PAÍS
Cabo de Hornos y Mar de Drake: ciencia y conservación refuerzan la presencia austral de Chile
Casi tres décadas de investigación desde Puerto Williams permitieron crear la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos y consolidar capacidades científicas permanentes. Ahora, una propuesta busca ampliarla hasta el Mar de Drake y fortalecer la proyección chilena hacia la Antártica.
Hace 27 años, Cabo de Hornos era todavía un territorio escasamente estudiado en varias dimensiones de su biodiversidad. Además, su singularidad tendía a diluirse bajo la noción amplia de “Patagonia”, sin que se reconocieran plenamente las particularidades ecológicas y bioculturales que hoy permiten comprenderlo como parte de una ecorregión subantártica con identidad propia.
Desde una perspectiva que integra las ciencias ecológicas, la filosofía ambiental, la educación y el arte, el ecólogo y filósofo chileno Ricardo Rozzi, desde el Parque Omora y la Universidad de Magallanes (UMAG), lideró un equipo de investigadores y profesionales que, en colaboración con el Estado de Chile, impulsó la creación de la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos. Esta reserva reconocida el 2005 por Unesco promueve la sustentabilidad ambiental, económica y social en el extremo austral de América.
En consonancia con esta visión integradora —que vincula conservación, investigación científica, desarrollo sostenible y el bienestar de las comunidades humanas y no humanas— actualmente se busca ampliar esta Reserva de la Biosfera hasta el Paso Drake, incorporando el Parque Nacional Islas Diego Ramírez-Paso Drake, iniciativa también impulsada por Rozzi y su equipo en el 2016 y concretada el 2019.
¿Por qué Cabo de Hornos?
A comienzos de este siglo, Cabo de Hornos era reconocido mundialmente por su geografía extrema, su historia de navegación y su condición austral. Pero una parte relevante de su singularidad biológica seguía siendo poco visibilizada para la ciencia debido a la “poca riqueza florística”; es cierto, hay pocas especies de árboles. Fue en ese escenario donde Ricardo Rozzi comenzó a impulsar una forma de aproximarse al territorio que se explica por su historia personal.
Nacido en Santiago en 1960, estudió música desde niño, luego medicina en la Pontificia Universidad Católica y en 1983 cambió de rumbo para estudiar Biología y Filosofía, motivado por una concepción de la salud que incorporaba también el entorno natural y cultural. Su formación posterior atravesó la botánica, la ecología, la ética ambiental y la filosofía, combinación que más tarde marcaría su trabajo en conservación biocultural.
Desde 1999 concentró su trabajo en los bosques templados del sur de Sudamérica y en el conocimiento ecológico mapuche y yagán. Un año después, ya radicado en Magallanes, lideró la creación del Parque Omora en Puerto Williams al alero de la UMAG y la Fundación Omora. El Parque Omora se transformó en una base territorial para producir conocimiento de largo plazo desde uno de los confines del continente.
“Desde el inicio, la propuesta para Cabo de Hornos buscó una sustentabilidad social que recogiera una historia que comienza con el pueblo yagán y continúa con el Estado de Chile, haciéndose cargo de la administración del territorio y el maritorio. La propuesta fue un ordenamiento territorial que integrara las dimensiones social, económica y ambiental, priorizando actividades como el turismo y la pesca”, comentó Ricardo Rozzi, director de investigación del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC).
La Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos
Una de las claves de ese proceso estuvo en mirar aquello que había recibido menor atención: un “cambio de lentes”. Las investigaciones desarrolladas por el equipo de Rozzi revelaron una riqueza excepcional de musgos, hepáticas y líquenes, altos niveles de endemismo y relaciones biogeográficas con ambientes antárticos, subantárticos, gondwánicos, neotropicales y altoandinos. Esa evidencia permitió sostener que el extremo austral no era solamente una prolongación remota de la Patagonia, sino una ecorregión con singularidades propias y relevancia mundial. Esta aproximación innovadora integra las ciencias ecológicas, cultura, educación y conservación, expresada luego en conceptos como ecorregión subantártica, conservación biocultural, ética ambiental, filosofía ambiental de campo y el “ecoturismo con lupa”.
