Decisiones atómicas
¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo!
Este domingo se cumplen 40 años del accidente de la central nuclear de Chernóbil. Un evento que quedó inscrito en nuestra memoria como el mayor símbolo del peligro de la energía nuclear. Y con razón: fue un desastre tecnológico, humano y político de proporciones, que dio origen a grandes debates y series de televisión. La energía nuclear se transformó en villana y muchos países europeos, como España y Alemania, comenzaron a desmantelar sus capacidades nucleares. Sin embargo, la opinión pública y las estadísticas no cuentan la misma historia.
La Organización Mundial de la Salud estima que, incluyendo las proyecciones de cáncer a largo plazo, unas 4 mil muertes son atribuibles al accidente. Una tragedia enorme, pero bien lejos del peor accidente energético de la historia moderna. Ese título lo ostenta, de hecho, la generación hidroeléctrica:
- En agosto de 1975 la rotura de la presa de Banqiao, en China, mató a más de 100 mil personas en pocas horas. No hay series en Netflix sobre Banqiao. Casi nadie lo recuerda.
Si ampliamos aún más la mirada y dejamos de lado los eventos puntuales para observar el panorama completo, la sorpresa es mayor. Cuando se comparan distintas fuentes de energía en términos de muertes por unidad de energía producida, la nuclear aparece sistemáticamente entre las más seguras, a pesar del miedo que provoca. Los datos de Our World in Data ofrecen una forma concreta de calibrar ese miedo. Consideremos una ciudad de 150 mil habitantes alimentada por una sola fuente de energía.
- Si esa fuente fuera carbón, en promedio cada año morirían unas 25 personas por contaminación y accidentes.
- Si fuera petróleo, bajaría a 18.
- Con gas, apenas 3.
- La hidroeléctrica mataría a una.
- La energía eólica sería responsable de una muerte cada 25 años.
- La energía nuclear mataría a una persona cada 33 años. Chernóbil, por supuesto, está incluido en ese cálculo.
- Solo la energía solar es más segura en este aspecto: una persona perdería la vida cada 50 años por accidentes en su cadena productiva.
Pero la energía solar tiene otros problemas: su disponibilidad se limita al día y requiere de cielos despejados. Su industria, además, es mucho más intensiva en emisiones de gases de efecto invernadero que la nuclear.
Entonces, ¿por qué sentimos que la energía nuclear es más dañina? La respuesta está en un sesgo cognitivo: el de “disponibilidad”. Los accidentes grandes, espectaculares, están más “disponibles” en nuestra memoria, provocando una intuición estadística errónea. Por eso mucha gente les teme más a los aviones que a los automóviles, aunque las estadísticas cuenten una historia completamente distinta. Con la energía nuclear ocurre algo similar, amplificado por décadas de asociación cultural con las bombas, la Guerra Fría y el apocalipsis.
- Nada de esto implica que la energía nuclear esté exenta de riesgos, ni que debamos adoptarla sin discusión. Pero sí sugiere que, si queremos tomarnos en serio el desafío energético del futuro, no basta con escuchar nuestras intuiciones.
El miedo, cuando se sostiene más por la emoción que por la evidencia, tiene consecuencias. Alemania cerró sus últimas plantas nucleares y terminó quemando más combustibles fósiles. Italia y España siguieron el mismo camino y, en momentos en que la guerra hace más difícil el acceso a esos combustibles, el mundo entero entra en una crisis que quizás los núcleos atómicos pudieron haber, en parte, evitado.
A cuarenta años de Chernóbil deberíamos mirar la energía nuclear con los ojos de la ciencia: de las estadísticas para entender de verdad sus costos, y de la física y la ingeniería para conseguir cada vez reactores más eficientes y seguros.
En esta edición invitamos a Luis Huerta, doctor en Física y exdirector de la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN); Fabiola Arévalo, doctora en Física; Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.
