El Segundo Piso se cae a pedazos
¡Hola a todos! Al igual que en la contingencia meteorológica, cargada a las nubes y la baja temperatura, la realidad política también abunda en pronósticos. Tras su paso por la Cámara de Diputadas y Diputados, la Ley Miscelánea se prevé que tendrá una batalla voto a voto en el Senado. Las negociaciones ya empezaron y se avizoran más calientes que este esquivo sol de otoño.
- No son pocos los parlamentarios, incluidos varios del oficialismo, que advierten que la carrera no está corrida y que el Ejecutivo deberá desplegar más recursos que la acostumbrada estrategia de lanzar la caballería encima. No hay que olvidar –como planteó una nota periodística de este medio– que la ley contiene varios artículos que caminan al filo de los 26 votos. Un equilibrio precario que requerirá más destreza que empellones a la hora de inclinar la balanza.
¿Ajuste o cambio de gabinete? Cambio de gabinete, coincide la mayoría. Es evidente que la caída de Sedini y Steinert no fue un ajuste cosmético, sino la rendición del Segundo Piso ante una realidad que no supo contener, evidenciando la falta de cuadros técnicos y la incapacidad del núcleo central para blindar la figura presidencial. Este, por cierto, es uno de los temas que abordaremos en este nuevo +Política.
- Así como unos bajan, otros suben. Es el caso de Claudio Alvarado, el hombre que ahora camina por La Moneda con dos sombreros, el de Interior y Segegob. El nuevo biministro no es solo una apuesta de “eficiencia operativa”, sino el encargado de meterse en temas de Hacienda sin pedirle permiso a nadie. O sea, el nuevo filtro de Jorge Quiroz que busca evitar que las decisiones económicas generen riesgos políticos innecesarios. Un todoterreno.
Cambio en el equipo. Los errores protagonizados por las dos ministras independientes más visibles del gabinete obligaron a enmendar el rumbo del gobierno y concretar un cambio ministerial que apuntó exactamente en la dirección contraria: empoderar a dos ministros políticos para frenar la ola de improvisaciones. Un diagnóstico crudo que obligó a un cambio récord. Este análisis también forma parte de este dossier político.
- Para cerrar, una historia que viene de Washington y que tiene a la embajada chilena en Estados Unidos en ascuas. El nuevo embajador, Andrés Ergas, solicitó trasladar a un funcionario diplomático de carrera –Hassan Zerán– a la misión chilena en la OEA. La medida ha generado controversia, pues fuentes cercanas al mundo diplomático aseguran que en la decisión pesó la ascendencia árabe del involucrado. Cancillería, en tanto, aseguró que el intercambio era en el fondo una “promoción”. Mejor, pasen y lean ustedes mismos.
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El ascenso de Alvarado: entre el pragmatismo y las dudas de Chile Vamos
Un cambio de gabinete con olor a ajuste de cuentas con el Segundo Piso. Eso fue lo que trazó el Presidente José Antonio Kast al barajar su naipe y escoger su carta más fuerte o quizá la más arriesgada: Claudio Alvarado, el hombre que ahora camina por Palacio con dos sombreros, el de Interior y Segegob.
- Diversas fuentes describen a Alvarado como un “político hábil” con “kilometraje” en el Congreso, de “temple ponderado”, que sabe comunicar de forma positiva y sin estridencias, lo que se traduce en un hombre con “oficio” que llega a poner orden a un gabinete que venía dando tumbos. Su autoridad, aseguran diversas fuentes, tiene algo que todos codician: línea directa con el Presidente.
“José Antonio Kast no le dio una oficina más grande; sino que le dio un mazo”, dicen.
- Alvarado, visto bajo este prisma, es el nuevo filtro político del Gobierno. Él decidirá qué riesgos se corren y qué incendios se apagan antes de que lleguen al escritorio del Mandatario. Jorge Quiroz solía saltarse el sistema con la venia del Segundo Piso, pero esos días de autonomía se acabaron. Alvarado ahora “está a cargo de todo el gabinete”, como ha dicho Arturo Squella, presidente de Republicanos.
No todos ven el asunto con buenos ojos. En las filas de Chile Vamos, particularmente en Renovación Nacional, observan este rediseño con una mezcla de reconocimiento técnico y profunda cautela. Aunque valoran lo que Alvarado ha realizado en dupla con José García Ruminot para alcanzar acuerdos en el Congreso, plantean una “duda razonable” sobre la viabilidad de su doble rol.
- El sector ha acuñado el término de “semivocero” para describir el riesgo de esta dualidad. La principal aprensión es que la labor de Alvarado –que exige ser el “escudero” del Presidente y contestar con dureza a la oposición– es incompatible con el perfil de negociador conciliador que requiere Interior, sugiriendo que debería delegar la vocería real en el subsecretario Máximo Pavez.
