Viajes
Crédito: Paula Peñaloza.
Travesía O’Higgins: una ruta para descubrir la costa norte de la región más allá de Matanzas
Glamping Matanzas, Cervecería Rural y Mundo Miel dieron vida a una red asociativa que busca conectar alojamiento, gastronomía, naturaleza y experiencias locales para potenciar el turismo inicialmente en las comunas de Navidad y Litueche.
A unas dos horas y media de Santiago, la costa norte de la Región de O’Higgins comienza a consolidar una oferta turística que invita a mirar más allá de Matanzas. Acantilados, extensas áreas verdes, playas y sectores rurales forman parte de un territorio tranquilo, donde la cercanía y amabilidad de sus habitantes también son parte de la experiencia.
Las comunas de Navidad y Litueche reúnen alojamientos, gastronomía, producción artesanal y actividades vinculadas a la naturaleza y al mundo rural. Una oferta diversa que hasta ahora no siempre ha estado conectada ni ha contado con la visibilidad necesaria para posicionar al territorio como un destino en sí mismo.
Con ese objetivo nace Travesía O’Higgins, operador turístico impulsado por tres emprendimientos de la zona: Glamping Matanzas, Cervecería Rural y Mundo Miel. “Muchos de los diagnósticos que se han realizado acá apuntan a que falta este encadenamiento productivo, falta alguien que los visibilice, que apoye la comercialización”, explica Cristián Escobar, gerente de Travesía O’Higgins.
La iniciativa, financiada en su primera etapa a través del programa Red Asociativa de Corfo, se
encuentra desarrollando y testeando sus experiencias. Una de ellas propone un recorrido de tres
días y dos noches que conecta distintos servicios y atractivos, no solo de sus socios fundadores,
sino también de otros emprendedores y prestadores turísticos de la zona.
Dormir en medio de la naturaleza
Uno de los puntos del recorrido es Glamping Matanzas, proyecto que Felipe Ramírez comenzó en 2020 y que nació casi como un experimento. Lo que inicialmente sería un terreno para construir una casa de fin de semana terminó transformándose en un alojamiento pensado para disfrutar del entorno con la menor intervención posible. Aquí, el concepto de lujo tiene poco que ver con
grandes infraestructuras y se traduce, más bien, en desconectarse.
“El protagonista del glamping no es el domo, no es la carpa, no es el refugio, sino que tiene que ser el lugar y las experiencias que sean en torno al entorno donde está situado”, explica Ramírez.
Rodeado de vegetación y bosque nativo, donde se encuentran ejemplares de boldo, maqui, molle, peumo y corontillo, el proyecto privilegia la tranquilidad, los espacios para compartir y el contacto con la naturaleza. Una propuesta que también refleja una de las características del destino: la convivencia entre campo, bosque y playa, en un territorio donde se cruzan actividades deportivas, tradiciones y vida rural.
Una cerveza con identidad local
El viaje continúa hacia Litueche y Cervecería Rural, proyecto encabezado por Andrés Fuentes, abogado y maestro cervecero, donde cerveza artesanal y gastronomía conviven en un espacio con historia familiar.
El inmueble fue antiguamente un matadero construido por el abuelo de Fuentes y posteriormente recuperado para instalar la cervecería. Allí nació el que, según cuenta su dueño, fue el primer brew pub de la Región de O’Higgins, un formato que integra la producción de cerveza en el mismo espacio donde esta se sirve.
Rural comenzó con una propuesta sencilla y fue evolucionando hasta convertirse en un restaurante familiar con una oferta gastronómica más desarrollada, sin abandonar la elaboración de cerveza como eje del proyecto. Los visitantes también pueden realizar tours cerveceros con catas guiadas y conocer más de cerca el proceso de elaboración.
Uno de los secretos está bajo sus propios pies. “El agua es de nosotros, de pozo profundo”, cuenta Fuentes. Cada año la envían a analizar para conocer su composición y trabajarla de acuerdo con los distintos estilos de cerveza que producen.
Del panal al frasco
También en Litueche, Mundo Miel, proyecto de Marco Soto y Cristian Sage, propone descubrir el secano costero a través de las abejas y su relación con el territorio. Su miel está marcada por la flora nativa de la zona, con especies como corontillo, quillay y peumo, y por un entorno con escasa presencia de monocultivos y pesticidas. El resultado, explica Sage, es una miel clara, suave y untuosa, que recuerda a “la miel antigua”.
