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“Yo tomo vino”: la campaña que busca revalorizar el vino y volver a hacerlo parte del día a día Gastronomía

“Yo tomo vino”: la campaña que busca revalorizar el vino y volver a hacerlo parte del día a día

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Loreto Santibáñez
Por : Loreto Santibáñez Editora de Agenda País, Revista Jengibre y Braga.
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En medio de la caída global del consumo y el distanciamiento de las nuevas generaciones, “Los Juegos del Sommelier” impulsa una iniciativa que apuesta por volver a tomar vino sin miedo, sin códigos y sin solemnidad, en medio de la caída del consumo y el distanciamiento de las nuevas generaciones.


En la última década, el vino ha dejado de ocupar el lugar que alguna vez tuvo en la mesa. A nivel global, el consumo viene cayendo de forma sostenida y alcanzó recientemente su nivel más bajo en más de 60 años, mientras que las nuevas generaciones beben menos alcohol o simplemente eligen otras opciones.

Chile, uno de los principales exportadores del mundo, no está ajeno a ese escenario, con un consumo interno que se mantiene estancado.

Por eso, nace la campaña “Yo tomo vino” para reconectar con una de las bebidas más antiguas e históricas de la humanidad.

La iniciativa, liderada por “Los juegos del sommelier” surge como una respuesta directa a un escenario complejo: menor consumo interno, presión en los mercados internacionales y una desconexión creciente entre el vino y los consumidores jóvenes.

“Creo que el vino en Chile representa muchas cosas que estamos olvidando”, señala el sommelier Ricardo Grellet. “Es una fuente de trabajo gigante, una fuente de ingresos para el país, y también parte de nuestro patrimonio”.

De hecho, la industria no solo sostiene miles de empleos, sino también paisajes productivos que forman parte de la identidad territorial.

La idea es promover el vino sin incentivar el consumo problemático. “El alcoholismo existe, no hay por qué negarlo. Pero se combate con educación”, afirma Grellet. Desde esa mirada, “Yo tomo vino” propone visibilizar una forma distinta de relación con el alcohol, con una mirada consciente, moderada y cotidiana.

“Demostrar que quienes vivimos de esto somos capaces de tener un consumo educado es fundamental”, agrega.

Acercar el vino

Más allá del contexto global, Grellet apunta a cómo se ha comunicado el vino. “Uno de los principales enemigos del consumo educado del vino es la misma industria”, sostiene. “En la búsqueda de mayores márgenes, se ha empujado la premiumización”.

El resultado, según su diagnóstico, es que el vino se ha alejado de quienes podrían convertirse en nuevos consumidores.

Mientras una parte del mercado se enfoca en botellas de mayor precio —dirigidas a consumidores ya fidelizados—, las nuevas generaciones optan por otras alternativas, desde destilados hasta bebidas más simples o listas para consumir.

Ricardo Grellet.

“Hoy día los jóvenes gastan 10 o 15 mil pesos en una botella de pisco con bebida. No en vino”, dice.

Por eso la campaña propone algo que, para muchos puristas, puede sonar terrible, que es desacralizar el vino. “No estoy hablando de exceso, ni de banalizar el consumo”, aclara Grellet. “Estoy hablando de hacerlo más cercano, más fácil, más disfrutable”.

Dentro de eso, ve posible el vino con hielo, con soda, con fruta, servido frío. La idea es acercarlo.

“Ofrecer a un nuevo consumidor un vino complejo, estructurado y con alta carga de barrica sería como darle a un extranjero un piure como primera experiencia gastronómica en Chile”, asegura. “Probablemente no vuelva a intentarlo”.

En un contexto donde el discurso de salud ha impactado directamente en el consumo de alcohol, la campaña también abre la conversación sobre la salud mental.

“¿Dónde está el espacio para reírse un rato? ¿Para compartir?”, plantea Grellet. “El disfrute también es parte del bienestar”.

Y es que sin negar los riesgos del consumo excesivo, la iniciativa busca instalar una idea más amplia: el vino como parte de la vida cotidiana, no como un lujo ni como un problema.

Por eso, “Yo tomo vino” no solo intenta reactivar el consumo, sino recuperar su lugar. Pocas bebidas tienen más de ocho mil años de historia y ha sobrevivido a imperios, guerras y transformaciones culturales. Pero hoy enfrenta el desafío de volver a ser relevante en la vida cotidiana.

Sin olvidar, ademas, que en Chile el vino no es solo una industria. Es paisaje, es trabajo rural, es historia agrícola y es también una de las cartas de presentación del país en el mundo.

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