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Foto: Portal Gaia
¿Realidad o delirio? Lemuria, el “país” que apareció tras insólito procedimiento en Lampa
El país al que alegaba pertenecer el detenido no existe, pero sí existen teorías científicas obsoletas y proposiciones seudocientíficas sobre este continente, supuestamente sumergido bajo el océano Índico.
Si se habla de la República de Lemuria, cabe aclarar inmediatamente que no es un país o Estado reconocido.
Esto, acorde al derecho internacional y la geografía mundial. Dicha inexistencia rige para todos, menos para Martín Carlos Adrián Lemurión, hombre de 51 años que fue detenido en un extrañísimo procedimiento policial en la comuna de Lampa.
Lemurión fue detenido en la Ruta 5 Norte en una fiscalización por circular en su auto con placas patentes de Menda, una región de Lemuria. Sin embargo, alegó inmediatamente que su arresto es improcedente porque pertenecería al cuerpo diplomático de la nación lemuriana. Carabineros no le hizo caso y le detuvo por falsificación de instrumento público, usurpación de identidad y ocultación de identidad.
Realismo mágico aparte, cabe preguntarse la veracidad de Lemuria y si es que tiene sustento real el deseo del lampino.
Aunque el presunto diplomático hablaba de la “República” de Lemuria, el origen no tiene que ver con credenciales democráticas sino con la pseudociencia.
Lemuria refiere a la hipótesis científica del zoólógo inglés Philip Sclater, propuesta en 1864. Esta teoría era una especie de “parche” en la línea del tiempo mundial, ya que intentaba explicar la presencia de lémures y fósiles de estos primates en lugares tan distantes como Madagascar o la India por medio de una masa terrestre, hoy sumergida en el océano Índico.
El avance de las ciencias y la investigación geológica permitió el desarrollo de teorías como la deriva continental o la tectónica de placas. Estos paradigmas científicos hicieron innecesaria la existencia de Lemuria, explicando que las similitudes entre India y Madagascar se debían a que ambos lugares formaron parte del supercontinente Gondwana.
Lemuria, pese a ello, revivió en el ámbito de la pseudociencia con suma fuerza. Oculistas de la talla de Helena Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica, asentaron sus estudios en base a este continente perdido, sin ningún sentido científico.