Gracias por acompañarnos en este número de Universo Paralelo. A veces basta mirar con más detención para notar que lo nuclear, durante décadas asociado al miedo y al desastre, también forma parte de decisiones clave sobre energía, salud y desarrollo tecnológico. Entre riesgos reales, aprendizajes duros y avances significativos, este tema sigue abriendo preguntas sobre cómo convivimos con una de las fuerzas más potentes que hemos aprendido a manejar.
Comenta y comparte este link. Y si este número te llegó gracias a alguien que también se ha cuestionado el rol de la energía nuclear en nuestro presente y futuro, inscríbete aquí y acompáñanos a entender cómo decisiones invisibles hoy terminan definiendo el mundo en que vivimos.
ENERGÍA NUCLEAR SIN ACCIDENTES, ¿UN MUNDO POSIBLE?

Central nuclear V. I. Lenin de Chernóbil en 2009, 23 años después del accidente.
Crédito: Andrzej Karoń / Wikimedia Commons (CC BY 2.0).
En estos días en que recordamos el accidente de Chernóbil, ocurrido hace 40 años, retrocedamos al siglo XIX, cuando la naciente electricidad infundía sospecha y temor, al convertirse en el medio de iluminación de calles y casas, y los cables que transportaban la energía se diseminaban por las ciudades. Hubo accidentes fatales que alimentaron el miedo a la nueva tecnología.
- La literatura relacionaba la electricidad con experimentos bizarros de todo tipo. El estupendo libro de Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo, en parte refleja esa desconfianza –una “chispa” para dar vida a la creatura, sugería–. Por supuesto, esa obra aborda otros asuntos.
Chernóbil caló hondo en la opinión pública. Como Fukushima, hace 15 años.
- Un accidente de una central nuclear tiene un enorme impacto, aunque no es una bomba atómica. Entre otras cosas, el enriquecimiento de uranio es muy inferior a lo que necesita un arma nuclear. Pero sí presenta grandes riesgos que hay que prevenir. Lo más importante a resguardar en un reactor nuclear es que el material radiactivo nunca sea liberado al ambiente.
El núcleo de un reactor nuclear está ubicado dentro de un edificio de contención, de solidez y características estructurales que, entre otras cosas, resiste sismos de gran intensidad. Adicionalmente, un conjunto de reglas rige la operación de la instalación. Los profesionales que operan el reactor son certificados y ¡deben cumplir las reglas!
- En Chernóbil no se cumplieron las reglas. Una prueba de seguridad del más importante sistema en un reactor nuclear, el mecanismo de enfriamiento, se inició con un retraso no programado, que significó que su desarrollo fuera confiado a un turno operativo que no estaba preparado para ello.
- Malas decisiones, dificultades técnicas de la instalación y violaciones de los protocolos de seguridad desestabilizaron el reactor y una nube de hidrógeno acumulado en el núcleo explotó, volando el techo del edificio y provocando un incendio.
La planta de Chernóbil tampoco cumplía las normas internacionales; entre aquellas, esos reactores no poseían edificios de contención. Debía estar fuera de servicio, pero la política se interpuso. Nuevamente, no se cumplieron las reglas.
- En Fukushima tenemos un nuevo ejemplo de irrespeto por las reglas: el organismo fiscalizador fue permisivo con la industria nuclear del país y se pasaron por alto mejoramientos, justamente para contener olas de un eventual tsunami.
Hoy nadie duda de la necesidad de la electricidad. Las tecnologías y materiales usados actualmente son mucho mejores; las normas, estrictas. Los riesgos han sido minimizados.
- La energía nuclear es útil, también. Si no, para qué arriesgarse, deberíamos decir. La energía nuclear no solamente es una forma de producir energía eléctrica sin efecto invernadero. También –y es el caso del reactor nuclear chileno–, se utiliza para fabricar radioisótopos para diagnóstico y tratamiento del cáncer.