El paso decisivo fue transformar ese conocimiento en una propuesta territorial. Durante los primeros años de la década de 2000 se levantaron antecedentes de biodiversidad, se identificaron sitios prioritarios y se diseñó una propuesta de Reserva de la Biosfera. Los documentos de la época muestran un proceso colectivo en el que participaron la UMAG, Conama, Conaf, la Gobernación Provincial, la Municipalidad de Cabo de Hornos, Bienes Nacionales, la Armada de Chile, Difrol, el Ministerio de Relaciones exteriores, organismos sectoriales, científicos nacionales e internacionales y miembros de la comunidad local.
Dentro de esa construcción, junto a Francisca Massardo, actual directora del CHIC, y una amplia red de investigadores, Rozzi aparece como uno de los principales articuladores científicos e intelectuales. La propuesta fue presentada por el Gobierno de Chile y con esa visión de Estado en junio de 2005, la Unesco reconoció la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos.
Ese hito no fue un hecho aislado. Fue la primera gran materialización internacional de una visión articulada: producir conocimiento desde el territorio, convertirlo en un fundamento para la conservación y, al mismo tiempo, vincularlo con la planificación, el desarrollo local y la gobernanza. La Reserva de la Biosfera con casi 5 millones de hectáreas terrestres y marinas estableció zonas núcleo, de amortiguación y de transición, buscando compatibilizar la protección estricta con actividades económicas, como la pesca artesanal, el turismo y el desarrollo local.
El rector de la UMAG, José Maripani, comentó que “el liderazgo de Ricardo Rozzi ha ayudado a convertir una idea científica en una institucionalidad que hoy pertenece a la universidad, a la región y también al país. No se trata solo de hacer investigación individual, sino de generar mecanismos fuertes y sostenibles que trasciendan a las personas, conectando investigación, educación y conservación”.
La singularidad científica tuvo además una expresión inédita: Cabo de Hornos fue la primera reserva de la biosfera declarada por la relevancia de briófitas y líquenes. Así, gracias a las pequeñas plantas no vasculares y líquenes, se configuró una nueva visión del extremo austral protegido y conservado como zona prístina a nivel internacional.
El territorio y maritorio al 2026
La pregunta, entonces, era si tal declaración podría convertirse en una visión de política pública permanente, que al integrar a las instituciones públicas trascienda gobiernos y se instale como una visión de Estado desde el sur de la Isla de Tierra del Fuego hasta el mar del Drake.
Hoy existen evidencias y resultados de la colaboración entre la academia y el Estado que dan señales concretas de continuidad y de importancia para el Estado.
El Parque Omora funciona como estación biológica desde el 2000; desde el 2008 forma parte de la Red Chilena de Estudios Socio-Ecológicos de Largo Plazo y desde el 2011 integra la red internacional de sitios de estudios de largo plazo (ILTER). En ese espacio se ha mantenido además un programa de monitoreo de aves de más de 27 años con más de 20 mil anillamientos, permitiendo estudiar aves residentes y migratorias hasta Brasil y Argentina, y con Torres Motus para el estudio de aves que migran entre Cabo de Hornos y Alaska.
La capacidad de monitoreo se extendió y consolidó territorialmente: Chile cuenta con una Red LTER-Cabo de Hornos con cuatro sitios: Caleta Dos de Mayo en Yendegaia, el Parque Omora, la Isla Hornos y la Isla Gonzalo en las Islas Diego Ramírez, (el sitio de monitoreo permanente chileno más austral antes de la Antártica). La Red LTER-Cabo de Hornos detecta variables atmosféricas y ecosistémicas con tecnologías de punta. La presencia científica en el territorio requiere además una logística poco habitual, porque para acceder y mantener sitios remotos en la Isla Hornos o en Diego Ramírez, la red trabaja con apoyo de Carabineros y de la Armada de Chile. En ese punto, la idea de “presencia” deja de ser abstracta: significa investigadores, estaciones, series de datos y capacidad de observación permanente en el extremo austral.
Esa trayectoria también adquirió una escala institucional mayor. El proceso de la construcción del Centro Subantártico Cabo de Hornos, iniciado el 2010 con la entrega de la infraestructura el 2022 y la adjudicación el 2021 del Centro Basal Cape Horn International Center –CHIC-, fueron procesos liderados por Ricardo Rozzi. Albergado por la UMAG junto a seis universidades chilenas y numerosas extranjeras asociadas, el CHIC llevó la línea de trabajo a una nueva escala.
