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Chiloé: crónica de una barricada anunciada

Chiloé: crónica de una barricada anunciada

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Nadie quería otro Aysén. Tal vez por eso, cuando los pobladores se tomaron la carretera que conduce a Quellón, el entonces ministro de Salud Jaime Mañalich armado de su comitiva y dispuesto a una negociación express llegó a Chiloé con las ofertas casi listas. A año y medio de esos acuerdos, se sabe poco y se siente mucho olor a “calle”. Sin embargo, en la mesa de las vanidades políticas, diputados oficialistas y no, médicos, El Mercurio local y los que puedan unirse se dan un festín arriesgando la delicada estabilidad en la isla.


Comenzó apenas unas semanas luego de asumida la nueva dirección del Servicio de Salud de Chiloé y el primer golpe vino de campo amigo. A través de los medios locales y con la atenta colaboración de La Estrella de Chiloé –de la red de El Mercurio – los primeros en  disparar fueron los diputados oficialistas Fidel Espinoza (PS) y Jenny Álvarez (PS) seguidos por los Consejeros Regionales Manuel Ballesteros (PS) y Claudio Oyarzún (PPD).

“Tiene cuestionamientos que me hicieron llegar los propios trabajadores respecto al menos siete causas de supuestas eventuales prácticas antilaborales o antisindicales de la señora profesional, obvio que uno tiene que avisarle a su gobierno que pueda tener un eventual conflicto”, apuntó Espinoza en el diario La Estrella de Chiloé,  el 18 de marzo, apenas unos días asumida en su cargo en el Servicio de Salud.

Los dardos apuntaban a la directora del Servicio, Paulina Reinoso. La asistente social fue “la” carta que la Democracia Cristiana puso en la administración pública en la región. Un cargo clave para un Chiloé de postal que mostrara los dientes en 2013.

La crisis de la salud no es exclusiva de la isla, pero Quellón, donde estalló el conflicto en mayo de 2013, es salida de una de las principales industrias de nuestro país –el salmón–  y reflejo agudo de la crisis de la salud en Chile. La muerte de una joven mujer desangrada en una ambulancia detonó la bomba de un largo etcétera de postergaciones en materia sanitaria. Por eso, cuando se cortó la ruta, el ministro de salud de Sebastián Piñera hizo lo que tenía que hacer.

A meses de terminar su mandato, Jaime Mañalich firmó sendos compromisos con los alcaldes de Chiloé, expresados en siete puntos que entre otros resolverían el déficit  financiero en la salud primaria y la normalización de los hospitales de Ancud y Quellón.

La buena estrella acompañó a Mañalich de principio a fin. La principal de sus suertes fue encontrarse  con un cuerpo unido y pragmático de alcaldes dispuestos a llegar con premura a buenos acuerdos en una coyuntura que podría desbordarse o ser capturada por las Mesas Sociales de las principales ciudades de la isla. En aquella negociación, Paulina Reinoso fue el soporte técnico para los alcaldes.  Sabía qué se podía negociar y qué no.

Se dice mucho y se sabe poco

En los hechos, del estado de los acuerdos que firmó el ministro, hoy se sabe poco. Y mucho menos se sabe del caos financiero y administrativo que dejó la administración del Servicio de Salud comandado por Rodrigo Callejas.

Se sabe que su gestión dejó una deuda de $12.500 millones; que unas doscientas personas habrían sido contratadas durante los últimos meses “sin respaldo presupuestario”. Se sabe que la empresa que estafó al Estado con las obras para los consultorios de Chonchi y Dalcahue sigue desaparecida y que la demanda criminal interpuesta por Reinoso para determinar responsabilidades administrativas en el fraude aún está en curso.

Se sabe que los  contratos para el diseño de los hospitales de Quellón y Ancud fueron licitados de manera fragmentada para evitar los controles de Contraloría.  El asesor jurídico clave de Mañalich durante las negociaciones con los alcaldes fue Rubén Malvoa, marido de Karla Rubilar. La diputada recurrió a Contraloría para verificar la situación de esos contratos.

Pero las complicaciones no terminan ahí. Una de las consultoras beneficiadas con los contratos, DyD, presentó una demanda exigiendo el pago de los estudios que ahora se están rehaciendo en el Minsal. Una de las socias del bufete que representa a la empresa es Alejandra Meniconi, ex directora jurídica de la cartera de Salud y hermana del arquitecto Marcelo Meniconi, quien fuera el encargado del diseño de los cuestionados proyectos hospitalarios.

Los anuncios de millonarias inversiones en infraestructura hospitalaria van atizando los intereses. Hace un par de días se levantaron en huelga los médicos del hospital de Castro y el miércoles pasado iniciaron la segunda tanda de 48 horas.

Acusan ineficiencia en el manejo de la red hospitalaria y descoordinaciones. Pero otros sostienen que existiría preocupación en el poderoso gremio porque con la construcción de los hospitales de Ancud y Quellón perderían una parte importante del mercado privado de la salud, practicada por los galenos en sus horas libres en el hospital público de Castro.

Una delegación del Minsal viajó a Chiloé para resolver el conflicto, condición sine qua non para bajar la medida de presión. La comitiva  arribó a Chiloé, pero el paro no se bajó. La ministra de Salud, Helia Molina, no la tiene fácil.  Al menos en Chiloé, “la calle” ya tiene experiencia en estas lides.

Y en el propio oficialismo invocan el fantasma de la barricada. “La gente de Quellón exige soluciones y respuestas con toda razón. No quieren tener que movilizarse nuevamente, pero la desesperación de ver cómo se pierden vidas humanas y cómo se deteriora la calidad de vida de quienes viven en lugares más apartados como ese, justificaría que tuvieran que volver a hacerlo si sienten que no hay respuesta a sus justas demandas”, señaló a través de los medios hace un par de meses la diputada socialista Jenny Álvarez.

Bajo el Chiloé idílico, arden intereses y disputas, y no son pocos los que llevan leña al fuego.

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