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Instituto para una Sociedad Libre retoma actividades con alerta sobre libertad de expresión PAÍS

Instituto para una Sociedad Libre retoma actividades con alerta sobre libertad de expresión

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La entidad fundada en 1982 inició una nueva etapa con un conversatorio que reunió a Pedro Cateriano, Bieito Rubido y Cristián Warnken. Los expositores advirtieron sobre la cultura de la cancelación, la erosión democrática y la reducción de espacios para disentir. [ACTUALIZADO]


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El Instituto para una Sociedad Libre retomó sus actividades con un conversatorio organizado junto con Faro UDD sobre libertad de expresión y cultura de la cancelación. Pedro Cateriano, Bieito Rubido y Cristián Warnken analizaron las restricciones al debate público y los riesgos de reducir los espacios para disentir. La entidad, fundada en 1982 y presidida por Hernán Larraín, busca reactivar una agenda de estudio y formación sobre democracia, pluralismo, rol del Estado y bien común.
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El Instituto para una Sociedad Libre (ISL), fundado en 1982, retomó sus actividades con una agenda dedicada al estudio, la formación y la difusión de ideas sobre libertad, democracia y pluralismo. El inicio de esta nueva etapa estuvo marcado por un conversatorio sobre libertad de expresión y cultura de la cancelación.

El encuentro, organizado junto con Faro UDD y realizado en Santiago, reunió al expresidente del Consejo de Ministros del Perú Pedro Cateriano; al director del diario digital español El Debate, Bieito Rubido; y al escritor y profesor investigador de Faro UDD Cristián Warnken. La discusión abordó los efectos de la cancelación sobre la disposición a expresar opiniones, confrontar argumentos y convivir en pluralismo.

El director ejecutivo de Faro UDD, Ernesto Silva, advirtió que las amenazas contra la democracia operan de manera gradual. “Las democracias ya no están muriendo por quiebre, están muriendo por erosión”, afirmó. A su juicio, el proceso comienza cuando autoridades elegidas democráticamente limitan progresivamente las posibilidades de expresar, disentir y fiscalizar, hasta reducir el espacio para la crítica.

Desde su experiencia política en América Latina, Cateriano destacó la importancia de las garantías informativas frente a las tentaciones autoritarias. El exjefe del gabinete peruano recordó que vivió su adolescencia bajo la dictadura de Juan Velasco Alvarado, régimen que tomó el control de los medios de comunicación y restringió la libertad de expresión.

El debate sobre la cancelación

Rubido reivindicó el ejercicio de la libertad individual sin censuras sociales ni condicionamientos externos. “Yo defiendo mi libertad de decir lo que creo conveniente y que no se me critique por decirlo o no decirlo. Eso es de verdad la libertad”, sostuvo el periodista español.

Warnken, en tanto, vinculó la cultura de la cancelación con su experiencia durante el proceso constituyente chileno. “Para el proceso constituyente descubrí que quienes eran las víctimas —la izquierda— se pueden convertir rápidamente en los victimarios. Que quienes decían ser los adalides de la libertad pueden ser quienes la suprimen con la cancelación”, señaló.

El presidente del ISL, Hernán Larraín, recordó los principios que impulsaron la creación de la entidad y llamó a fortalecer una sociedad basada en la libertad, el desarrollo de la sociedad civil y el respeto de los derechos fundamentales.

El instituto fue creado el 31 de agosto de 1982 y tuvo a Larraín como su primer presidente. En su etapa inicial reunió a abogados, académicos, economistas, empresarios y profesionales ligados al mundo gremialista. Entre sus fundadores y participantes estuvieron Jaime Guzmán, Juan Antonio Coloma, Patricia Matte, Álvaro Donoso, Guillermo Pumpin, Arturo Yrarrázaval, Raúl Bertelsen y Aníbal Vial.

Con su reactivación, el ISL busca recuperar esa tradición de pensamiento y abrir espacios de investigación, formación y debate sobre el rol del Estado, la relación entre libertad y responsabilidad, y las condiciones necesarias para alcanzar el bien común. El conversatorio concluyó con un llamado a fortalecer la capacidad cultural de las sociedades para procesar el desacuerdo y mantener espacios abiertos al intercambio de ideas.

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