Publicidad
Del poroto al prototipo: la ciencia escolar que estamos subestimando Juego Limpio El Mostrador

Del poroto al prototipo: la ciencia escolar que estamos subestimando

Publicidad
Paúl Gómez-Canchong
Por : Paúl Gómez-Canchong Coordinador de Divulgación y Educación Científica del Centro COPAS Coastal, Universidad de Concepción y Presidente del Grupo de Trabajo en Cultura Oceánica del Comité Oceanográfico Nacional (CONA).
Ver Más

El coordinador de Educación y Divulgación Científica del Centro COPAS Coastal, Paul Gómez-Canchong, reflexiona sobre una generación de escolares que utiliza nuevas herramientas para investigar, desarrollar prototipos y buscar soluciones a problemas reales.


El Mostrador Fuente Preferida

Columna de Paul Gómez-Canchong. Coordinador Educación y Divulgación Científica en Centro COPAS Coastal, Universidad de Concepción.

Cuando yo era escolar, el taller de ciencia consistía, casi siempre, en hacer crecer un poroto en un vaso con algodón húmedo. A mí me creció y durante años lo consideré mi primer éxito científico. Mirado con distancia, era un logro bastante modesto: con agua, luz y algo de paciencia, el poroto tenía buenas probabilidades de crecer. No había demasiado que diseñar, decidir o resolver. Había, principalmente, que esperar. Y aun así, a varios no les crecía.

Pensé bastante en ese poroto este 24 de agosto, durante la primera edición nacional del Chile Brilliant Blue Challenge. Ocho equipos y treinta estudiantes de entre 12 y 18 años, la mitad mujeres y la mitad varones, provenientes de distintas regiones del país, presentaron proyectos desarrollados para enfrentar problemas reales relacionados con el océano.

Tuve la oportunidad de acompañar el proceso durante varios meses, observando cómo las ideas iniciales se transformaban, poco a poco, en prototipos funcionales. Y lo que vi no fue una versión tecnológicamente más sofisticada del poroto. Fue otra cosa.

Vi estudiantes liderando equipos con una soltura que muchas veces cuesta encontrar incluso entre adultos. Vi jóvenes de 15, 16 o 17 años utilizando las redes sociales con estrategia para conseguir apoyo y financiamiento para sus propios proyectos, sin que nadie les hubiera indicado que debían hacerlo. Vi a una joven armando un equipo multicolegios para desarrollar su idea de proyecto. Vi equipos incorporando herramientas de inteligencia artificial, con criterio, como apoyo para investigar, diseñar y mejorar sus soluciones. Nada de eso estaba en el manual del poroto.

Y no se trata de una experiencia aislada.

He participado en numerosas ocasiones como evaluador o asesor de proyectos del Congreso de Investigación e Innovación Escolar del Programa Explora, incluso cuando este se encontraba bajo el alero del Ministerio de Educación. Allí he visto una y otra vez el mismo fenómeno: niñas, niños y adolescentes capaces de observar su entorno, identificar un problema, hacerse preguntas y trabajar rigurosamente para buscar una solución.

Lo que ha cambiado durante estos años no es el talento. Ese siempre estuvo.

Lo que cambió son las herramientas disponibles para desplegarlo.

Antes, muchas buenas ideas chocaban rápidamente contra un techo de recursos. Sin financiamiento, contactos, equipamiento o acceso suficiente a información, podían terminar inevitablemente en una cartulina expuesta en una feria científica. Hoy, un estudiante lleva en el bolsillo acceso a información, herramientas digitales, redes para contactar especialistas o buscar financiamiento y modelos de inteligencia artificial capaces de acelerar parte de su proceso de investigación y diseño.

El techo se movió. Y se movió rápido.

Pero que se haya movido no significa que haya desaparecido.

Los tres equipos ganadores del Chile Brilliant Blue Challenge clasificaron a la final mundial de la competencia, que se realizará entre el 16 y el 18 de octubre en Dartmouth, Canadá. Son estudiantes que ya demostraron tener las capacidades, la disciplina y el liderazgo necesarios para representar a Chile. Sin embargo, a pocas semanas de esa final, todavía estamos buscando los recursos que permitan que todos puedan viajar.

La anécdota de los pasajes de avión parece pequeña frente a los grandes debates sobre educación, innovación o desarrollo científico. Pero es, precisamente, una buena representación del problema.

La brecha ya no está necesariamente en las capacidades de nuestros jóvenes. Muchas veces está en las oportunidades que los adultos somos capaces de ofrecerles.

Chile posee una tradición de investigación marina reconocida internacionalmente y un territorio cuyo desarrollo económico, ambiental y cultural está profundamente ligado al océano. Si ese conocimiento acumulado logra encontrarse con una generación que creció utilizando herramientas que muchos adultos todavía estamos aprendiendo a manejar, tenemos una combinación extraordinariamente poderosa.

Pero ese encuentro no ocurre por sí solo.

Requiere investigadores dispuestos a compartir conocimiento; universidades capaces de abrir sus laboratorios; instituciones que generen oportunidades; empresas que comprendan que apoyar talento joven no es beneficencia, sino inversión; y adultos capaces de acompañar sin apropiarse de las ideas ni decirles de antemano hasta dónde pueden llegar.

Quizás también requiere cambiar nuestra propia idea sobre lo que significa hacer ciencia en la escuela.

A mi generación le bastaba con que creciera el poroto. A esta le estamos pidiendo que diseñe prototipos, trabaje colaborativamente, comunique sus ideas, consiga recursos y proponga soluciones a problemas reales antes siquiera de terminar el colegio.

Y algunos ya lo están haciendo.

Lo mínimo que podemos hacer quienes llegamos antes es dejar de subestimarlos y empezar a construir las condiciones para que puedan avanzar.

Porque después de haber movido tan lejos el techo de lo que nuestros estudiantes son capaces de imaginar y construir, sería bastante absurdo que el límite terminara siendo algo tan sencillo como no tener un pasaje de avión.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en el Newsletter Juego Limpio de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informarte sobre los avances en materia de energía renovable en Chile y el mundo.

Publicidad