Debemos aprender de la historia. Mejorar las tecnologías, establecer reglas rigurosas, asegurar la independencia del ente fiscalizador. Y esto es lo que desarrolla la Organización Internacional de Energía Atómica, un esfuerzo multilateral global. Si necesitamos reactores nucleares, entonces debemos invertir en seguridad; ciencia y tecnología al servicio de la operación, el mantenimiento y la regulación.
- Toda actividad humana conlleva riesgos, sea en minería, transporte aéreo o energía. Los beneficios exigen aprender a manejar los riesgos. La operación y la regulación de tales actividades deben ser ejercidas con rigor e independencia técnica. Si se espera que la energía nuclear sea un bien para la humanidad, ello requiere conocimiento y responsabilidad colectiva.
El deber ciudadano es exigir normas y su cumplimiento. La ciudadanía debe discutir estos temas, informarse, y reflexionar respecto de las alternativas, beneficios y costos de cada una de esas opciones.
LA ENERGÍA DE LAS ESTRELLAS… Y SUS CONSECUENCIAS

Crédito: Foto de Dipayan Mukherjee.
Cada átomo de nuestro cuerpo se formó en el interior de una estrella.
El estudio de la física nuclear partió con una pregunta que no tenía nada que ver, al menos en apariencia, con la tecnología: ¿por qué brillan las estrellas?
Los cálculos mostraban que ningún proceso conocido podía explicar el brillo sostenido de las estrellas por millones de años. La respuesta llegó desde el estudio de lo pequeño, cuando la física comenzó a mirar dentro del átomo: en el corazón de las estrellas ocurre la fusión nuclear, un proceso en el que núcleos livianos se combinan para formar otros más pesados, liberando enormes cantidades de energía.
- En 1920, Arthur Eddington fue el primero en sugerir que las estrellas obtenían su energía a partir de la fusión nuclear del hidrógeno en helio, añadiendo la posibilidad de que elementos más pesados fueran a su vez creados en las estrellas.
- Este proceso se conoce actualmente como nucleosíntesis estelar, el conjunto de reacciones nucleares que tienen lugar en las estrellas y que son responsables de la creación de elementos químicos. Como hemos indicado antes en este newsletter –y como lo expresa también el epígrafe de este artículo– estamos hechos de polvo de estrellas.
Antes incluso, Marie Curie había descubierto que algunos elementos emitían radiación de forma espontánea. Ese mismo camino de curiosidad llevó, décadas después, a comprender otro proceso clave: la fisión nuclear, en la que un núcleo pesado se divide en fragmentos más pequeños.
Aquí aparece el trabajo fundamental de la física Lise Meitner, quien logró interpretar teóricamente este fenómeno, abriendo la puerta a entender cómo liberar energía desde el núcleo atómico. Ella también es conocida por su postura contraria al desarrollo de una bomba atómica, cuando dice “I will have nothing to do with a bomb” (“no tendré nada que ver con una bomba”).
- Sus trabajos no buscaban aplicaciones inmediatas, sino comprender la naturaleza de la materia. Sin embargo, esas investigaciones sentaron las bases para que el conocimiento sobre la radiación y estructura de la materia también desarrollara aplicaciones médicas que salvan vidas. Esto se conmemora hoy con nombres de elementos como el polonio, el curio o el meitnerio: la tabla periódica guarda memoria de quienes ayudaron a comprender el núcleo atómico.
Así, una pregunta sobre las estrellas terminó conectándose con tecnologías capaces de generar electricidad o emplearse en medicina, pero también ha demostrado que se halla afecta a eventos catastróficos.
Ejemplos existen alrededor del mundo, como Chernóbil (URSS – 1986), Fukushima (Japón – 2011), Ciudad Juárez (México – 1984) o Goiânia (Brasil – 1987), al menos los que ha conocido la comunidad mundial hasta la fecha; sin considerar los ensayos nucleares o el uso durante la Segunda Guerra Mundial. Todos distintos en escala y contexto, pero conectados por un mismo patrón: la brecha entre el potencial tecnológico y la capacidad de gestionarlo.
