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El colegio que necesita sumar 120 alumnos para seguir abierto
El Colegio Laura Vicuña de Valdivia tiene 161 estudiantes y necesita al menos 280 para sostenerse sin aportes de la congregación. Ante la caída de matrícula, evalúa reformular su proyecto educativo y buscar alternativas durante 2027 para evitar un eventual cierre en 2028.
La semana pasada contamos que el Colegio Laura Vicuña atraviesa una caída de matrícula que pone en duda su continuidad. Ahora sabemos cuánto tendría que crecer para sostenerse sin ayuda externa. El establecimiento tiene hoy 161 estudiantes y calcula que necesitaría al menos 280 para funcionar con los recursos que genera su propia matrícula.
La diferencia es grande. Mientras no consiga cerrarla, la congregación Hijas de María Auxiliadora debe cubrir parte de los recursos que faltan para mantener funcionando el colegio. “Es casi tener otro colegio para nosotros”, dice su directora, Nicole Muñoz, cuando dimensiona los cerca de 120 alumnos que necesitarían sumar.
Y llegar a esa cifra en un año parece improbable incluso para el propio establecimiento. “Yo creo que es muy idealista, quizás, pensar en tener de aquí al 2027, 260, 280 estudiantes”, reconoce Muñoz. Por eso la búsqueda no pasa solamente por aumentar la matrícula: también evalúan darle un nuevo foco al proyecto educativo y atender eventualmente a nuevos grupos. Tienen todo 2027 para encontrar una alternativa antes de un cierre proyectado para comienzos de 2028.
La urgencia viene de una caída que comenzó a hacerse visible hace unos seis años. En 2018, el 1° básico recibió alrededor de 40 estudiantes; después bajó a cerca de 20 y 15, y hubo años en que ingresaron apenas nueve u ocho. Mientras la matrícula disminuía, el colegio debía seguir sosteniendo docentes, profesionales de apoyo, calefacción, agua y otros servicios básicos.
Antes de discutir un eventual cierre, la congregación trató de entender qué estaba ocurriendo fuera del colegio. Estudió los cambios en las poblaciones cercanas y buscó apoyo de universidades para levantar información. Una de las explicaciones fue la baja de la natalidad, pero también aparecieron la competencia entre establecimientos y el traslado de familias hacia otros sectores de Valdivia.
Ese último factor apareció también en una asamblea con apoderados. Familias que antes vivían cerca del establecimiento se han trasladado después de acceder a viviendas en sectores como Guacamayo o Paillao, donde la distancia, la locomoción y los tiempos de viaje terminan influyendo en la decisión de cambiar a los hijos de colegio.
Con ese escenario, recuperar matrícula sigue siendo parte de la solución, pero ya no la única. Durante lo que queda de este año y a lo largo de 2027, el colegio buscará junto a la congregación, apoderados y otras instituciones una fórmula que le permita seguir funcionando. “Esto no puede ser una medida parche”, dice Muñoz.
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