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La red que falta: el desafío de llevar la transición energética a todo Chile Juego Limpio El Mostrador

La red que falta: el desafío de llevar la transición energética a todo Chile

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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La expansión de las energías renovables enfrenta un desafío clave: una red de transmisión que no crece al mismo ritmo. Javier Tapia plantea que Chile deberá duplicar su capacidad hacia 2040, acelerar proyectos y modernizar la infraestructura para avanzar en la descarbonización.


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La electrificación avanza más rápido que la infraestructura que debe sostenerla. Mientras Chile incorpora generación solar y eólica, aumenta el consumo eléctrico y enfrenta fenómenos climáticos más extremos, las líneas de transmisión siguen requiriendo años para construirse.

Para Javier Tapia, director ejecutivo de Transmisoras de Chile, el desafío no es solo levantar nuevas líneas, sino modernizar y hacer más resiliente una red que será decisiva para la descarbonización.

  • Es en este contexto en que se realizará este miércoles 2 de septiembre el Seminario Internacional “Experiencias Globales para las Redes de Chile”, organizado por Transmisoras de Chile, que reunirá experiencias de Estados Unidos, Reino Unido y América Latina, además de representantes del sistema eléctrico chileno. El encuentro abordará precisamente cómo planificar, expandir y modernizar redes frente a una transición energética que ya está en marcha.

Para entender la importancia de estas redes, para Juego Limpio Tapia propone imaginar el sistema eléctrico como una gran carretera. La generación produce la electricidad; la distribución la lleva hasta las ciudades y hogares; y entre ambas está la transmisión, que conecta los grandes centros de generación con los lugares donde se consume.

  • En un país largo como Chile, esa conexión adquiere una importancia particular: buena parte de la nueva generación solar está en el norte, mientras que los principales centros de consumo se encuentran más al centro y sur. “Si donde se produce esa energía eléctrica está cada vez más lejos (…) necesitamos estas grandes carreteras”, explica. Y la brecha se ha ido haciendo evidente porque las plantas solares pueden levantarse en uno o dos años, mientras una línea importante puede tardar entre siete y diez.

El problema, dice Tapia, no es exclusivo de Chile, pero aquí adquiere una dimensión particular por la velocidad con que se ha desarrollado la generación renovable. La transmisión, en cambio, está quedándose atrás. “Estamos produciendo lejos y estamos consumiendo en otro lugar y necesitamos esa carretera”, señala. Para la asociación, Chile necesitaría aproximadamente duplicar su capacidad de transmisión hacia la década de 2040, no solo para acompañar la descarbonización, sino también por el crecimiento de la demanda asociado a la minería, los hogares y nuevas cargas como los centros de datos. El desafío, además, es que parte de esa infraestructura deberá resistir condiciones climáticas que están cambiando: “Necesitamos reasegurar las líneas”, plantea Tapia, vinculando transmisión, seguridad energética y resiliencia.

  • Hay también una segunda dificultad: cómo se perciben esas obras. Las líneas suelen entrar al debate público por su impacto territorial y paisajístico, mientras que su contribución a la transición energética queda en segundo plano.
  • Tapia reconoce que durante la construcción existen impactos de los que las empresas deben hacerse cargo, pero sostiene que la discusión también debe incorporar nuevas tecnologías para aprovechar mejor la infraestructura existente.
  • Eso incluye reemplazar conductores por otros de mayor capacidad o incorporar tecnología en las propias líneas. “Necesitamos mucha construcción de transmisión”, aclara, pero al mismo tiempo se puede transportar más electricidad utilizando de mejor manera las redes que ya existen. El objetivo es que una mayor disponibilidad de infraestructura permita también aprovechar energía renovable que hoy no siempre puede llegar hasta los consumidores.

Entre los proyectos que el gremio considera estratégicos está Kimal-Lo Aguirre, que Tapia define como “probablemente el proyecto central que tenemos hoy día”. La iniciativa, según explica, permitirá aumentar la capacidad de transportar energía desde el norte hacia los grandes centros de consumo y utiliza una tecnología que permite transportar mayores cantidades de electricidad con menos torres que una alternativa equivalente.

  • Tapia estima una inversión de US$1.500 millones y más de 7.000 empleos durante su construcción. Pero la transmisión no será la única respuesta: también habrá que combinar nuevas líneas con almacenamiento mediante baterías y una modernización de las redes de distribución. “Esto va a ser un mix tecnológico, finalmente”, resume.

El cuello de botella está, en buena medida, en los tiempos. De esos siete a diez años que puede requerir una línea importante, Tapia estima que aproximadamente la mitad corresponde a construcción y el resto a permisos y tramitación. El problema, sostiene, no es necesariamente la existencia de cada permiso, sino que durante años algunos procedimientos se tramitaron de manera secuencial cuando podían avanzar en paralelo, generando una “maraña” burocrática.

El ejecutivo reconoce avances recientes en esta materia y destaca el trabajo realizado por los gobiernos, aunque plantea que la planificación estatal también debe acelerarse: “La planificación se está quedando un poquito corta”.

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