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Claudio Orrego:”Vamos a consolidar a Santiago como la puerta de entrada natural al turismo de Chile”

Claudio Orrego:”Vamos a consolidar a Santiago como la puerta de entrada natural al turismo de Chile”

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La elección de Santiago como sede de The World’s 50 Best Vineyards 2026 marca un hito para el turismo y la industria vitivinícola nacional. El gobernador Claudio Orrego aborda el trabajo público-privado que permitió el evento, el impacto económico y cultural que tendrá para la región.


El Mostrador Fuente Preferida

En el despacho del Gobierno de Santiago, Claudio Orrego no habla del vino solo como una industria de exportación o una cifra en la balanza comercial, habla de él como quien describe la piel y la identidad de un territorio. Para el Gobernador, la ecuación siempre fue clara: la capital no es solo cemento, autopistas y vorágine urbana, es un territorio que a menos de media hora del centro, el Valle del Maipo alberga viñedos centenarios que respiran al pie de la cordillera.

Ese relato de una ciudad que marida cultura, alta gastronomía y tradición vitivinícola acaba de anotar su triunfo más ambicioso. La ciudad de Santiago fue confirmada como la sede oficial de la ceremonia de The World’s 50 Best Vineyards 2026, imponiéndose frente a potencias turísticas de Europa, Asia y Medio Oriente.

El hito no es fruto de la casualidad, sino de un minucioso trabajo público-privada impulsado por el Gobierno de Santiago, junto a su Corporación Regional de Desarrollo y el Grupo Liderazgo. Una estrategia de largo aliento que busca consolidar a la ciudad de Santiago como la indiscutida capital del enoturismo en América Latina.

En conversación con El Mostrador, Claudio Orrego repasa la trastienda de este logro, el impacto que tendrá para la ciudad y su convicción de que el vino debe ser, ante todo, un orgullo patrimonial al alcance de todos y todas.

La trastienda política y humana 

— Habían destinos importantes que estaban compitiendo. ¿Qué significa para Santiago haber ganado la sede de The World’s 50 Best Vineyards 2026?

—Representa un hito histórico para la ciudad y una validación enorme al trabajo que venimos haciendo. Cuando salimos a competir con potencias internacionales, muchos miraban con escepticismo, pero demostramos que Santiago no solo tiene las condiciones técnicas e infraestructura para albergar eventos de escala global, sino que posee una propuesta identitaria única. Haber sido seleccionados demuestra que somos un destino competitivo, atractivo y maduro para recibir a los máximos referentes del enoturismo mundial.

—En el mapa global, ¿cuál fue el factor decisivo que inclinó la balanza a favor de la capital chilena?

—Nuestra condición geográfica e histórica es irrepetible. Santiago es de las pocas capitales del planeta que tiene, a minutos de su casco histórico, un valle de prestigio internacional como el Valle del Maipo, con más de 40 viñas abiertas a experiencias turística. Pocos lugares en el mundo te permiten esquiar por la mañana en los Andes, recorrer un viñedo centenario por la tarde y cerrar la noche cenando en un restaurante de alta gastronomía contemplando las luces de la ciudad desde el mirador más alto de Sudamérica. Ese contraste entre naturaleza, modernidad y patrimonio fue lo que deslumbró a la organización.

Vino, gastronpmñia y cultura

—Hay un “maridaje perfecto” de Santiago con la unión entre el vino, la oferta culinaria y la vida cultural. ¿Cómo se conecta esta visión con el éxito de eventos masivos como la Vendimia del Valle del Maipo?

—Es que el vino no puede ser una experiencia elitista ni un eslogan publicitario vacío. La Política de Turismo de Santiago, lanzada hace pocos meses, tiene entre sus misiones potenciar a Santiago como la capital del vino, democratizando la cultura vitivinícola, y acercándola a los vecinos y a quienes nos visitan. Lo vivimos con el éxito de la 4ta Vendimia del Valle del Maipo, que logró reunir a más de 155 mil personas en el Parque Estadio Nacional, y lo vemos también en métricas tangibles: Santiago alberga cerca de 60 viñas, 40 de ellas abiertas al turismo. Uno visita París y no piensa en viñedos a 20 minutos; en Roma tampoco. Aquí la experiencia urbana y la tradición enológica conviven en el mismo mapa. Ese es nuestro sello y nuestra mayor ventaja competitiva.

— ¿Cuál es el impacto real que dejará este evento para los habitantes y la economía de la región?

—La ceremonia es la punta del iceberg, lo verdaderamente transformador es la semana del encuentro y el legado posterior. Recibiremos a la Academy de The World’s 50 Best Vineyards, un grupo de más de 700 expertos internacionales entre periodistas especializados, sommeliers y compradores globales. Su mirada estará puesta en nuestras calles, nuestros restaurantes y nuestros valles.

Esto se traduce en beneficios económicos directos: dinamización de la hotelería, el transporte, el comercio local, la gastronomía y las industrias creativas. Pero el mayor valor es intangible y de largo plazo: consolidar la reputación de Santiago como la puerta de entrada natural al turismo de Chile y posicionarnos definitivamente en el circuito enoturístico global bajo estándares de sostenibilidad e innovación.

Articulación público-privada

El logro de la sede 2026 deja también una lección política y de gestión en tiempos donde la articulación suele ser compleja. La alianza entre el Gobierno de Santiago, la Corporación Regional, el Grupo Liderazgo y las viñas del Valle del Maipo —desde íconos como Concha y Toro, Santa Rita, Cousiño Macul y Pérez Cruz, hasta proyectos boutique emergentes— sentó un antecedente de cómo el trabajo colaborativo puede proyectar la marca país.

Para Orrego, el desafío de 2026 no es el punto de llegada, sino la consolidación de un relato de ciudad donde la identidad local dialoga de igual a igual con las grandes tendencias del turismo mundial.

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