Gastronomía
Créditos: Cedida.
Manjar se consolida en Chile: 73% lo consume mensualmente y lidera por tradición
Un estudio de CORPA muestra que el 73% de los chilenos consume manjar al mes, con hábitos estables y fuerte arraigo cultural. Presente en la “once”, postres y celebraciones, se consolida como un clásico cotidiano impulsado principalmente por el gusto.
Un nuevo estudio de Corpa confirma que el manjar sigue ocupando un lugar central en la cultura alimentaria chilena, con hábitos estables y una fuerte presencia en momentos cotidianos como la “once”, desayunos, postres y celebraciones.
Según la medición, un 73% de los chilenos declara consumir manjar al menos una vez al mes, muy por sobre el dulce de leche, que alcanza un 32%. A nivel general, el consumo se mantiene sólido: el 87% de las personas no ha modificado sus hábitos en los últimos seis meses, lo que da cuenta de una categoría consolidada dentro de la dieta diaria.
El estudio también revela que este vínculo está profundamente marcado por factores emocionales. Un 60% de los consumidores afirma que lo consume simplemente por gusto, mientras que un 26% lo utiliza en preparaciones de repostería, reforzando su presencia tanto en lo cotidiano como en ocasiones especiales.
“El manjar en Chile no es masivo solo por disponibilidad, sino por construcción cultural. A diferencia de otros países donde el dulce de leche compite en más formatos o preparaciones, en Chile está fuertemente integrado a momentos específicos, como la ‘once’ o la repostería casera, que lo sostienen en el tiempo. Esa asociación cotidiana es lo que explica su profundidad y estabilidad en el consumo”, explica Pavel Castillo, economista conductual y gerente de Intelligence en Corpa.
En términos de uso, el producto se concentra en espacios habituales de las comidas de los chilenos. De acuerdo con el estudio, el 62% lo consume en la “once”, el 42% en desayunos y el 58% en postres. Además, un 44% lo incorpora en celebraciones de cumpleaños, consolidando su rol tanto en la rutina familiar como en instancias festivas.
Las preferencias siguen inclinándose hacia lo tradicional. El 81% opta por manjar clásico, superando ampliamente otras variantes como el artesanal (24%), sin azúcar (12%) o sin lactosa (11%). Esta tendencia también se refleja en las formas de consumo: el 68% lo prefiere en panqueques y el 58% en tortas, evidenciando su fuerte vínculo con la repostería casera.
“Lo que muestran los datos es que la categoría está anclada en códigos tradicionales muy sólidos. Aunque existen nuevas variantes, no logran tensionar el liderazgo del formato clásico. En este tipo de productos anclados a la cultura, la familiaridad y tradición es parte íntegra de la decisión de compra”, afirma Castillo.
Al momento de elegir, los factores clave son el sabor (69%), la relación precio-calidad (63%), la marca (53%) y el envase (37%), combinando atributos sensoriales con confianza y percepción de valor.
Pese a las preocupaciones asociadas a su consumo, un 53% asegura no percibir aspectos negativos. Entre quienes sí los identifican, destacan el alto contenido de azúcar (30%) y las calorías (7%).
“Muchas veces hay una tensión entre gusto y salud, pero en este caso no parece resolverse a favor de la restricción. Más de la mitad de los consumidores no percibe aspectos negativos, lo que indica que el manjar se posiciona como un ‘permiso emocional’. Es decir, un consumo que se justifica más por gratificación que por criterios funcionales o nutricionales”, concluye Castillo.
El informe concluye que se trata de una categoría madura: el 49% de los consumidores no siente la necesidad de innovar. Sin embargo, entre quienes sí buscan novedades, surgen alternativas como versiones artesanales, sin azúcar o con nuevos sabores.