Opinión
¿Qué estamos comiendo cuando viajamos?
La mayor riqueza gastronómica de un destino no siempre está en sus restaurantes, sino en los productores que rara vez aparecen en las guías de viaje.
Cuando un hotel recibe a un huésped, muchas veces lo hace con un gesto de hospitalidad. A veces puede ser una copa de espumante. Otras, una bebida sin alcohol o un pequeño chocolate sobre la cama. Son detalles pensados para dar la bienvenida. Pero pocas veces ese primer saludo cuenta dónde estamos.
Durante décadas viajamos buscando museos, paisajes o playas. Hoy, con tanta información disponible, cada vez más personas viajan siguiendo un sabor o una historia.
Resulta curioso, al menos aquí en el sur de Chile, en una zona donde existe diversidad de productores de sidra, cervecerías artesanales, queserías y charcuteros con generaciones de tradición, que el primer sabor que recibe el visitante suela ser sorprendentemente parecido al de cualquier otra ciudad.

Quesos Los Díaz – Riñihue (Los Lagos, Región de Los Ríos). Créditos: Cedida.
Cuando el viajero deje de pedir siempre lo mismo, el mercado dejará de ofrecer siempre lo mismo. Si seguimos aceptando cartas con preparaciones muy similares de norte a sur, seguiremos fomentando la estandarización.
Desde el contenido del frigobar hasta el desayuno que se sirve cada mañana, existe una oportunidad que muchas veces pasa inadvertida. Cuando lo que llega a la mesa proviene de personas que viven a pocos kilómetros, el territorio empieza a contarse solo, con más claridad que cualquier folleto turístico. No porque sea necesariamente un producto superior, sino porque tiene algo difícil de replicar: una historia ligada al lugar.

Viña Rebellín (Valdivia, Región de Los Ríos)
Paradójicamente, muchos destinos promocionan sus paisajes, pero muy pocos enseñan a descubrir los sabores que nacen de ellos. El territorio suele aparecer en las fotografías, mucho menos en la mesa.
Para quienes ya empiezan a planificar la escapada de fiestas patrias o las vacaciones de verano, que la curiosidad los lleve no sólo a aventurarse en los destinos que más les apetezcan, sino también a investigar: “¿Qué se produce allí?” Con certeza, de camino a ese parque, lago o playa, habrá productores, usualmente sin banderillas blancas ni de colores, que merecen la escala o el desvío para ser descubiertos.

Viña Coteaux de Trumao (San Pablo, Región de Los Ríos)
Detrás de cada queso, una familia. Detrás de una sidra, un huerto. Detrás de un pescado ahumado, un oficio. El origen es el único ingrediente que no puede copiarse. No todos los sabores nos van a sorprender. Algunos incluso nos decepcionarán. Pero descubrir esos rostros también forma parte del viaje. Quizás ahí esté el verdadero valor: en lograr que aquel primer sabor consiga decirnos dónde estamos.
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