Huellas de cola larga
¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo!
Asumimos que un buen depredador debe ser letal. Que el éxito en la naturaleza se parece a una película de acción: el más violento gana, el que esté en posesión de más armas, de más fuerza. El más mortífero sobrevive. Pero en biología –y en casi todo en realidad– la verdad es mucho más sutil.
- El hantavirus es un ejemplo vivo de esto. El ratón de cola larga (Oligoryzomys longicaudatus) convive con él sin síntomas. Lo lleva en la sangre, en la orina, en la saliva, sin acusar recibo. Una paz perfecta, negociada a lo largo de millones de años por la presión implacable de la selección natural.
Por esto nuestros primeros encuentros con un virus suelen ser tan desastrosos. Al igual que lo ocurrido con el coronavirus causante del COVID-19, que vivía cómodamente en murciélagos antes de encontrarnos en el camino, el hantavirus halló el modo de infectarnos. Pero dentro nuestro está incómodo. En el ratón sabe moverse, sabe convivir, lleva millones de años aprendiendo a no hacer ruido. En nosotros, en cambio, no tiene instrucciones. Desata una respuesta inflamatoria que no puede controlar, enferma gravemente a quien infecta, y no obtiene nada útil a cambio. Somos un mal negocio para él.
A menudo, la evolución tiende a la paz. Piensa en el COVID-19: comenzó siendo un asesino cruel y despiadado, hasta transformarse en un villano menor que produce una enfermedad usualmente inofensiva, al menos para la población sana. Las variedades menos mortales tienen ventaja evolutiva: sus portadores se sienten mejor, van a trabajar, se desplazan y, así, contagian a muchas más personas. El solo hecho de obligar a alguien a reposar implica una eficiencia de contagio muy disminuida.
- En el caso del COVID-19, la paz no se consiguió unilateralmente. Nosotros también cambiamos, construyendo inmunidad a través de vacunas e infecciones previas. La “paz” no la negoció solo el virus. La construimos nosotros igualmente.
Con el hantavirus, sin embargo, nuestra relación es más complicada. Usualmente el contagio es directo desde el ratón. El virus, en la mayoría de los casos, no es capaz de provocar contagio entre humanos. Salvo que la historia tiene un giro. La cepa que circula en Chile y Argentina –el hantavirus Andes– es el único representante de toda su familia para el que se ha documentado transmisión entre personas. No siempre, no fácilmente: requiere contacto estrecho y prolongado. Pero ocurre.
Ya cruzó una frontera que ningún otro hantavirus ha cruzado. No sabemos si algún día cruzará otra, desarrollando, como el coronavirus, una gran eficiencia de contagio. Esperemos que, si eso ocurre, nos encuentre preparados con todas las armas que la ciencia puede darnos.
Hoy nos adentramos en las verdades y misterios que rodean a este virus tan chileno, junto a Nicole Tischler, virolóloga y doctora en Biotecnología; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; Pablo Aceitón, tecnólogo médico con mención en Morfofisiopatología y Citodiagnóstico, magíster en Ciencias Biológicas y académico de la Escuela de Tecnología Médica de la Universidad San Sebastián; y la periodista Francisca Munita.
- Gracias por acompañarnos en este número de Universo Paralelo. Comenta y comparte este link. Y si este newsletter te llegó gracias a alguien interesado en los virus, la salud y las historias que conectan a los seres humanos con el mundo natural, inscríbete aquí. Treinta años después de los primeros casos detectados en Chile, el hantavirus sigue generando preguntas que la investigación no ha logrado responder por completo.
PATÓGENOS VIRALES SIN MERCADO, RIESGOS GLOBALES

Ratón de cola larga (Oligoryzomys longicaudatus), principal reservorio del virus hanta en Chile. Crédito: Yamil Hussein E. Vía Wikimedia Commons.
Dos brotes virales han alertado al mundo durante las últimas semanas. Primero, el brote de virus Andes, conocido comúnmente como “virus Hanta”, asociado al crucero MV Hondius; luego, el del ebolavirus Bundibugyo. Ambos comparten un origen zoonótico y una paradoja inquietante: aunque pueden provocar cuadros graves y emergencias sanitarias de alto impacto, la investigación y el desarrollo de vacunas, terapias y antivirales siguen careciendo de incentivos económicos suficientes.