La lectura que emana del oficialismo es que el Primer Mandatario se resiste a abrir su administración más allá de su círculo de confianza o “núcleo más duro”. Para Chile Vamos, ha mantenido una actitud “paternalista” que debe abandonar, para dar paso a una gestión de gobierno profesional y no reducida a un “mal casting” inicial.
- El nuevo poder de Alvarado será su capacidad de intervención en áreas tradicionalmente autónomas. Fuentes de Palacio son enfáticas: el biministro está ahora “empoderado para meterse sin permiso en los temas de Hacienda”. Este movimiento busca que actúe como un filtro sobre la gestión de Jorge Quiroz, asegurando que las decisiones económicas no generen riesgos políticos innecesarios.
En la máquina de propaganda, el cambio es radical. Alvarado no realizará vocerías periódicas de dos o tres veces por semana. En su lugar, el subsecretario Máximo Pavez actuará como “comodín” para la coyuntura diaria, mientras Alvarado coordina el despliegue de los ministros sectoriales.
- Su relación con el director de Comunicaciones, Cristián Valenzuela, se describe como de mutuo conocimiento (“juegan bien”), pero con la salvedad de que ahora Valenzuela tiene al frente a un “ministro jefe de gabinete” que no recibirá directrices, sino que concordará estrategias desde una posición de mayor jerarquía.
El ajuste ministerial, interpretado más como una táctica para blindar la Cuenta Pública que como un rediseño de largo aliento, deja a Alvarado en una posición de máxima exposición. Mientras el oficialismo celebra la llegada de un “fusible” con mayor resistencia, sus aliados advierten que el diseño es fruto de la urgencia y la falta de rostros nuevos.
- El éxito de esta “segunda fase” –dicen– dependerá de si Alvarado logra mantener su capacidad negociadora, mientras carga con el peso de ser la voz oficial de una administración que, según sus críticos, aún se resiste a soltar su “corazón republicano”.
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El Segundo Piso se cae a pedazos
El diseño de poder cerrado con el que José Antonio Kast entró a La Moneda duró exactamente 69 días. El cambio de gabinete de emergencia ejecutado el pasado martes –donde cayeron las entonces titulares de Seguridad y Segegob– no fue un ajuste cosmético; fue la rendición del Segundo Piso ante una realidad que su trinchera ideológica no supo contener.
Afirmar hoy que el núcleo de hierro presidencial se cae a pedazos es un diagnóstico basado en hechos políticos puros e incontestables:
- La caída del estratega: la salida de la vocera Mara Sedini arrastró directamente el poder de Cristián Valenzuela, el jefe fáctico del Segundo Piso. El diseño comunicacional hiperagresivo que funcionó en campaña, fracasó en la gestión de gobierno, gatillando una crisis de conducción en tiempo récord.
- Intervención de la derecha tradicional: el desembarco de un histórico como Claudio Alvarado en la Segegob es, en la práctica, una intervención al búnker republicano. Kast se vio obligado a ceder el control del relato a la UDI tradicional para salvar la agenda legislativa, quitándole el monopolio de las decisiones a sus asesores íntimos.
- La crisis no golpea solo a Valenzuela. La otra columna que sostiene al Segundo Piso muestra grietas aún más evidentes para las fuerzas oficialistas que merodean en Palacio. Alejandro Irarrázaval, el jefe oficial de asesores, es resistido a estas alturas por casi la unanimidad de las fuerzas partidarias. No dialoga, impone. Y se equivoca. Su poder, afirman, tiene los días contados.
El colapso de la agenda estructural en hechos:
- Seguridad desbordada: la crisis en la macrozona sur y el norte del país devoró el libreto del Segundo Piso, forzando la salida inmediata de Trinidad Steinert del Ministerio de Seguridad Pública.
- Gobernabilidad atomizada: el diseño original del Segundo Piso ignoró las alertas del Congreso, aislando al Mandatario y dejando al Ejecutivo sin puentes con la oposición ni con sus propios aliados tradicionales de Chile Vamos.
- Conducción improvisada: un ajuste ministerial forzado a menos de 70 días de asumir el mando –el más rápido desde el retorno a la democracia en 1990– evidenció la falta de cuadros técnicos y la incapacidad del núcleo central para blindar la figura presidencial.
El veredicto: el Segundo Piso de Kast operaba bajo la premisa de que se podía gobernar el país con la misma soberbia con la que se ganaron las elecciones. Hoy, con la derecha convencional cogobernando para evitar un naufragio temprano y el estratega jefe desempoderado, el búnker original ya no existe. No se cayó: colapsó por su propio peso político.