Desde sus inicios, el proyecto ha puesto a las abejas en el centro. Su modelo agroecológico contempla una temporada de cosecha más corta, que termina en enero, para que durante febrero y parte de marzo las colmenas acumulen sus propias reservas para el invierno. Esa misma filosofía dio origen al Refugio de Polinizadores, un terreno de alrededor de cinco hectáreas donde trabajan
en la regeneración de bosque nativo. “Nosotros decimos que somos apicultores regenerativos porque estamos creando bosque donde prácticamente no hay nada. Eso es lo que a nosotros nos inspira y nos mueve”, cuenta Sage.
La experiencia turística permite acercarse a este trabajo, conocer el funcionamiento de las colmenas y aprender sobre la importancia de las abejas y otros polinizadores. Los visitantes pueden cosechar y extraer su propia miel para luego llevarla a casa. La experiencia puede complementarse con una estadía en La Colmena Glamping, una de las alternativas de alojamiento del sector que permite prolongar la visita y disfrutar con más tiempo del entorno natural.

Crédito: Mundo Miel.
Experiencias para completar el recorrido
Entre una parada y otra, la ruta permite sumar otros atractivos de la comuna de Navidad, territorio caracterizado por sus ventosas playas y por el trabajo de recolectores y recolectoras de algas, un oficio de larga tradición en la zona, donde se extraen especies como huiro, cochayuyo, chicoria de mar y lechuga de mar.
En La Boca, el mirador con sus letras volumétricas marca el inicio de una larga pasarela de madera
que conduce hacia la playa, rodeada de árboles a ambos lados. Desde el Mirador de San Pedro, en
tanto, se obtiene una amplia panorámica de la desembocadura del río Rapel, La Boca y el océano
Pacífico.
Desde el muelle de La Boca también es posible embarcarse junto a don Yiyo Espinoza, boquino que lleva más de 14 años llevando pasajeros hasta la desembocadura del río Rapel, en un recorrido que dura cerca de 30 minutos. El paseo en lancha, permite observar desde el agua el encuentro del río con el mar y conocer el paisaje desde otra perspectiva, en una experiencia sencilla y muy ligada a la vida local.
Más al sur, camino a Matanzas, el Mirador Bosque Calabacillo permite observar desde lo alto el área donde se encuentra el Santuario de la Naturaleza Bosque de Calabacillo de Navidad. El área protegida comprende alrededor de 11 hectáreas de agua y fondo marino y conserva un bosque de la macroalga parda Macrocystis pyrifera, junto con la biodiversidad asociada a este ecosistema.
Fue declarado el primer Santuario de la Naturaleza marino de Chile, sumando interés ambiental al recorrido por la costa.
Otra de las paradas es Casa Pupuya, proyecto familiar que nació en 2015 en un terreno de una hectárea históricamente dedicado al cultivo de lentejas, garbanzos y porotos. En 2018 la familia comenzó a reemplazar esos cultivos por lavandas y hoy el campo reúne alrededor de 6.500 plantas de distintas variedades, cuyos aceites esenciales son analizados para conocer su composición química. La visita propone un recorrido sensorial entre aromas, colores y sabores, especialmente atractivo en noviembre, cuando la floración alcanza su mejor momento y se celebra “Pupuya en Flor” con distintas actividades.

Crédito: Paula Peñaloza.
Un destino que se potencia en red
Conectar este tipo de experiencias es precisamente la apuesta de Travesía O’Higgins. La intención es que Glamping Matanzas, Cervecería Rural y Mundo Miel sean el punto de partida de una red más amplia, incorporando otros alojamientos, actividades outdoor, gastronomía y emprendimientos que complementen la estadía y permitan recorrer el territorio de manera más integrada.
Actualmente, el proyecto se encuentra terminando su primera etapa de desarrollo, con cerca del 80% de las actividades contempladas ya ejecutadas. Desde sus inicios, explica Cristián Escobar, gerente de Travesía O’Higgins, la mirada ha estado puesta en “dinamizar la economía del territorio”, dando visibilidad no solo a sus socios, sino también a otros prestadores y emprendedores locales.
La proyección es ampliar progresivamente esa articulación hacia otros puntos de la Región de O’Higgins, conectando servicios y experiencias que permitan descubrir un territorio donde conviven naturaleza, gastronomía, producción local y turismo rural.
Una apuesta cuyo sentido Escobar resume de manera sencilla: “No queremos solo nosotros ganar, sino que queremos mostrar los distintos servicios, los distintos atractivos trabajando de manera colaborativa. Hacia allá apuntamos. Y que ganen los locales”.