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Guerra en Irán: vivir a la sombra de la escasez y el miedo
El bloqueo naval pretende presionar al régimen de Teherán, pero sus consecuencias las sufre el pueblo iraní. La inflación, el temor a perder el empleo y el creciente agotamiento caracterizan el día a día de muchos.
En respuesta al bloqueo del estrecho de Ormuz, entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán, Estados Unidos impuso un bloqueo naval a los puertos iraníes desde el lunes 13 de abril. El objetivo de esta medida es detener las exportaciones de Irán, en particular las de petróleo, y presionar al Gobierno de Teherán.
“Estados Unidos podría mantener un bloqueo militar de este tipo durante meses, e incluso, en algunos casos, durante más de un año”, afirma Shahin Modarres, experto en seguridad internacional de la Universidad de Roma Tor Vergata, en entrevista con Deutsche Welle.
Tras casi seis semanas de guerra, existe un frágil alto al fuego entre Irán y Estados Unidos. Sin embargo, el bloqueo naval constituye una clara violación de este acuerdo, criticó el principal negociador y presidente del Parlamento iraní, Mohammed Bagher Ghalibaf, en X. Abrir el estrecho de Ormuz es imposible mientras continúen estas “graves violaciones”. El presidente estadounidense, Donald Trump, sin embargo, mantiene el bloqueo y desea alcanzar primero un nuevo acuerdo con Teherán.
Modarres considera que el bloqueo no es tanto un medio para lograr una victoria militar rápida, sino más bien un instrumento para el debilitamiento gradual y controlado del régimen iraní. Señala paralelismos con los últimos años de la guerra Irán-Irak (1980-1988), que duró ocho años, cuando el país estuvo sometido a una presión militar y económica constante y finalmente accedió a un alto al fuego.
Pero Modarres subraya que esta medida no solo ejerce presión sobre el régimen iraní. “Con el tiempo, aumentarán la presión económica global, el agotamiento operativo y también la presión política interna en Irán. Por lo tanto, este instrumento solo es efectivo a corto y mediano plazo y no constituye una solución sostenible. La única perjudicada en este escenario es la población, independientemente de si la guerra continúa sin cambios estructurales o si llega a su fin”.
Precios en aumento
El bloqueo naval tiene como objetivo principal impedir las exportaciones de petróleo de Irán. Sin embargo, según la publicación especializada Lloyd’s List, algunos buques iraníes han logrado sortear el bloqueo. Un informe publicado el lunes 20 de abril indica que 26 buques, de los cuales al menos once transportaban petróleo y gas iraníes, cruzaron la línea de bloqueo desde el 13 de abril. El Pentágono negó estas afirmaciones un día después.
Las consecuencias económicas del bloqueo afectan no solo a las exportaciones, sino también a la importación de bienes esenciales. “Además de las exportaciones, las importaciones de alimentos básicos y medios de producción también se verán más gravemente afectadas”, dijo a DW el periodista económico Ashkan Nizamabadi, residente en Berlín.
Según Nizamabadi, Irán importa alrededor de un millón de toneladas de arroz al año, principalmente de India y Pakistán. Si el bloqueo naval continúa, es probable que Teherán tenga que recurrir a rutas terrestres alternativas o a una mayor cooperación con Turquía. “Este cambio logístico es significativamente más costoso que el transporte marítimo. Esto elevará los precios y, en última instancia, los consumidores serán quienes paguen las consecuencias”, afirma. El suministro de algunos productos importados ya es limitado, ya que los comerciantes temen escasez.
“Ahora todos viven al día”, afirma un periodista de Teherán que prefiere permanecer en el anonimato. La vida cotidiana se caracteriza por un agotamiento colectivo. “En el supermercado o la panadería, la gente compra solo lo necesario para una comida, como si no supieran qué les depara el mañana”.
Miedo al desempleo y a la pobreza
Al mismo tiempo, crece el temor a la pérdida de empleos. Tras la destrucción de instalaciones petroleras e industriales, decenas de miles de jornaleros fueron despedidos. La paralización de la producción en las industrias siderúrgica y petroquímica amenaza con provocar una reacción en cadena, obligando a numerosas empresas dependientes a cesar sus operaciones. Muchos servicios colapsaron durante la guerra y aún no se han recuperado, ni siquiera durante el armisticio.
Samaneh, que trabajaba como vendedora en una tienda de cosméticos en Teherán, describe la situación así: “Desde las huelgas del invierno pasado, todo está paralizado. Luego vinieron las protestas, después la guerra. Ahora hay un alto al fuego, pero nada ha mejorado”.
Muchas familias viven ahora de sus ahorros y no saben cuánto tiempo más podrán sobrevivir. Numerosos jóvenes han regresado a casa de sus padres, según testigos en Irán. Otros abandonan las grandes ciudades como Teherán debido al elevado costo de vida.
La economía iraní lleva años sufriendo las consecuencias de la mala gestión, la corrupción y las sanciones internacionales. En 2025, se estimaba que la tasa de inflación promedio en rondaría el 51 %. Para 2026 se estima que será del 69 %. Hay una recesión con una inflación persistente, según explicó a DW el economista Amir Alizadeh, de la Cámara de Industria y Comercio de Ulm, en Alemania.
“El Fondo Monetario Internacional pronostica un crecimiento económico negativo de alrededor del seis por ciento para Irán este año”, indica Alizadeh. “El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) anticipa incluso una caída de entre el ocho y el diez por ciento. Dado que el PNUDtambién considera indicadores de desarrollo humano, se espera que la tasa de pobreza aumente en unos cinco puntos porcentuales, pasando del 36 por ciento actual a cerca del 41 por ciento”.