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Chile se consolida como potencia del té: auge del consumo premium impulsa nueva cultura de bienestar Gastronomía Créditos: El Mostrador.

Chile se consolida como potencia del té: auge del consumo premium impulsa nueva cultura de bienestar

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Con uno de los consumos per cápita más altos del mundo, Chile vive una transformación en torno al té: crecen las variedades de especialidad, el interés por el origen y la trazabilidad, y su vínculo con el bienestar y nuevas experiencias de consumo.


Con consumidores cada vez más atentos al origen, la calidad y las experiencias sensoriales, el té vive una nueva etapa de valorización en Chile. Desde las variedades clásicas, como el té negro, hasta las propuestas de especialidad, esta infusión se consolida como una alternativa versátil, asociada tanto a distintos momentos del día como a una creciente búsqueda de bienestar.

El otoño, marcado por el frío, también abre espacio a la adopción de hábitos que permitan equilibrar el ritmo cotidiano. En ese contexto, el ritual del té gana protagonismo como una pausa consciente dentro de la jornada, vinculada a la calma, la desconexión y el autocuidado.

Chile, además, destaca como uno de los grandes consumidores de té a nivel mundial. El país figura entre los cinco mercados con mayor consumo per cápita, superando las 400 tazas por persona al año, equivalentes a entre 80 y 90 litros. Incluso, una encuesta de Statista Consumer Insights ubica a Chile en el cuarto lugar global, por encima de países históricamente asociados a esta bebida, como Reino Unido. Este fenómeno responde a una tradición profundamente arraigada en la cultura local, donde el té acompaña desayunos, “onces” y distintos momentos del día.

Más que una bebida popular, el té se ha instalado como un elemento transversal en los hogares chilenos. Un 99% de las personas declara comprar té o infusiones, superando incluso al café en nivel de penetración, mientras cerca del 90% afirma consumirlo de manera habitual.

En paralelo, el segmento de especialidad ha comenzado a ganar terreno. A diferencia de los blends masivos, estas variedades ponen el foco en el origen, la trazabilidad y los procesos artesanales, atributos cada vez más valorados por consumidores que buscan experiencias más sofisticadas y conscientes. Esta tendencia también se refleja en el desempeño de marcas como Dilmah, especializada en té de origen único de Ceylon. El té negro, una de las variedades más tradicionales, muestra un crecimiento cercano al 4,7% en el mercado, mientras la compañía registra un alza de 13,4% al cierre de 2025, superando ampliamente el promedio de la categoría.

“Cuando se incorpora en una bebida, el té puede aportar aromas, frescura o estructura, dependiendo de la variedad que se utilice. Puede entregar notas más frescas, más secas o incluso cierta astringencia que equilibra muy bien otros ingredientes”, explica Cristián Pastene.

El auge del té también se refleja en nuevas formas de consumo. Hoy se integra de manera transversal en la vida cotidiana: desde una taza de English Breakfast para iniciar la mañana, hasta mezclas aromáticas o preparaciones frías durante la tarde. A esto se suma el crecimiento de la mixología basada en té, tendencia que incorpora esta infusión en cócteles y bebidas sin alcohol.

En medio de este escenario, el segmento premium aparece como una de las principales apuestas del mercado. En los últimos cinco años, el té de mayor calidad ha registrado crecimientos de entre 10% y 15%, mientras las proyecciones apuntan a una expansión sostenida de la categoría hacia 2034. El interés por el bienestar, el origen de los productos y las experiencias sensoriales más refinadas ha impulsado este fenómeno.

La relevancia global del té también queda reflejada en las cifras internacionales. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que en el mundo se producen más de seis millones de toneladas anuales, con China, India, Kenia y Sri Lanka entre los principales productores. En tanto, proyecciones de Statista anticipan que el consumo global superará los 7.400 millones de kilos en 2025.

No es casual, entonces, que desde 2019 la Asamblea General de Naciones Unidas estableciera el 21 de mayo como el Día Internacional del Té, con el objetivo de visibilizar tanto su importancia cultural como sus beneficios para la salud y las economías agrícolas.

Más allá de sus variedades y formatos, el té se ha consolidado como un símbolo de bienestar cotidiano. Su riqueza aromática y la presencia de antioxidantes naturales refuerzan su vínculo con estilos de vida más conscientes. Así, preparar una taza deja de ser un gesto automático para transformarse en un pequeño ritual que invita a detenerse y reconectar en medio de la rutina diaria.

El interés creciente por esta bebida también se refleja en el comercio digital, donde los consumidores pueden acceder a una amplia oferta de tés, infusiones y accesorios especializados. Entre las tiendas disponibles destacan Adagio Teas, con variedades envasadas y a granel, además de infusores y teteras; Milagritos, enfocada en tés negros, verdes y frutales; y FascinanTé, que suma hierbas e infusiones botánicas. También aparecen propuestas más contemporáneas como Big Boba Bubble Tea Shop, especializada en bubble tea y combinaciones con tapioca y sabores frutales.

Entre los beneficios asociados al consumo de té, distintos estudios destacan su aporte antioxidante, que ayuda a combatir el envejecimiento celular y mantener niveles saludables de radicales libres. Además, gracias a su contenido de flavonoides, se relaciona con efectos positivos para la circulación, el sistema inmunológico y el bienestar general.

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