- Los accidentes no comenzaron porque falló la física en sí misma, sino por la implementación: decisiones humanas, errores de diseño y contextos políticos transformaron un conocimiento científico en una catástrofe.
La historia de la física nuclear muestra algo incómodo: la ciencia no nace necesariamente con un propósito bueno o malo, sino que surge de la curiosidad. Somos nosotros, como humanidad, quienes decidimos qué hacer con ella y cómo regularla. Y, para eso, es importante conocerla.
NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Crédito: Imagen generada por IA.
Te presentamos sorprendentes noticias de una semana rica en avances fundamentales en evolución, física cuántica, salud, tecnología y riesgos planetarios. Toma palco y disfruta los asombrosos descubrimientos de los últimos 7 días.
- El gran motor del Atlántico se debilita más rápido de lo esperado
Un estudio publicado en Science Advances proyecta que la circulación oceánica del Atlántico –clave para regular el clima global– podría debilitarse cerca de un 50% hacia 2100. Este sistema, conocido como AMOC, transporta calor desde los trópicos hacia el norte y mantiene equilibrados los patrones de lluvia y temperatura. La nueva estimación, basada en datos observacionales, es mucho más severa que modelos previos y acerca el riesgo de cambios abruptos en el clima.
Dato curioso: si la AMOC se debilita, Europa podría enfriarse incluso en un planeta que se está calentando.
Publicado el 15 de abril de 2026. Conoce MÁS.
- La evolución humana pisa el acelerador
El mayor análisis de ADN antiguo realizado hasta ahora revela que la evolución humana se intensificó en los últimos 10 mil años, coincidiendo con la aparición de la agricultura. Al estudiar más de 15 mil genomas, los científicos detectaron cientos de genes que cambiaron rápidamente, muchos ligados a inmunidad, metabolismo y adaptación al entorno. Lejos de ser un proceso lento y uniforme, la evolución reciente aparece como una respuesta dinámica a nuevos estilos de vida y desafíos.
Dato curioso: la tolerancia a la lactosa en adultos es una adaptación evolutiva reciente, surgida tras domesticar animales.
Publicado el 15 de abril de 2026. Conoce MÁS.
- Electrones que fluyen como agua desafían la física clásica
Investigadores observaron en grafeno (una lámina de carbono de solo un átomo de grosor) un comportamiento inesperado: los electrones no se mueven como partículas individuales, sino como un fluido casi sin fricción. Este estado, llamado fluido de Dirac, permite que la corriente fluya de manera colectiva, similar a un líquido. Detectarlo había sido extremadamente difícil, porque cualquier imperfección lo destruye. El hallazgo abre una nueva forma de entender el transporte eléctrico y podría influir en futuras tecnologías.
Dato curioso: pese a tener solo un átomo de grosor, el grafeno es uno de los materiales más resistentes conocidos.
Publicado el 15 de abril de 2026. Conoce MÁS.
- Un paso clave para frenar un virus que infecta a casi todos
Científicos desarrollaron anticuerpos capaces de bloquear el virus Epstein-Barr, que infecta a cerca del 95% de la población mundial y está vinculado a cáncer y otras enfermedades crónicas. Usando modelos con sistema inmune humano, lograron impedir que el virus entre a las células, algo que por décadas había sido esquivo. El avance abre la puerta a futuras vacunas o terapias dirigidas contra esta infección persistente.
Dato curioso: el virus Epstein-Barr puede permanecer en el cuerpo toda la vida sin causar síntomas evidentes.
Publicado el 15 de abril de 2026. Conoce MÁS.
