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La nieve que atrae miradas pero cierra caminos: las dos caras del turismo en el desierto de Atacama
Imágenes satelitales difundidas por la NASA mostraron amplias zonas del desierto de Atacama cubiertas de blanco. El fenómeno puede reforzar la promoción internacional, pero en San Pedro de Atacama la misma nieve ha significado cierres de rutas, excursiones suspendidas y pérdidas para operadores.
Los colores cálidos que habitualmente dominan el paisaje del desierto de Atacama dieron paso durante agosto a extensas superficies blancas. Una sucesión de tormentas invernales dejó nieve desde sectores de los Andes hasta zonas cercanas a la costa del Pacífico, una extensión que la NASA calificó como poco habitual para una de las regiones más áridas del planeta. Sus satélites Landsat registraron el antes y después del fenómeno y las imágenes rápidamente comenzaron a circular fuera de Chile.
Pese a que no es un fenómeno común, ocurre cada cierto tiempo. En 2024 ocurrió en el Cerro Medanoso de la Región de Atacama, Provincia de Copiapó. En 2022, fotógrafos chilenos captaron postales únicas, donde se puede apreciar el contraste evidente entre las dunas del desierto y laderas cubiertas con un manto de nieve.
Según el sitio Chile Travel, donde sí encuentras nieve es en las zonas de mayor altitud de San Pedro, como, por ejemplo, en el volcán Licancabur, que se puede ver desde cualquier lugar del pueblo. Es el mismo que apareció en algunos capítulos de la serie The Mandalorian.
Para el turismo chileno, la postal tiene un valor evidente. Atacama ya es uno de los destinos más reconocibles del país en el extranjero, asociado a sus salares, volcanes, lagunas altiplánicas, cielos para la observación astronómica y paisajes desérticos. Ver ese mismo territorio cubierto por nieve agrega un elemento excepcional y difícil de replicar mediante una campaña de promoción: la imagen del desierto más árido del mundo transformado temporalmente en un paisaje invernal.
El interés ocurre, además, en un destino con una actividad turística consolidada. Durante Semana Santa de este año, por ejemplo, San Pedro de Atacama registró una ocupación de habitaciones de 89,8%, la más alta entre los destinos medidos por Sernatur en esa fecha. La difusión internacional de las imágenes podría aumentar todavía más el interés por conocer la zona, especialmente entre viajeros atraídos por paisajes, fotografía, naturaleza y fenómenos poco habituales.
Turismo vulnerable
Pero la misma nieve que sirve de promoción también ha mostrado la vulnerabilidad del turismo atacameño frente a eventos meteorológicos intensos. Durante agosto, las condiciones obligaron a restringir el acceso a sectores de altura y a cerrar rutas utilizadas para llegar a algunos de los principales atractivos de San Pedro, entre ellos los Geysers del Tatio, Lagunas Altiplánicas, Piedras Rojas y zonas de alta montaña. Aunque buena parte de los sitios de menor altitud pudo seguir funcionando o reabrir, la nieve y el hielo mantuvieron restricciones en los sectores cordilleranos.
El costo ya se está reflejando en la actividad local. Representantes de agencias, operadores y guías turísticos estimaron que, después de 14 días de afectaciones, las pérdidas directas superaban los $850 millones. Según los gremios, al menos mil turistas diarios se habrían visto afectados por cancelaciones de excursiones, además de devoluciones y paquetes suspendidos. Las cifras corresponden a estimaciones del propio sector turístico.
Mientras una fotografía tomada desde el espacio puede despertar el interés de millones de potenciales visitantes, en tierra la acumulación de nieve puede impedir precisamente llegar a los lugares que aparecen en esas imágenes. Los gremios de San Pedro pidieron más maquinaria para despejar caminos, aperturas parciales cuando las condiciones lo permitan y una mejor coordinación entre Vialidad, Carabineros, autoridades locales y operadores turísticos.
Así, el Atacama nevado muestra las dos caras que los eventos meteorológicos extraordinarios pueden tener para el turismo chileno. Por una parte, ofrecen imágenes que recorren el mundo y renuevan el atractivo de un destino ya reconocido internacionalmente. Por otra, ponen a prueba caminos, protocolos de emergencia y la capacidad de mantener funcionando una industria que depende directamente del acceso al territorio.
Y si bien la postal puede ser excepcional, el desafío es lograr que también pueda ser aprovechada de manera segura por quienes viven del turismo.