Viajes
Curaçao: el azul del Caribe entre casas de colores, herencia multicultural e identidad propia
Playas escondidas de aguas intensamente azules, fachadas de colores en Willemstad, cuevas entre estalactitas y murciélagos, recorridos en buggy y una identidad marcada por influencias europeas, africanas, latinoamericanas y caribeñas hacen de Curaçao mucho más que una postal de sol y mar.
En Curaçao, algunas de las mejores playas no se ven desde la carretera. Hay que salir de la ruta principal, tomar un desvío, bajar entre rocas o atravesar un pequeño acceso hasta que, de pronto, aparece el Caribe: una franja de arena escondida entre acantilados, unas pocas sombrillas y un mar que cambia del turquesa al azul profundo en apenas unos metros.
Es una de las características más atractivas de esta isla situada frente a las costas de Venezuela. Curaçao tiene más de 35 playas, muchas de ellas concentradas en las costas sur y oeste, donde el terreno forma pequeñas bahías y rincones protegidos que invitan a recorrer la isla en busca de un nuevo rincón frente al mar.
Pero quedarse solamente con esa postal sería conocer apenas una parte del lugar. Curaçao pertenece al grupo de las llamadas islas ABC, junto con Aruba y Bonaire, y ha construido una identidad propia en la que conviven su relación histórica y política con los Países Bajos, la cercanía con América Latina, una fuerte herencia africana y una cultura profundamente caribeña. Esa mezcla aparece en los idiomas, la arquitectura, la gastronomía, la música y la vida cotidiana.
Y quizás ningún lugar permita entender mejor esa mezcla de influencias que Willemstad, la colorida capital de la isla.
Desde Chile no existen vuelos directos, aunque es posible llegar desde Santiago con una sola escala. Nosotros viajamos vía Ciudad de Panamá con Copa Airlines, una ruta que además permite aprovechar su programa de stopover para convertir el trayecto en una experiencia de dos destinos en un mismo viaje.
Una ciudad que creció alrededor del agua
El centro de la capital merece ser recorrido a pie y sin apuro. Rosados, amarillos, azules, verdes y naranjos cubren las fachadas de Handelskade, la hilera de edificios de inspiración holandesa que conforma una de las imágenes más reconocibles de Curaçao.
No se trata solamente de una escenografía turística. La zona histórica de Willemstad, incluidos Punda, Otrobanda, Pietermaai y Scharloo, fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1997. Su arquitectura muestra justamente cómo los modelos europeos fueron adaptándose al clima, los materiales y las distintas influencias culturales que confluyeron en la isla.
Y ahí, siempre presente, está el agua. Lo que a primera vista puede confundirse con un río es la bahía de Santa Ana, un puerto natural de aguas profundas que separa Punda de Otrobanda y sigue funcionando como acceso marítimo a la ciudad. Sobre ella cruza el puente Reina Emma, una estructura flotante que se abre para permitir el paso de las embarcaciones.
Cruzar ese puente es parte del paseo y permite descubrir dos caras distintas de Willemstad. Se puede cruzar en un ferri gratuito que va y vuelve durante gran parte del día.
Punda concentra el movimiento comercial y las fachadas más fotografiadas. Tras Handelskade se abre una trama de calles peatonales con cafés, restaurantes, terrazas, galerías, joyerías y tiendas de moda y marcas internacionales.
Otrobanda, en cambio, tiene un aire más bohemio y artístico. Sus casas antiguas conviven con pequeños comercios, talleres, bares, restaurantes y decenas de murales que han convertido parte del barrio en una galería al aire libre, con obras vinculadas a la comunidad, la cultura afrocaribeña y la vida cotidiana de la isla.
A ellos se suma Pietermaai, otro sector donde construcciones históricas restauradas albergan hoteles, restaurantes, bares y cafés.
La oferta hotelera acompaña esas distintas formas de conocer Curaçao. La isla combina grandes resorts frente al mar —incluidos complejos todo incluido y hoteles de alta gama con playas privadas, spa y restaurantes— con pequeños hoteles boutique instalados en antiguas casas de Willemstad, departamentos, villas, bungalós, hostales y casas de huéspedes.
Quienes prefieren estar cerca de restaurantes, bares y vida nocturna pueden alojarse en Willemstad, Pietermaai o sectores como Jan Thiel y Blue Bay; hacia Bandabou, en cambio, aparecen opciones más pequeñas y tranquilas, rodeadas de naturaleza y próximas a varias de las playas del oeste.
Playas para encontrar
La costa merece varios días y, más que instalarse siempre en el mismo punto, invita a salir a recorrer.
Playa Lagun resume bien esa geografía: el mar entra por una estrecha abertura entre dos acantilados. En Grote Knip —o Kenepa Grandi— la vista se abre desde lo alto antes de bajar hacia la arena. Cas Abao ofrece más servicios, mientras otras caletas conservan una sencillez casi elemental: arena, algunos árboles, roca y agua.