El virus Andes causa cada año más de cien casos en el Cono Sur. Bundibugyo, en cambio, ha sido detectado en solo tres ocasiones en República Democrática del Congo y Uganda. En un mundo marcado por intenso tráfico internacional y cambios demográficos, climáticos, industriales y ecológicos acelerados, la aparición de epidemias zoonóticas ya no puede entenderse como un fenómeno excepcional o regional. Debemos asumir que estos eventos serán cada vez más frecuentes y que la preparación no puede comenzar cuando la emergencia ya está instalada.
- En esa dirección, la publicación de las hojas de ruta de I+D de la Organización Mundial de la Salud (OMS) constituye una señal relevante: necesitamos prepararnos antes, no después. Para virus como Andes, esto implica invertir sostenidamente en investigación básica, vigilancia, desarrollo de vacunas y terapias, y fortalecimiento de capacidades en países como el nuestro, donde estos patógenos son endémicos.
Gracias al ecosistema científico, tecnológico y de innovación de nuestra región, desde Chile y Argentina hemos contribuido durante las últimas tres décadas a caracterizar uno de los patógenos más letales de la región: el virus Andes. Sabemos hace tiempo que, a diferencia de otros hantavirus, tiene capacidad documentada de transmisión entre personas, especialmente en contactos estrechos y prolongados. Lo que sorprendió al mundo durante el brote en el MV Hondius es algo sobre lo cual nuestra comunidad científica regional ha construido una sólida base de evidencia.
Ese conocimiento ha permitido que Chile cuente con definiciones claras para personas expuestas y sus contactos, protocolos de seguimiento clínico y diagnóstico molecular oportuno. También permitió que especialistas regionales pudieran aportar antecedentes relevantes a la respuesta internacional, y orientan recomendaciones de la OMS frente al brote en el crucero. Este caso demuestra que la ciencia desarrollada en los países donde circulan estos virus no es periférica: es indispensable.
- En nuestro país hemos podido avanzar gracias a inversiones públicas en I+D impulsadas por décadas gracias al ecosistema nacional de ciencia y tecnología. La colaboración local e internacional ha permitido avanzar en respuestas concretas frente a este virus endémico. Hoy contamos con nanoanticuerpos y candidatos vacunales muy promisorios. Además, con el apoyo del Ministerio de Ciencia para estudios preclínicos, una etapa crítica para transformar hallazgos de laboratorio en soluciones aplicables.
Pero para que estas herramientas lleguen a las personas, necesitamos avanzar hacia producción bajo estándares GMP, escalamiento, estudios clínicos fase I y financiamiento competitivo que permita cruzar el difícil puente entre el laboratorio y la aplicación biomédica.
También debemos crecer en infraestructura. Si queremos enfrentar patógenos de alta letalidad con autonomía, seguridad y capacidad de respuesta, Chile necesita laboratorios de máxima biocontención. El talento científico requiere condiciones institucionales, regulatorias, tecnológicas y financieras acordes al desafío. La preparación no se improvisa durante una crisis: se construye durante años.
- Espero que esta alerta internacional contribuya a que los Estados donde el virus Andes es endémico, junto con las agencias globales de financiamiento en I+D, fijen la atención en la urgencia de invertir en esta área. No porque el miedo deba guiar las decisiones, sino porque la evidencia ya existe.
Los brotes de virus Andes y ebolavirus Bundibugyo nos recuerdan que la preparación regional es esencial para anticipar amenazas globales. Chile tiene conocimiento, experiencia y candidatos antivirales promisorios. Ahora necesitamos que esa capacidad científica se transforme en una prioridad sostenida de salud pública, innovación biomédica y cooperación internacional.
EL VIRUS NO DECIDE QUIÉN VIVE

Crédito: Figura elaborada por el autor con asistencia de Claude (Anthropic, 2026).
Dos hombres barren el mismo galpón cerrado después del invierno. Levantan el mismo polvo, respiran la misma tierra seca con orina de ratón. A las dos semanas, ambos amanecen con fiebre alta. Si pudiéramos detener ahí la película, no encontraríamos nada que los separe: misma carga, mismo bicho, mismo pulmón que empieza a colapsar. Lo único que cambiará entre uno y otro no está adentro, sino en el camino que cada uno tiene por delante.