ÓRBITAS PARALELAS
El cerebro no guarda recuerdos, los comprime
Un estudio reciente reveló que el cerebro no almacena recuerdos como una grabación exacta, sino que los reorganiza en versiones más eficientes. En el hipocampo (clave en la memoria) las experiencias se “reproducen” internamente, pero en formato más corto, eliminando detalles innecesarios. Este proceso permite guardar más información usando menos recursos y ayuda a priorizar lo relevante para el futuro. Lejos de ser fieles copias del pasado, nuestros recuerdos son reconstrucciones optimizadas.
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Los “Oscar de la ciencia” premian avances que cambian vidas
Se anunciaron los ganadores del Breakthrough Prize 2026, uno de los premios científicos más importantes del mundo. Entre los reconocidos destacan avances en terapias génicas para enfermedades como la ceguera hereditaria y la anemia falciforme, además de mediciones ultraprecisas en física que ponen a prueba el modelo estándar. Cada premio alcanza los 3 millones de dólares y busca destacar descubrimientos que amplían el conocimiento y tienen impacto real en la vida de las personas.
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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS).
RADIACIÓN SIN CONTROL
Un sonido seco y constante irrumpe en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, Estados Unidos. Las alarmas de radiación se activan. Código rojo. No es un lugar cualquiera: es el mismo sitio donde se desarrolló el Proyecto Manhattan. Las hipótesis escalan rápido: ¿fuga de material?, ¿espionaje? La respuesta, sin embargo, resulta tan inesperada como inquietante.
Las alarmas se habían activado cuando un camión cargado con varillas metálicas pasó por una carretera cercana. Era enero de 1984 y, de manera casi accidental, se detectaba uno de los mayores episodios de contaminación radiactiva de origen civil en la historia.
- El origen del evento se remonta a 1977, cuando un centro médico en Ciudad Juárez, México, adquirió un equipo de radioterapia basado en cobalto-60. Este isótopo radiactivo, utilizado clínicamente desde mediados del siglo XX, posee una vida media de 5,27 años y emite radiación beta y gamma al desintegrarse hacia níquel-60 (Halperin, 2025). Según el especialista Edward Halperin, la terapia con cobalto-60 fue un avance decisivo en medicina para el tratamiento contra el cáncer.
- Sin embargo, en este caso, el equipo fue introducido a México sin cumplir con la normativa de la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS). No existía registro oficial, ni protocolos adecuados de manejo. Años después, en desuso y sin supervisión, la máquina fue vendida como chatarra.
Lo que siguió fue una cadena de eventos donde la negligencia y el desconocimiento amplificaron el riesgo. Durante el desmantelamiento del equipo, más de 6000 granos de cobalto-60 fueron desperdigados. El material fue transportado, almacenado, fundido y reutilizado en la fabricación de varillas de construcción y bases metálicas.
La contaminación se expandió silenciosamente: desde el hospital, a camiones, chatarrerías, plantas de fundición, rutas de transporte y finalmente a edificaciones en múltiples estados de México.
- La Imagen de la Semana de Universo Paralelo muestra precisamente estos gránulos radiactivos, extraídos del informe oficial de la CNSNS. Son más pequeños que la punta de un lápiz y se dispersaron sin control. Pero su escala engaña: cada uno es una fuente de radiación.
La investigación posterior identificó focos críticos de contaminación. La camioneta que transportó inicialmente el material fue una de las más afectadas y se encontraba en una zona residencial. Se recuperaron más de dos mil toneladas de acero contaminado, cerca de 30 mil bases metálicas y se ordenó la demolición de más de 800 edificaciones.
Finalmente, parte del material fue enterrado en depósitos controlados, supuestamente. Aun así, informes posteriores han cuestionado la gestión de la emergencia y la condición actual de los depósitos.
- Se estima que más de cuatro mil personas estuvieron expuestas a distintos niveles de radiación y se desconocen los efectos que tuvo este accidente en el medio natural.
