PAÍS
Emergencia tras emergencia: los riesgos ocultos de la reconstrucción post-inundación
Mientras miles de personas se aprestan a limpiar escombros y palear barro tras el temporal, especialistas advierten sobre lesiones que pueden agravarse por la urgencia del momento.
Con la emergencia por el temporal aún activa en gran parte del país, una nueva fase crítica se avecina: el despeje de escombros y la reconstrucción.
Miles de personas comenzarán en los próximos días las labores de limpieza, paleando barro, retirando escombros y reparando los daños dejados por las lluvias torrenciales. Sin embargo, especialistas advierten que estas tareas, más allá del evidente esfuerzo físico, conllevan riesgos de lesiones que frecuentemente se pasan por alto debido a la urgencia del momento.
Los peligros van más allá del agua contaminada
Las estructuras con gas natural o licuado, hoy representan uno de los riesgos más altos en desastres de este tipo. Si no se toman los resguardos necesarios, los primeros minutos de aproximación a una vivienda siniestrada, pueden ser los últimos para quienes se aventuran a entrar sin lo necesario y sin conocimiento. Así lo advierte el ingeniero en prevención de la Universidad de la Frontera George Leclercq, que además es Bombero en Temuco. Advierte que los riesgos principalmente están en el desconocimiento de protocolos de seguridad. “ En un temporal, por ejemplo, el daño a los circuitos eléctricos representa el mayor peligro de todos, porque si alguien entra a una casa, sin haber cortado el suministro, se produce el accidente más temido de todos. Una descarga eléctrica que suele ser mortal” apuntó Leclercq.
El ingeniero de la UFRO, como bombero relata la experiencia de los voluntarios que se apegan a rigurosos protocolos para ingresar a una zona siniestrada. “ Nunca entramos de a uno a un terreno en escombros. Siempre debemos hacerlo de a dos o tres, incluso, dependiendo de la magnitud y la disponibilidad de bomberos en zona siniestrada. Eso, para resguardarnos unos a otros” puntualizar. Lo primero entonces es cortar los circuitos eléctricos y el suministro de gas.

Crédito: Foto de Juan Moccagatta.
El atuendo es clave
El ingeniero en prevención de riesgos y bombero George Leclercq enfatiza que antes de comenzar cualquier labor de limpieza es indispensable utilizar elementos de protección personal adecuados. “Las personas deben usar botas de seguridad impermeables, ya que las aguas de inundación pueden haber arrastrado vidrios, clavos u otros elementos cortopunzantes que no son visibles bajo el barro”, explica.
El especialista agrega que también es recomendable utilizar guantes de protección, no solo para prevenir cortes, sino porque las aguas de inundación pueden estar contaminadas con aguas servidas, residuos y otros agentes potencialmente infecciosos. Asimismo, aconseja el uso de trajes desechables o ropa de protección cuando las labores impliquen un contacto prolongado con barro o agua estancada, con el fin de reducir el riesgo de exposición a microorganismos y disminuir la posibilidad de infecciones.
Si bien, es ampliamente conocido que las aguas de inundación representan un riesgo por la presencia de objetos punzantes como vidrio y fragmentos metálicos como clavos y otros, existe una amenaza menos visible pero igualmente peligrosa: las lesiones músculo-esqueléticas.
La kinesióloga de la clinica CRL, Megan Denton Zarraonandia, con amplia experiencia explica que “este tipo de faenas se caracterizan por generar varias repeticiones de rotación de la columna al mover de un lado a otro los escombros, lo que termina sobrecargando esta estructura dando como resultado sobrecarga de la columna lumbar, generando así el clásico lumbago mecánico”.
Las lesiones más frecuentes en la reconstrucción
Según la especialista, los movimientos repetitivos característicos de las tareas de limpieza post-inundación generan principalmente dos tipos de lesiones:
Sobrecarga de columna lumbar: El “lumbago mecánico” producto de las repetidas rotaciones al mover escombros
Lesiones de miembro superior: Dolor subacromial o síndrome de manguito rotador, causados por movimientos repetitivos con los brazos
El peligro de “no parar”
Uno de los mayores riesgos surge cuando las personas, impulsadas por la urgencia de la situación, continúan trabajando pese al dolor. “Lo ideal en estos casos es escuchar al cuerpo, ya que este da señales de alarma”, advierte Denton. “Si tenemos el caso de que un individuo se siga esforzando pese al dolor, la lesión empeora”.
Señales de alarma que obligan a detenerse
Existen “banderas rojas” que, según la kinesióloga, deben hacer que cualquier persona detenga inmediatamente su actividad, sin importar qué tan urgente sea la tarea:
Imposibilidad funcional (no poder realizar el movimiento por sensación de bloqueo), crujido doloroso. Dolor superior a 5 en una escala de 10 y la aparición de hematomas.
Cuándo buscar atención médica
“Una de las señales más características que aparece sobre todo en lesiones de tendón asociadas a sobrecarga es el dolor en reposo post-actividad o al día siguiente”, explica la especialista. “Esto quiere decir sin lugar a dudas que hubo sobrecarga”.
Alternativas para no agravar las lesiones
Para quienes se encuentren en situaciones donde sienten que “no es momento” de atenderse, Denton ofrece dos alternativas prácticas. Una,cambiar el patrón de movimiento: “Esto deja descansar algunas estructuras que se sobre-esfuerzan y toman el protagonismo otras”.
Pedir ayuda “en una contingencia es donde más necesitamos que nuestro cuerpo nos dé el 100%, por lo tanto, si existe la presencia de otra persona que pueda ser de ayuda, no duden en solicitarla”.