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Cambio en el equipo: salen independientes, entran políticos
La instalación del Presidente José Antonio Kast estuvo marcada por una decisión política clara: un gabinete con un fuerte sello de técnicos e independientes, en desmedro de los partidos que sostenían al gobierno.
- En su minuto –ante la molestia soterrada de las colectividades– incluso el mismo presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, manifestó que la situación sería subsanada mediante el nombramiento de los subsecretarios. Cuestión que finalmente nunca se concretó.
Fue así que –a menos de tres meses del aterrizaje en La Moneda– los errores protagonizados por las dos ministras independientes más visibles del gabinete obligaron a enmendar el rumbo y concretar un cambio ministerial que apuntó exactamente en la dirección contraria: fortalecer a dos ministros políticos con experiencia suficiente para dejar atrás las improvisaciones. Claudio Alvarado (UDI) como biministro de Interior y Segegob; y Martín Arrau (PR) en Seguridad, cartera estratégica para esta administración.
- En consecuencia, con la salida de Steinert y Sedini, el Comité Político quedó conformado en su mayoría por ministros militantes. José García Ruminot, Renovación Nacional; María Jesús Wulf y Arrau, republicanos; desde la UDI, Alvarado como portavoz y jefe de gabinete; y Jorge Quiroz, en Hacienda, como único independiente.
El cambio no solo se trata de un ajuste de piezas, sino de un quiebre del diseño original instalado por el Segundo Piso de La Moneda, el cual dejó en evidencia que los independientes cuentan con escasa muñeca política, baja capacidad de negociación, desconexión ciudadana, improvisación en momentos de crisis y una fatal distancia con los partidos como únicos garantes de la subsistencia. En definitiva, lo que queda claro es que lo técnico, sin equilibrios políticos, es una fórmula destinada al fracaso.
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¿Promoción o discriminación?: cambios en la embajada chilena en EE.UU.
El arribo de los embajadores a sus “terruños” tiene algo de rito monárquico, siempre rodeado de expectativas y múltiples lecturas. Un aterrizaje que por lo general trae cambios y que no siempre deja a todos contentos. Esto habría pasado hace poco en Washington, tras la llegada del empresario Andrés Ergas a la casona victoriana ubicada en el barrio de Embassy road.
- Sin mayores explicaciones –como suele suceder en estas ocasiones–, el jefe del departamento político y consejero de la embajada, Hassan Zerán, terminó abruptamente su periodo siendo trasladado a la misión chilena en la Organización de Estados Americanos (OEA), también ubicada en la capital política de Estados Unidos.
En rigor, se trató de un enroque. Un intercambio de funcionarios con una extraña salvedad: Hassan Zerán y Ana María Saldías –la otra trasladada– son pareja. Esto no fue lo más confuso, en verdad, sino el hecho de sacar de la embajada a un funcionario de carrera, muy bien evaluado y con una destacada trayectoria. La decisión tomada por Andrés Ergas generó controversia y no fue bien evaluada en círculos diplomáticos.
- La razón que se esgrimió para la salida de Zerán –según quienes conocen la historia– fue que el nuevo embajador no quería trabajar con él, debido a que se trataba de “un militante de izquierda”. Aunque, luego, comenzó a circular otra versión más radical. “Hassan es palestino y Ergas no quiere trabajar con él”, fue la interpretación que terminó imponiéndose. En cualquiera de los dos casos –por razones políticas o raciales–, se trataría de una discriminación con todas sus letras.
Consultada sobre la salida de Hassan Zerán de la embajada, Cancillería respondió que la designación de José Miguel Castro en la OEA “trajo aparejada una reformulación de los equipos de trabajo en Washington” y que el traslado del funcionario se debe a una “promoción”, pues ahora tendría el cargo de jefe de misión adjunto en la Organización de Estados Americanos. “Es una promoción con mayores responsabilidades”, explicaron a +Política.
- Fuentes cercanas al mundo diplomático aseguran que Zerán era el número tres en Washington y que el inminente regreso de Juan Pablo Espinoza a Chile –actual ministro consejero– lo transformaría en el segundo a bordo al interior de la legación. “Por eso no querían que Hassan llegara a ese cargo”, cuenta la misma fuente, quien asegura que ninguna autoridad le dijo al diplomático que el cambio se trataba de una promoción. “Están mintiendo”, agrega.
La historia en torno al traslado del funcionario por razones ajenas a sus funciones coincide con la presentación de credenciales de Andrés Ergas ante el gobierno Donald Trump esta semana, marcando el inicio oficial de su residencia diplomática en Washington. Poco después del gesto protocolar, el futuro embajador en Israel, el abogado y expresidente de la comunidad judía en Chile, Gabriel Zaliasnik, felicitó a Ergas a través de redes sociales con tres emoticones: una bandera chilena, otra de Estados Unidos y dos manos estrechándose mutuamente.
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