La energía nuclear representa una de las herramientas más sofisticadas desarrolladas por la humanidad, pero aún presenta riesgos sobre la tecnología asociada, la gestión, la regulación y la cultura de seguridad que la rodea.
BREVES PARALELAS

Imagen del 16 de marzo de 2011 de los reactores dañados en Fukushima.
Crédito: DigitalGlobe / Wikimedia Commons.
EL MIEDO NUCLEAR PUEDE SER MÁS DAÑINO QUE LA RADIACIÓN
Tras el accidente de Fukushima en 2011, más de 150 mil personas fueron evacuadas de forma preventiva. Sin embargo, los estudios posteriores coinciden en algo incómodo: la gran mayoría de las muertes asociadas al desastre no se debieron a la radiación, sino a los procesos de evacuación, al estrés, a la interrupción de tratamientos médicos y al deterioro de las condiciones de vida.
- Informes oficiales en Japón atribuyen más de dos mil fallecimientos a estas causas indirectas. Mientras tanto, los niveles de radiación a los que estuvo expuesta la población general fueron, en muchos casos, bajos o moderados.
El episodio dejó una pregunta abierta: ¿qué pesa más en una crisis, el riesgo real o el miedo que genera?
NO USAR ENERGÍA NUCLEAR TAMBIÉN TIENE CONSECUENCIAS
En plena crisis climática, varios países han frenado o cerrado proyectos nucleares por presión pública y temor a accidentes. Alemania, por ejemplo, aceleró el cierre de sus centrales tras Fukushima, aumentando temporalmente su dependencia de carbón y gas. Incluso en Chile, luego del desastre ocurrido en Japón, el debate nuclear también se enfrió durante años por percepción de riesgo.
- Y el dato sigue ahí: incluso considerando accidentes, la energía nuclear presenta una mortalidad mucho menor que los combustibles fósiles. A diferencia del carbón o el gas, genera electricidad de forma constante y con emisiones muy bajas de CO₂. Francia, con una matriz fuertemente nuclear, mantiene emisiones significativamente más bajas que otras economías comparables.
A veces, el riesgo no está solo en lo que se usa, sino también en decisiones políticas y en lo que se decide descartar.
RECOMENDACIÓN: EL OTOÑO QUE NO SABEMOS VER

Crédito: Conaf.
Las lengas de Cerro Castillo cambian de color a distintas alturas, como si el bosque apagara el año hogar por hogar. Neruda lo dijo antes y mejor: “Difícil es ser otoño, fácil ser primavera”. La primavera explota. El otoño se retira en silencio.
- El error es creer que ese espectáculo vive solo en el sur profundo. El color avanza de sur a norte durante abril y mayo. Esta semana está llegando a la zona central.
A noventa kilómetros de Santiago, las robleras que rodean la Laguna de Acúleo hacen exactamente eso: se vuelven otro país. Los robles cambian a ocres y amarillos sobre cerros bajos. Sin dramatismo vertical, pero sin costo de expedición. Se sale el sábado temprano y se vuelve con luz.
Más al norte, el Parque Nacional La Campana ofrece la misma transformación en bosque nativo. Darwin lo caminó en 1834 y no se fue sin anotarlo. Para quienes tengan disposición de manejar hasta Temuco, el Parque Conguillío tiene algo que no se repite: araucarias inmóviles y prehistóricas, mientras el sotobosque se enciende de rojo a sus pies.
- Violeta Parra maldijo el otoño. Pero Violeta maldecía lo que amaba; maldijo también la cordillera, el mar, la larga faja de tierra. Nadie maldice lo que le es indiferente.
La bencina cuesta. Es verdad. Pero sale más barato que el psicólogo y el paisaje no cobra por hora.
- Para el camino, The Joshua Tree de U2. El disco de los horizontes abiertos. En una ruta de cerros y robleras en otoño, suena como debe sonar.
Las hojas todavía están. El invierno, no.
Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
- Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.
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