- Porque lo que sigue ya no lo escribe el virus. El hantavirus Andes mata a uno de cada tres que enferman: el Minsal registró un 34% en 2026 y las series clínicas chilenas hablan de 35% a 40%. Detrás de ese porcentaje hay una pregunta que casi nunca nos hacemos: ¿qué le habría pasado a este mismo enfermo si el camino hubiera sido otro?
Cuando un paciente grave llega al Instituto Nacional del Tórax –el centro que lo conecta a un ECMO, la máquina que respira cuando el pulmón ya no puede–, el desenlace cambia de signo. En el grupo de trasladados a tiempo, con una mediana de 10 horas hasta la UCI, sobrevivió el 89%. El mismo bicho, otro final.
Y conviene un matiz, que refuerza el punto. Ese 89% es un número con suerte: para entrar en él hay que sobrevivir lo suficiente como para que el avión alcance a llegar. Los que mueren, y el doctor Pablo Vial lo vio al revisar 100 casos en 8 hospitales, lo hacen casi siempre al ingresar o en las primeras 24 horas; nunca llegan a contarse en ese 89%. El campo no les da una versión peor de la cifra: los deja afuera antes de tiempo. La distancia no empeora la pelea, impide que ocurra.
- El verdadero contraste no está entre dos porcentajes. Es entre dos versiones del mismo enfermo: el que vivía a diez horas del Instituto Nacional del Tórax y el que vivía a mil kilómetros. Cambiamos una sola cosa, el camino, y dejamos todo lo demás igual. Eso que se mueve es lo que de verdad medimos cuando hablamos de muertes por hanta.
¿Y a quién le toca el camino largo? Conviene dejar de creer en la mala suerte. El 88,6% se contagió en el campo, y el 17% trabajando en faena agrícola o de bosque. En el sur, los anticuerpos aparecían sobre todo en quienes no habían pasado de cuarto básico. El colilargo no escoge a nadie en particular; escoge el trabajo y el techo: quién entra a limpiar el galpón, quién duerme en la mediagua donde el ratón pasó el invierno. Y ese mismo trabajo y techo traen el mismo camino largo.
El consejo de cartilla –selle, ventile, moje antes de barrer– está bien dado, pero se queda corto. Le pide a un temporero que selle una mediagua, que tenga agua de cañería y que, cuando se complique, esté a horas de vuelo de un ECMO. Coyhaique está a más de mil kilómetros del Instituto Nacional del Tórax. La prevención individual hace lo que puede; lo demás, acortar esa distancia, no es tarea de cada enfermo, sino nuestra.
El colilargo es una parte del problema. La otra, la más estructural, es cuántas horas de vuelo hay entre un campo y la máquina que respira por uno. Esa cuenta no la lleva el ratón. La llevamos nosotros.
NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Una conjunción entre Venus y Júpiter, similar a la fotografiada en California en 1999, puede observarse en estos días al atardecer.
Crédito: Jeff Sullivan / Sky & Telescope (1999).
Desde tratamientos que comienzan a demostrar su eficacia hasta partículas cósmicas de origen incierto y la confirmación de un terremoto con características nunca antes vistas, la semana dejó varias historias que marcaron la agenda científica.
- El avance que empieza a cambiar la historia del cáncer de páncreas
Tal como comentamos en ediciones anteriores, científicos lograron desarrollar el fármaco daraxonrasib para bloquear KRAS, una proteína alterada presente en la mayoría de los cánceres de páncreas. Lo nuevo son los resultados clínicos: en un gran ensayo con pacientes con enfermedad avanzada, el tratamiento casi duplicó la supervivencia y redujo en un 60% el riesgo de muerte, un avance poco habitual para uno de los cánceres más letales.
Dato curioso: entre 2015 y 2021, cerca del 97% de los pacientes diagnosticados con cáncer de páncreas metastásico falleció dentro de los cinco años siguientes.
Publicado el 4 de junio de 2026. Conoce MÁS.
- Una nueva pista para el misterio de Amaterasu
Científicos creen haber encontrado una explicación para la partícula Amaterasu, uno de los rayos cósmicos más energéticos jamás detectados. La nueva hipótesis propone que no sería un protón, sino un núcleo atómico ultrapesado, más pesado que el hierro. Esto ayudaría a explicar cómo logró conservar tanta energía durante su viaje por el espacio y llegar hasta la Tierra.
Dato curioso: la energía de Amaterasu es tan extrema que solo ha sido comparada con la famosa partícula “Oh-My-God”, detectada en 1991.
