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Lo que está en juego tras la presión de Estados Unidos hacia Chile

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Mientras EE.UU. aprieta y China mira cada movimiento, La Moneda intenta hacer algo bastante más complejo que escoger un bando: cooperar sin entregar el volante.


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Estados Unidos ya no ofrece solo cooperación antidrogas. Quiere una coalición operativa con Washington llevando la batuta. En Panamá, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, pidió más gasto militar, operaciones conjuntas y que los miembros de Escudo de las Américas abandonen la Corte Penal Internacional (CPI).

Pero el problema va bastante más allá de las drogas. Hegseth reivindicó el “corolario Trump” a la Doctrina Monroe, habló de impedir la influencia “maligna” de China, Rusia e Irán y dijo que el Comando Sur debe llevar capacidades militares contra las amenazas del hemisferio.

  • El 13 de agosto fue todavía más gráfico: sostuvo que Washington está dispuesto a aplicar contra los carteles las capacidades desarrolladas durante décadas para perseguir redes terroristas.

Gilberto Aranda, académico e investigador del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile y doctor en Estudios Latinoamericanos, ve en estos hechos una confrontación cada vez más bipolar en la que Estados Unidos busca frenar a China presionando a los países que comercian con Beijing. Chile termina “en un punto intermedio”, casi como un “peón de ajedrez” en una partida mayor.

  • Aranda pone además una alerta sobre la plata. Washington exige a los socios una inversión militar “sustancial” y advierte contra quienes pretendan beneficiarse de la seguridad sin aumentar sus propios recursos. “Una carrera armamentista en la región sería una distracción y un retroceso de décadas”, sostiene el académico.

El cientista político, exembajador y exsubsecretario de Defensa Gabriel Gaspar, aterriza el problema en las capacidades chilenas. “Desde hace algunos años, nuestras FF.AA. han sido sometidas a un proceso de restricción presupuestaria simultáneo al incremento de las misiones no militares”, señala. Y marca una diferencia central respecto de una alianza clásica: El Escudo “no está basado en un Tratado y por tanto no ha pasado por la aprobación de nuestro Congreso”.

  • Su lectura geopolítica tampoco pasa por una reedición automática del siglo XX. Habla de una “recomposición de hegemonía a escala global”, con Washington intentando bloquear la presencia china en áreas tecnológicas, de infraestructura y eventualmente militares. Y Chile no está solo en ese tironeo: Brasil, Perú, Bolivia y Argentina enfrentan, con distintos grados, el mismo problema.

La abogada y especialista en seguridad internacional Karen Meier, exjefa de la División de Relaciones Internacionales del Ministerio de Defensa, coincide en bajar la temperatura del concepto. Para la también presidenta de WIIS Chile (Women in International Security), estamos frente a una “competencia estratégica e integral”, entre una China que amplió su peso económico, tecnológico, político y militar y unos Estados Unidos empeñados en conservar su preeminencia.

  • La diferencia no es menor. No hay dos bloques ideológicos cerrados como durante la Guerra Fría, dice Meier, sino una pelea por comercio, cadenas de suministro, inteligencia artificial, minerales críticos y activos estratégicos. Para Chile, su receta es simple de formular y difícil de ejecutar: preservar “márgenes de autonomía y capacidad de decisión”frente a ambas potencias.

Ahí aparece el famoso “jamón del sándwich”. Washington aprieta por un lado y Beijing responde por el otro. Para Aranda, EE.UU. está privilegiando sus propios intereses de seguridad y prosperidad; China, naturalmente, hace lo mismo. La salida, plantea, es evitar que Chile termine convertido en peón y ampliar sus márgenes mediante cooperación con Europa, Canadá y otros actores.

Hay además un componente político que vuelve más áspero el paquete. Hegseth no habló solamente de carteles. En Panamá atacó a la “izquierda internacional”, los medios de izquierda, el marxismo, el socialismo y el comunismo, y ligó esa ofensiva con su llamado a abandonar la CPI. Su discurso mezcló así seguridad hemisférica, política exterior y enemigos ideológicos de la administración Trump.

  • La abogada internacionalista y profesora de la Academia Diplomática Paz Zárate tiene una lectura de mayor intensidad. Para la experta, la llamada “Doctrina Donroe” expresa una pretensión imperial de Estados Unidos sobre América Latina, visible tanto en el “Escudo de las Américas” —una alianza militar que subordinaría a sus integrantes a las prioridades y al mando estadounidense— como en las acusaciones comerciales contra Chile por sus vínculos con China.

Ante esta presión, defiende que Chile preserve su soberanía y dignidad, mantenga una actitud cautelosa frente a la alianza y responda con coraje, inteligencia estratégica y buen asesoramiento, aun cuando resistirse a ocupar el papel de “patio trasero” pueda acarrear represalias.

El dilema, entonces, no es si Chile debe cooperar contra el narcotráfico. Es hasta dónde. Escudo no es hoy una OTAN americana, pero Washington ya quiere operaciones, recursos y compromisos mucho más concretos que una declaración diplomática.

  • Y mientras EE.UU. aprieta y China mira cada movimiento, La Moneda intenta hacer algo bastante más complejo que escoger un bando: cooperar sin entregar el volante.

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