El nuevo círculo de hierro de Bachelet
Los cambios en el corazón del bacheletismo duro no han sido solamente en la primera línea pública, con la salida de Rodrigo Peñaililo del Ministerio del Interior, sino que también en el seno de su círculo de hierro. Si antes, en las decisiones clave de la Mandataria, siempre estaban presentes el ex ministro y la ex jefa de la Secom, Paula Walker, ahora soplan otros vientos en La Moneda.
No fueron más de tres personas. Eso decían una y otra vez desde La Moneda y la Nueva Mayoría una vez que se conoció oficialmente la conformación del nuevo gabinete que definió la Presidenta Michelle Bachelet, porque esa es la única fórmula, un círculo así de estrecho de involucrados, para haber podido mantener en reserva absoluta los nombres elegidos y que hasta último minuto –y a diferencia de otras ocasiones– no se filtrara ninguna información.
Los cambios en el corazón del bacheletismo duro no han sido solamente en la primera línea pública, con la salida de Rodrigo Peñaililo del Ministerio del Interior, sino que también en el seno de su círculo de hierro. Si antes, en las decisiones clave de la Mandataria, siempre estaban presentes el ex ministro y la ex jefa de la Secom, Paula Walker, ahora soplan otros vientos en La Moneda.
La jefa de gabinete de la Presidenta, Ana Lya Uriarte, es una de las figuras más cercanas en estos momentos a Bachelet. Con ella conversa, analiza los temas, sondea y, sobre todo, toma decisiones. Así fue la semana pasada, el miércoles 6, cuando se zanjó en una reservada reunión del “petit comité” –que también integra la jefa de prensa de Palacio, Haydée Rojas– dar un golpe de timón esa noche y aprovechar la entrevista de Bachelet con Don Francisco en Canal 13 para a anunciar que se les había pedido la renuncia a todos los ministros y que se llevaría a cabo un cambio de gabinete.
En las 72 horas siguientes, especialmente el viernes 8 y el sábado 9, la Presidenta Bachelet se recluyó en su casa de La Reina para armar el puzle de su nuevo gabinete. Uriarte, fue una de las pocas convocadas a evaluar, sondear perfiles, llamar a los partidos para ciertas consultas “sin soltar mayor prenda”, como reconocían los dirigentes de la Nueva Mayoría en esos días.
La otra figura que fue clave en las definiciones del fin de semana fue el abogado y ex presidente del CDE, Carlos Mackenney (DC). Se conocen desde la época en que ambos estaban en el Ministerio de Defensa, durante el mandato de Ricardo Lagos. La figura DC no tiene ningún cargo formal en el Gobierno, pero sí tiene una estrecha relación con la Presidenta, “son amigos” y la Mandataria confía mucho en él, porque es de los pocos que, con el transcurso de los años –afirman–, nunca ha usufructuado para su beneficio de la relación que tiene con ella ni ha hecho gala de su cercanía.
Eso sí, muchos consideran que el papel que jugó Mackenney en este nuevo círculo de hierro de Bachelet, fue determinante para sellar el traslado de Jorge Burgos (DC) desde la cartera de Defensa al Ministerio del Interior y convertirlo en el nuevo conductor político del Gobierno, pues ambos son amigos íntimos.
Sin necesariamente estar presente, se dice que el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, fue uno de los pocos, fuera de este círculo íntimo, a quien se le consultó su opinión y nombres. Es más, se señala que fue su sugerencia la que llevó finalmente a instalar a Rodrigo Valdés (PPD) en el Ministerio de Hacienda, en reemplazo de Alberto Arenas.
La noche del domingo, cerca de las 20 horas, el nuevo gabinete ya estaba zanjado en su totalidad, pero en los partidos de la Nueva Mayoría y en todo el Ggobierno, nadie manejaba ninguna información, ni siquiera una señal, un indicio de cómo “vendría la mano” a la mañana siguiente.
Uriarte llamó cerca de las 11 de la noche a los presidentes de partido para invitarlos a la ceremonia a las 9 de la mañana, sin adelantarles absolutamente nada en ese momento.
El lunes, solo pasadas las 8:00 horas, algunos ministros comenzaron a ser ratificados y luego se informó a los salientes –Arenas, Fernanda Villegas, Álvaro Elizalde– que no continuaban en sus puestos. En el caso de Peñailillo eso ya se lo había informado la propia Presidenta en una reunión a solas el jueves.
En el Gobierno se comentaba que en la era de poder de Paula Walker, fiel exponente de la lógica del secretismo, acostumbraba a realizar filtraciones “interesadas” para negociar portadas, entrevistas y enfoques de notas en ciertos medios de comunicación.
Eso se terminó. Explican que este círculo de hierro de Bachelet funciona con el criterio de “ley pareja” para todos los medios, con anuncios públicos y manteniendo la reserva de las decisiones presidenciales hasta el momento adecuado. Fue lo mismo con la cadena nacional que hizo la Mandataria el martes 28 de abril, cuando al hablar del informe de la comisión Engel, hizo pública la definición de iniciar un Proceso Constituyente a partir de septiembre.
La cadena era de conocimiento público, la sorpresa fue el tema constitucional, que tomó a todos por igual y que fue el primer gesto claro de la Mandataria de querer recuperar el control de la agenda y su liderazgo después de las tormentas del caso Caval y las boletas de Peñailillo.