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Patricio Segura: el periodista “disconforme” que hizo de Aysén una causa

Patricio Segura: el periodista “disconforme” que hizo de Aysén una causa

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El periodista y defensor ambiental Patricio Segura falleció a los 54 años por hantavirus. Referente de Patagonia Sin Represas y del movimiento social de Aysén, hizo del periodismo y la defensa del territorio una misma causa.


El Mostrador Fuente Preferida

Dicen que los cambios los producen los disconformes”. Patricio Segura escribió esa frase en El Mostrador en noviembre de 2017, cuando HidroAysén terminaba definitivamente de derrumbarse después de más de una década de resistencia social. No hablaba solamente de cinco centrales hidroeléctricas que no se construirían sobre los ríos Baker y Pascua. Hablaba de algo bastante más ambicioso: cambiar el sentido común de una sociedad acostumbrada a mirar la naturaleza primero como una despensa y después, según sus propias palabras, como un vertedero.

Este viernes 21 de agosto, Segura falleció a los 54 años en el Hospital Dr. Guillermo Grant Benavente de Concepción, donde permanecía internado después de ser trasladado desde Coyhaique debido a un grave cuadro de hantavirus. La noticia comenzó a recorrer durante la tarde una Región de Aysén a cuya historia reciente estuvo profundamente ligado.

Periodista de profesión, formado en la Universidad Católica del Norte, Segura llegó a Coyhaique a fines de 1995, después de una breve estadía profesional en Santiago. Allí encontró el territorio desde el cual desarrollaría prácticamente toda su vida pública. Décadas después seguía describiendo su interés profesional de una forma que explicaba bastante bien esa decisión: contar historias sobre ese “aún desconocido territorio austral” y utilizar el periodismo y el compromiso ciudadano para profundizar la democracia, la sustentabilidad y los derechos humanos.

No fue una declaración retórica.

Durante tres décadas escribió sobre ciencia, turismo, corrupción, agua, energía, cambio climático y conflictos socioambientales. Publicó en medios regionales y nacionales, entre ellos El Mostrador, CIPER, La Nación, Le Monde Diplomatique y El Ciudadano, y llegó también a publicar trabajos en Science y Nature. Fue dirigente del Colegio de Periodistas y presidente de la Corporación para el Desarrollo de Aysén.

Pero probablemente su nombre quedará vinculado a la causa Patagonia Sin Represas.

Desde mediados de los años 2000 fue uno de los rostros de la resistencia a HidroAysén y parte de la Coalición Ciudadana por Aysén Reserva de Vida. En aquellos años, cuando la construcción de grandes represas en los ríos Baker y Pascua todavía era presentada como una consecuencia prácticamente inevitable de las necesidades energéticas de Chile, Segura estuvo entre quienes insistieron en que el debate no podía reducirse a megawatts, inversión y crecimiento.

La pregunta, sostenía, era otra: qué modelo de desarrollo quería Chile y quién tenía derecho a decidir sobre el futuro de los territorios.

HidroAysén finalmente no se construyó. Pero Segura nunca interpretó aquello como el término de una lucha. Cuando el proyecto quedó definitivamente sepultado escribió que la verdadera tarea no era “bajar un proyecto”, obtener una resolución favorable ni siquiera cambiar una ley o una Constitución. “El trabajo de fondo es cambiar el sentido común”, insistió.

Esa concepción explica por qué tampoco se quedó encerrado en una sola causa ambiental.

En 2012 integró la mesa del Movimiento Social por Aysén, la movilización que bajo la consigna “Tu problema es mi problema” puso sobre la mesa demandas por el alto costo de vida, salud, conectividad, combustibles, pesca y descentralización. Segura entendía que la protección de los ecosistemas y la dignidad de quienes los habitaban eran parte de una misma discusión. Años después seguía defendiendo que las comunidades no podían continuar siendo simples receptoras de decisiones adoptadas lejos de sus territorios.

Esa preocupación recorrió también sus columnas en El Mostrador.

Escribió sobre el Código de Aguas, las termoeléctricas a carbón, las energías renovables, la COP25, la protección de la biodiversidad, una Constitución ecológica, la concentración de los medios de comunicación, los proyectos mineros y las amenazas sobre la Patagonia. Su archivo en este medio muestra algo más que una especialización temática: muestra una manera persistente de observar la actualidad desde los territorios, cuestionando la idea de que desarrollo y crecimiento fueran conceptos suficientes para decidir qué hacer con un río, un bosque o una comunidad.

Segura podía ser duro en esas discusiones. Nunca escondió sus convicciones. Pero tampoco concebía la transformación social simplemente como la eliminación del adversario. En una de sus columnas escribió que construir mayorías requería reconocer diferencias, saber cuáles eran los principios imprescindibles y estar disponible para dialogar y ceder en aquello que no lo era. “De eso trata, también, la acción política”, decía.

Ese rasgo ayuda a entender por qué su trayectoria excedió ampliamente la etiqueta de “ambientalista”.

Era periodista y era dirigente. Investigaba y tomaba posición. Informaba sobre conflictos de los cuales muchas veces también formaba parte. Nunca pareció considerar esas dimensiones como mundos completamente separados. Su apuesta estaba explicitada en su propia presentación profesional: incidir, desde su condición de periodista y ciudadano, en las decisiones públicas que afectaban a la Patagonia y más allá de ella.

Quizás por eso, entre las muchas frases que dejó escritas, aquella de 2017 resulta especialmente apropiada para despedirlo. Y por eso conviene repetirlo.

Dicen que los cambios los producen los disconformes”.

 

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