Juego Limpio
El Mostrador
Cuando el agua desaparece: las lecciones que dejaron las sociedades antiguas
La crisis hídrica de Chile también tiene lecciones en el pasado. Evidencias del Holoceno muestran cómo distintas comunidades enfrentaron períodos de aridez mediante movilidad, cooperación y cambios en sus formas de subsistencia cuando los recursos dejaron de ser suficientes.
Chile enfrenta una crisis hídrica que ya no puede atribuirse únicamente a la falta de lluvias. Tras más de una década de megasequía, numerosas cuencas presentan un elevado estrés por la combinación del cambio climático, el aumento del consumo y la extracción intensiva de aguas subterráneas.
- Estudios recientes advierten que el bombeo excesivo explica buena parte del descenso de los acuíferos de la zona central y que su recuperación podría tardar décadas. La pregunta, entonces, no es solo de dónde obtener más agua, sino cuánto tiempo podrán sostenerse las actuales formas de habitar y producir en territorios cada vez más secos.
Aunque la magnitud de la crisis contemporánea parece inédita, la escasez de agua ha acompañado a las sociedades humanas durante miles de años. Un análisis difundido por el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), basado en evidencias arqueológicas y paleoambientales de Los Vilos, el desierto de Atacama y la Patagonia, reconstruye cómo distintas comunidades enfrentaron los cambios climáticos ocurridos durante el Holoceno, período iniciado hace unos 11.700 años. Los registros revelan sociedades capaces de modificar sus costumbres y aprovechar nuevas oportunidades, pero también muestran que la adaptación tenía un límite.
En la Pampa del Tamarugal, por ejemplo, las comunidades desarrollaron agricultura durante períodos de mayor humedad y lograron mantener sus cultivos pese a las oscilaciones del clima. Sin embargo, cuando llegó una fase de aridez más intensa, la estrategia dejó de funcionar y el territorio aparentemente quedó deshabitado. Siglos después, el retorno de condiciones más húmedas permitió que algunas familias volvieran a sembrar sobre antiguos campos prehispánicos. Para el investigador de CEAZA Antonio Maldonado, estos episodios demuestran la existencia de una memoria cultural que conserva conocimientos sobre dónde y cuándo es posible ocupar un territorio.
- La respuesta fue diferente en la costa de Los Vilos. Allí, los grupos cazadores-recolectores no permanecieron limitados al borde costero cuando comenzaron a escasear los recursos, sino que ampliaron su movilidad y fortalecieron sus relaciones con los valles interiores y la cordillera. En lugar de depender de un solo ambiente, diversificaron sus fuentes de alimento y extendieron sus redes de intercambio. En la Patagonia ocurrió otro proceso: cuando parte del bosque se abrió, las comunidades de la estepa avanzaron hacia el oeste y aprovecharon un paisaje en transformación, aunque todavía no se sabe si ellas participaron en esa apertura o simplemente respondieron a un cambio natural.
Las experiencias del Holoceno dejan una advertencia incómoda para el Chile actual: resistir no significa permanecer indefinidamente en el mismo lugar ni sostener las mismas actividades a cualquier costo. Las sociedades antiguas sobrevivieron porque fueron capaces de desplazarse, cooperar y cambiar sus formas de subsistencia; cuando esas alternativas se agotaron, debieron abandonar determinados territorios.
Hoy existen pozos profundos, embalses, plantas desaladoras y sistemas avanzados de riego, pero ninguna tecnología puede producir agua ilimitada. La lección del pasado es clara: la verdadera adaptación comienza cuando una sociedad reconoce los límites de su entorno y transforma a tiempo su manera de vivir en él.
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