Publicado el 9 de junio de 2026. Conoce MÁS.
- Diseñan una vacuna con IA para adelantarse al próximo coronavirus
Una vacuna experimental desarrollada con ayuda de inteligencia artificial mostró resultados positivos en su primer ensayo clínico. Su objetivo no es proteger contra una sola variante, sino contra todo un grupo de coronavirus emparentados, incluidos SARS-CoV-2 y SARS-CoV-1. Si funciona en estudios posteriores, podría ayudar a enfrentar futuras pandemias antes de que comiencen.
Dato curioso: el objetivo de esta vacuna universal no es detener una variante específica, sino proteger contra futuros coronavirus que todavía ni siquiera han sido descubiertos.
Publicado el 5 de junio de 2026. Conoce MÁS.
- Confirman un terremoto que no debería existir
Investigadores confirmaron que un sismo detectado en Utah en 1979 ocurrió a unos 90 kilómetros de profundidad, mucho más abajo de lo que se creía posible para un continente. Al revisar registros históricos encontraron otros eventos similares y propusieron una nueva categoría: los terremotos del manto continental. El hallazgo desafía ideas básicas sobre dónde pueden producirse los terremotos.
Dato curioso: a esas profundidades las temperaturas pueden superar los 700 °C, por lo que las rocas deberían deformarse lentamente en vez de fracturarse de forma repentina.
Publicado el 3 de junio de 2026. Conoce MÁS.
ÓRBITAS PARALELAS
Adiós a una de las misiones más exitosas de Marte
Tras más de 11 años orbitando el planeta rojo, la NASA dio por finalizada la misión MAVEN, luego de perder contacto con la nave en diciembre pasado. Durante más de una década estudió cómo Marte fue perdiendo su atmósfera, ayudando a explicar por qué pasó de ser un mundo potencialmente habitable a uno frío y árido. Sus datos seguirán siendo analizados durante años por la comunidad científica.
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Venus y Júpiter protagonizan el espectáculo del mes
Los dos planetas más brillantes del cielo se encuentran estos días en una llamativa conjunción, un evento celeste accesible y visualmente impresionante. Aún puedes observarlos entre hoy y mañana mirando hacia el oeste poco después del atardecer. Se verán muy cerca uno del otro, ofreciendo uno de los panoramas astronómicos más atractivos del año.
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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: UCLA.
EL VIRUS QUE DUERME EN EL BOSQUE Y DESPIERTA EN EL CUERPO
En Chile, el hantavirus no es una enfermedad desconocida. Aparece cada cierto tiempo en las noticias, especialmente en zonas rurales con mayor contacto con bosques, bodegas y cabañas cerradas. El responsable en nuestro país es el virus Andes, que vive en el ratón de cola larga (Oligoryzomys longicaudatus). Este roedor no enferma, pero elimina el virus por la orina, las heces y la saliva. Cuando esas partículas se secan y quedan suspendidas en el polvo, una persona puede contagiarse al respirarlas.
- Aunque los casos no son frecuentes, la enfermedad puede ser muy grave. El virus Andes causa un síndrome cardiopulmonar severo que puede comprometer la respiración y la circulación en pocas horas. Por eso es tan importante entender qué ocurre dentro del cuerpo durante la infección.
Un estudio reciente de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), publicado en PLOS Pathogens, usó una herramienta muy prometedora: organoides, es decir, miniórganos fabricados con células madre humanas que imitan funciones de tejidos reales. Los investigadores compararon el virus Andes con otros dos hantavirus conocidos, y las diferencias fueron notables. El virus Andes infectó todos los tipos celulares estudiados: pulmón, corazón y cerebro. Los otros dos mostraron una distribución mucho más acotada. En los modelos pulmonares, el virus Andes produjo inflamación y daño celular; en los cardiomiocitos, redujo la capacidad de contracción hasta detener el latido.
- La imagen de la semana en Universo Paralelo recoge parte de esta investigación. Lo que observamos son miniorganoides cardíacos derivados de células madre humanas: diminutas versiones simplificadas del corazón que, aunque no son órganos completos, son capaces de reproducir algunas de sus funciones esenciales, incluido el latido.
A la izquierda aparecen células cardíacas sanas y latiendo; a la derecha, un organoide infectado con hantavirus (en rojo). La infección alteró la estructura del tejido y detuvo sus contracciones.
