PAÍS
Magallanes: coincidencias que se estrechan
El ministro de Defensa argentino aseguró que “no está en discusión” la soberanía chilena sobre el Estrecho y atribuyó los dichos de Gustavo Valverde a una “confusión y desprolijidad”. En Chile advierten que la sucesión de episodios similares ya configura una señal que merece atención.
¿Cuándo una sucesión de errores, desprolijidades o confusiones deja de ser una serie de episodios aislados y empieza a constituir un patrón que Chile debe tomar en serio?
La pregunta vuelve a instalarse después de que el ministro de Defensa argentino, Carlos Alberto Presti, tuviera que llamar a su par, Fernando Barros, para aclarar los dichos del jefe de la Fuerza Aérea trasandina, Gustavo Valverde. Presti atribuyó sus palabras a una “confusión y desprolijidad” y fue categórico: “no está en discusión que el Estrecho de Magallanes es chileno”. Con ello, Buenos Aires corrigió públicamente a uno de sus máximos mandos militares y permitió bajar la temperatura de un episodio que había escalado rápidamente.
- El problema es que Valverde no fue el primero. En abril, el jefe del Servicio de Hidrografía Naval argentino, contraalmirante Hernán Montero, había afirmado que “la boca de Magallanes es argentina”, mientras que en 2021 una Directiva de Política de Defensa argentina había incorporado la “exploración, estudio y control conjunto” del Estrecho de Magallanes y el Mar de Hoces, antecedente que ya había provocado una protesta chilena. A ello se suman otros episodios recientes, como el incidente de infraestructura militar argentina que en 2024 traspasó algunos metros el límite chileno.
Tomados por separado, pueden ser errores; observados en secuencia, explican por qué en Magallanes existe preocupación por una eventual continuidad.
Es justamente esa lectura la que ha planteado el alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, quien ha pedido no considerar el episodio como un hecho aislado. “Esto no es algo espontáneo. La ingenuidad tiene un límite”, sostuvo, reclamando que Argentina explicite que tanto el Estrecho como sus costas están bajo soberanía chilena y que Chile refuerce su presencia en el extremo austral.
- Su posición coincide con la advertencia formulada por la internacionalista Paz Zárate, quien antes de la aclaración del ministro Presti cuestionó que la primera respuesta argentina pudiera ser considerada suficiente y advirtió sobre el riesgo de que Chile interpretara demasiado rápidamente como un cierre definitivo lo que requería una lectura más cuidadosa.
La paradoja es que La Moneda ha optado por una lectura, que algunos califican como naif. El Presidente José Antonio Kast agradeció la respuesta argentina y sostuvo que ella reconocía la soberanía chilena sobre el Estrecho. Ahora, después de la llamada entre los ministros de Defensa, ambos gobiernos dieron formalmente por superado el incidente.
- Jurídicamente, la posición no es discutible: los tratados de 1881 y 1984 están vigentes y Argentina acaba de reafirmarlos, mientras su ministro de Defensa declaró expresamente que la soberanía chilena sobre el Estrecho no está en discusión.
Pero el debate político es otro: qué hacer con la reiteración de declaraciones provenientes de autoridades argentinas que obligan periódicamente a Chile a recordar una soberanía que, en teoría, nadie debiera poner en duda.
- En ese punto aparece también un flanco comunicacional para la Cancillería chilena. No es que el canciller Francisco Pérez Mackenna haya estado completamente ausente: respondió con un video tipo TikTok a Valverce y calificó de “indiscutible” la soberanía chilena sobre el Estrecho.
Pero en una materia que corresponde directamente a Relaciones Exteriores, la iniciativa terminó desplazándose hacia La Moneda y, finalmente, hacia Defensa, cuyo ministro fue quien recibió la llamada de su contraparte argentina y terminó encabezando el cierre del episodio.
- La imagen que queda es, al menos, la de una Cancillería que no ha tenido el protagonismo político que naturalmente debiera corresponderle en una controversia de soberanía.
El episodio, por tanto, puede darse por cerrado diplomáticamente, pero no necesariamente como asunto estratégico.
Argentina corrigió a su jefe militar, reconoció expresamente que el Estrecho de Magallanes es chileno y ambos gobiernos acordaron pasar la página. Eso es positivo y debe ser consignado. Pero también es legítimo preguntarse cuándo una acumulación de declaraciones, documentos y episodios deja de ser una colección de “errores” y empieza a exigir una respuesta de Estado más sistemática.
- El desafío para Chile no es administrar una crisis con Argentina, sino evitar que la buena relación entre ambos gobiernos termine confundiendo cooperación con ingenuidad geopolítica.
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