“Para Chile, sostener ciencia permanente en Cabo de Hornos significa contar con conocimientos propios, series de largo plazo, capital humano y presencia efectiva en un territorio geopolíticamente importante para nuestro país por su cercanía con la Antártica. Una expedición toma una fotografía, pero una institución científica permanente permite comprender la película completa de los cambios climáticos”, agregó José Maripani.
Pero la administración de la comuna no es igual a aquella del 2005. Se crearon el Parque Nacional (PN) Yendegaia el 2013 y el PN Islas Diego Ramírez-Paso Drake el 2019. Aumentaron la conectividad, la infraestructura y las presiones asociadas al turismo. El 2017, la Unesco recomendó a Chile actualizar la reserva de la biosfera e integrar las nuevas áreas protegidas y los cambios institucionales ocurridos desde su creación.
Esa recomendación está en la base de la actual propuesta de ampliación y rezonificación. El Informe Científico-Técnico levantado por el CHIC-UMAG plantea transitar desde las actuales 4.907.477 hectáreas a 22.658.170 hectáreas, fundamentalmente con la expansión marina hacia el sur incorporando el PN Diego Ramírez-Paso Drake. También propone actualizar la zonificación del PN Yendegaia, Parque Omora y áreas terrestres y marinas vinculadas a los PN Alberto de Agostini y Cabo de Hornos.
La propuesta ha sido aprobada por las instituciones públicas que integran el Subcomité Local de la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos, presidido por el Alcalde Patricio Fernández. Su objetivo es responder a la recomendación de la Unesco y articular bajo una misma plataforma de conservación y gobernanza un territorio que se extiende desde el sur de Tierra del Fuego hasta el Mar de Drake.
En esta nueva etapa reaparece con mayor fuerza una dimensión estratégica. El propio informe sostiene que la ampliación puede fortalecer los “intereses permanentes de Chile” en el extremo austral, consolidar la presencia estatal y reforzar la proyección del país hacia el Mar de Drake y la Antártica. Puerto Williams es descrito, además, como un nodo para la conectividad, el turismo, la pesca y la defensa nacional.
“La incorporación de las islas Diego Ramírez y el Mar de Drake estaba planteada desde la propuesta original como una segunda etapa. Para implementar esta visión, durante 25 años se ha construido en Puerto Williams, capital de la Provincia Antártica Chilena, el centro científico más austral del mundo: el Centro Internacional Cabo de Hornos. Es una propuesta que nació desde el trabajo local y que posteriormente fue gestionada y validada a nivel regional y nacional”, agregó Ricardo Rozzi.
Reducir toda esta historia a una sola persona sería incorrecto. La reserva de la biosfera, Omora, el CHIC y las nuevas áreas protegidas son resultado de una construcción colectiva que durante más de dos décadas involucró a científicos chilenos y extranjeros y a sus instituciones, con cientos de estudiantes formados, voluntarios, autoridades de varios gobiernos, servicios públicos, fuerzas del Estado y actores locales, con la colaboración permanente de la Armada de Chile y de Carabineros de Chile.
Sin embargo, las iniciativas lideradas por Ricardo Rozzi no son aisladas, revelan el aporte de la investigación a la construcción de una visión de largo plazo del territorio enfocada hacia la conservación biocultural sustentable. Desde la producción de conocimiento sobre una biodiversidad poco percibida, pasando por un territorio y maritorio reconocido por la Unesco en 2005, hasta la instalación de capacidades científicas permanentes y la actual propuesta de ampliación hacia el Mar de Drake, la trayectoria de investigación de Rozzi aparece asociada a una misma idea: conocer un territorio es también una forma de conservarlo, construir una imagen y visión duraderas en él.
Más de veinticinco años después, la pregunta ya no es solamente cuánto queda por conocer en Cabo de Hornos. Es: cuánto de ese conocimiento puede seguir transformándose en políticas de Estado para la conservación del mundo natural en el largo plazo, con decisiones, apoyo de instituciones y la presencia efectiva de Chile en su extremo austral.
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