Kenepa Chiki, también conocida como Kleine Knip, es la hermana menor de Kenepa Grandi y una de esas playas que mejor representan el carácter íntimo de la costa oeste de Curaçao. Más pequeña y resguardada, ofrece un ambiente tranquilo, con arena clara, aguas transparentes y formaciones rocosas que enmarcan la bahía. Es una playa pública y gratuita, ideal para nadar, hacer snorkel o simplemente pasar unas horas lejos de las zonas más concurridas; bajo el agua, la buena visibilidad permite observar peces y parte de la vida marina cercana a los arrecifes.
El mundo bajo la superficie agrega otra dimensión. Curaçao posee más de 70 sitios de buceo y decenas pueden alcanzarse directamente desde la costa, lo que permite acceder a los arrecifes sin necesidad de embarcarse. El snorkel puede ser tan simple como llegar a una playa, ponerse una máscara y entrar al agua.
Y para quienes buscan la postal caribeña en su versión más pura está Klein Curaçao, una pequeña isla deshabitada a la que se llega en barco, con arena blanca, aguas transparentes, un faro y restos de naufragios.
De las Grandes Ligas al Mundial
Hay otro cambio visible en las calles: Curaçao está algo más futbolizada. Banderas, camisetas y referencias a la selección adquirieron un significado especial después de que el país consiguiera por primera vez la clasificación a una Copa Mundial. Curaçao obtuvo uno de los cupos directos de Concacaf para el Mundial de 2026 y se convirtió, por población, en el país más pequeño que haya logrado llegar al torneo.
La hazaña futbolística se suma a una tradición deportiva mucho más antigua: el béisbol, que sigue ocupando un lugar central en la identidad deportiva de Curaçao. En agosto de 2026, el equipo Pariba Little League, de Willemstad, se coronó campeón mundial de su liga, logrando el segundo título mundial de la isla en esta categoría después del obtenido en 2004. El triunfo volvió a poner en evidencia una tradición beisbolera extraordinaria para un territorio de apenas 150 mil habitantes.
Para su tamaño, la cantidad de jugadores nacidos en Curaçao que han llegado a las Grandes Ligas resulta extraordinaria. Hensley “Bam Bam” Meulens abrió el camino y después aparecieron figuras como Andruw Jones, Kenley Jansen, Ozzie Albies, Jurickson Profar, Jonathan Schoop y Didi Gregorius.
Hoy ambos deportes conviven. El béisbol sigue profundamente arraigado en la identidad de la isla, mientras la primera clasificación mundialista sumó una nueva fuente de orgullo colectivo.
Una isla fácil de recorrer y que sorprende
Curaçao permite combinar distintas experiencias en una misma jornada. Las distancias son relativamente cortas y las principales zonas turísticas están conectadas por carretera. Es perfectamente posible comenzar el día en una playa del oeste, almorzar en el camino, regresar por la tarde a Willemstad, recorrer Otrobanda y terminar tomando algo junto al agua.
El auto es la alternativa más práctica para desplazarse entre distintos puntos, pero una manera especialmente entretenida de conocer su geografía es hacerlo en buggy o vehículos todoterreno, muy populares en las excursiones de la isla.
Estos recorridos permiten internarse por caminos del noreste, senderos de tierra y zonas menos transitadas, alcanzando miradores y paisajes que no siempre son accesibles en un vehículo convencional. Así, el traslado se convierte también en parte de la experiencia: polvo, viento y caminos abiertos que muestran otra cara de la isla.
Pero Curaçao también guarda parte de su historia y biodiversidad bajo tierra. La más conocida es Hato Caves, cerca del aeropuerto, una caverna de piedra caliza formada cuando esta parte de la isla todavía se encontraba bajo el mar. El recorrido guiado atraviesa cámaras cubiertas de estalactitas y estalagmitas, pequeñas piscinas naturales y formaciones a las que el paso del agua ha dado formas particulares. En las zonas más oscuras habita además una colonia de murciélagos frugívoros de nariz larga. En los alrededores se encuentra el Indian Trail, donde se conservan petroglifos atribuidos a los antiguos habitantes indígenas de Curaçao.
Muy diferente es Kueba di Indjan, también conocida como Kueba di Brua, una de las cuevas terrestres más grandes y menos turísticas de la isla. Llegar hasta ella suele formar parte de recorridos en buggy, ATV o vehículos todoterreno, y la experiencia conserva un carácter mucho más rústico: se entra entre rocas y oscuridad para descubrir cámaras naturales donde cuelgan murciélagos y aparecen insectos, entre ellos escarabajos, mientras estalactitas descienden desde el techo y estalagmitas crecen desde el suelo.
La seguridad también juega a favor del destino. Curaçao se mantiene en la categoría de menor advertencia para viajeros del Departamento de Estado estadounidense, aunque, como en cualquier destino turístico, se recomiendan las precauciones habituales frente a hurtos y robos oportunistas.
La isla se encuentra además fuera del cinturón principal de huracanes, lo que favorece una actividad turística relativamente estable durante gran parte del año. También sus playas están libres de sargazo, el alga que ha perjudicado otros destinos turísticos.
Y todavía quedan otros aspectos por descubrir: sus sabores, bebidas, música y costumbres. Porque en Curaçao, el mar y su centro histórico es apenas el comienzo.