- El estudio también identificó compuestos capaces de inhibir la infección en el laboratorio. El más prometedor, el urolithin B, logró además restaurar el metabolismo celular alterado por el virus. No es una cura, pero sí un paso relevante hacia terapias futuras.
Para Chile, esta investigación tiene un significado especial. El virus Andes es el único hantavirus del mundo capaz de transmitirse de persona a persona –de forma infrecuente y con contacto muy estrecho–, además de hacerlo desde el roedor. Conocerlo mejor permite reforzar la prevención, mejorar el diagnóstico y avanzar hacia tratamientos que algún día podrían salvar vidas.
BREVES PARALELAS

Crédito: Imagen generada por IA.
EL DÍA EN QUE CHILE DESCUBRIÓ EL HANTAVIRUS
Antes de tener nombre, el hantavirus fue solo desconcierto. En 1995 se diagnosticó el primer caso en Chile en Cochamó, pero lo que encendió todas las alarmas fue la muerte fulminante de un paciente en Coyhaique, justo en la Navidad de 1996.
Al principio los médicos lo clasificaron como neumonía atípica o falla respiratoria misteriosa, difícil de explicar. Ese fue el primer error: mirar una enfermedad nueva con categorías viejas. Luego llegaron los estudios, la identificación del virus Andes y la revisión de casos anteriores, incluso sobrevivientes de Valdivia en 1993. La prensa reaccionó con alarma, y no era para menos: la letalidad inicial fue brutal, cercana al 50%.
Lo que parecía una rareza clínica terminó convirtiéndose en una enfermedad vigilada, con un virus que ya llevaba años circulando en silencio.
MISTERIOS DE COLA LARGA QUE SIGUEN SIN RESOLVERSE
Treinta años después del primer caso diagnosticado en Chile, el hantavirus Andes todavía guarda enigmas profundos. El más desconcertante: por qué ataca con furia a algunas personas sanas y pasa casi inadvertido en otras. No es solo mala suerte. Hay algo en la respuesta individual del organismo que marca una diferencia tremenda y esa ruleta sigue sin descifrarse del todo.
- Otro misterio es su historia real: el virus circulaba mucho antes de que lo detectáramos, con casos retrospectivos confirmados desde 1975, y probablemente antes. Pero ¿por qué recién en los 90 se volvió visible? ¿Cambió algo en el ratón colilargo, en el ambiente o en nuestra forma de invadir sus territorios?
Y persiste la pregunta de por qué, a pesar de décadas de vigilancia en el sur, sigue sorprendiéndonos con brotes impredecibles. Este virus tan nuestro es un rompecabezas biológico y ecológico que revela cuánto nos falta por entender de sus secretos más profundos.
RECOMENDACIÓN: LA VERDAD ESTÁ AHÍ AFUERA (Y NO ES UN COMPLOT)

Crédito: Podcast El hilo.
En 1998, Los expedientes X convirtió un patógeno real, el hantavirus, en una cortina de humo de una conspiración alienígena: el gobierno usaba el nombre del virus como pantalla para ocultar algo peor. Buena ficción, mala epidemiología. La serie imaginaba verdades ocultas y autoridades que mentían. La realidad funciona al revés.
- Lo aprendimos en Epuyén, pueblo patagónico de 2.400 habitantes, donde, entre 2018 y 2019, un cumpleaños desató la mayor cadena de contagios humanos documentada por el hanta: 34 casos y 11 muertos. No hubo complot: hubo un ratón colilargo, un virus ya conocido y un equipo de salud que rastreó cada contacto a la vista de todos. Trazabilidad y cuarentena, un año antes de que el mundo aprendiera esas palabras.
- Esa historia la cuenta, con rigor y sin alarmismo, el podcast El hilo, en conversación con Gaspar Domínguez, médico chileno que integró el equipo que coordinó la respuesta al brote. Divulgación de la buena: ciencia, territorio y memoria.
Conviene escucharlo recordando al historiador Sheldon Watts: las epidemias nunca son solo biología, también son poder. Pero “poder” no es una conspiración secreta, sino algo más incómodo y verificable: quién vive donde abundan los roedores, quién llega tarde al hospital, quién confía y quién desconfía. Eso, y no un expediente oculto, fue lo que la pandemia nos dejó claro.
Mulder se equivocaba. La verdad no está escondida. Está publicada, es revisable y, esta vez, tiene cola larga.
Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
- Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.
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