazadas que lograron integrarse muy bien a los lugares donde llegaron. Pero también hubo refugios donde la realidad humana terminó deteriorándose”.

-¿En qué sentido?

-Hubo problemas de convivencia, dificultades con la alimentación, consumo de alcohol y drogas, conflictos entre las personas. Algunos refugios terminaron siendo cerrados porque la situación se hizo muy compleja. Ojalá ahora no se repitan esos errores.

Advierte que los albergues deben ser soluciones transitorias. “Tienen que ser centros muy temporales. Mientras más se prolongan esas situaciones, más difíciles se vuelven las relaciones humanas ahí dentro”.

-¿Cuál es el estado de ánimo que percibes hoy entre los venezolanos?

-Lo primero es mucha preocupación. Ahora viene enfrentar la realidad de haberlo perdido todo. También se habla de una posible nueva ola migratoria. Pero, al mismo tiempo, veo muchas ganas de volver a empezar y una enorme disposición a solidarizar con ese nuevo comienzo.

Durante los días de rescate, cuenta, incluso aparecieron escenas capaces de arrancar una sonrisa en medio del horror.

-Se rescató a una niña que, cuando apareció por el boquete que habían abierto entre los escombros, les sonrió a los rescatistas. También hubo una señora que, estando atrapada, estaba preocupada de su maquillaje. Son pequeños detalles que muestran la resiliencia de la gente.

Junto a esa fortaleza aparece también la dimensión espiritual. “Ha habido mucha gente encomendándose a Dios, dando gracias, rezando. Esa interioridad también ayuda a sostener a las personas cuando todo parece derrumbarse”.

Y, de pronto, surge en Rafael un recuerdo especialmente doloroso.

-Allá en mi país el béisbol es casi una segunda religión. Los niños juegan desde muy pequeños en una organización que se llama Criollitos de Venezuela. Justamente había un encuentro deportivo y murieron muchos niños. Esa es una tragedia enorme.

Desaparecer de los titulares

-¿Qué es lo más desolador y qué es lo más esperanzador que te deja esta tragedia?

-Lo más doloroso fue ver cómo algunas personas aprovecharon la tragedia para buscar bienes entre los escombros, dinero, joyas, pertenencias. Ese es un drama humano muy triste.

Pero enseguida vuelve a aquello que más lo impresiona.

-Lo más esperanzador sigue siendo la capacidad de la gente para salir de su propio dolor e ir a ayudar al vecino. Personas cuyo edificio se había derrumbado iban inmediatamente al de al lado a ver a quién podían rescatar. Ese impulso sigue vivo.

También destaca la ayuda internacional que llegó durante los primeros días. “Los equipos de rescate venían preparados con todo, incluso con su propia alimentación. Pero la gente insistía tanto en compartir lo poco que tenía con ellos que muchas veces terminaban comiendo lo que les ofrecían las familias venezolanas. Esa fuerza solidaria también hay que cuidarla”.

Antes de despedirse, le pedimos que haga un llamado concreto a sumarse a la campaña La Misión es Venezuela.

-Estamos muy esperanzados en que podamos ayudar a una reconstrucción digna. No solo de casas, sino también de vidas, de relaciones, de comunidades. Todo granito suma para este gran cerro de arena que queremos levantar entre todos.

Recuerda, además, que las tragedias desaparecen rápidamente de los titulares, aunque sus consecuencias duren años.

-Ese es el gran desafío. No cansarnos después de las primeras vueltas de la carrera. Venezuela va a necesitar un compromiso de largo aliento y esperamos que esta campaña pueda ser parte de ese camino.

Publicidad