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	<title>El Mostrador &#187; Sebastián Bowen</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>El dilema de la identidad concertacionista</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Nov 2010 05:49:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Bowen</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Concertación]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Por qué no crear una institucionalidad concertacionista que permita ser parte de la coalición para aquellos que se sienten representados en este ideal transversal? ¿O la única forma de ser de la Concertación para aquellos que así lo sienten es siendo militante de un partido?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al grano: ¿qué debe suceder con la Concertación? La Concertación se sustenta en la alianza que el socialismo democrático y el social-cristianismo establecen con la finalidad de gobernar sobre un programa común. Evidentemente, esta ecuación fracasa en la última elección.</p>
<p>La coalición, desde el punto de vista pragmático, tiene un “pegamento” original y uno de “continuidad”: la oposición a la dictadura y luego los cuatro gobiernos democráticos sucesivos respectivamente.  En este último punto hay algo interesante, es que estos cuatro gobiernos fueron construyendo una identidad <em>concertacionista</em> que le otorgaba una fuerza a la coalición superior a la que se conseguía por la mera suma de los  partidos políticos que la componían.</p>
<p>La marca de los gobiernos de la Concertación y sus liderazgos superaba ampliamente la mala imagen de los partidos políticos y sus referentes del mismo sector.  La complicidad entre los cuatro gobiernos fueron construyendo un “partido” imaginario y transversal que se encontraba sustentado en la defensa histórica de la democracia, una actitud política reformista antes que revolucionaria, una responsable política fiscal, un cuidado y protección de la institucionalidad gubernamental, una valoración del crecimiento económico y el mercado como antes no había existido en la izquierda, y un sistema de protección social cimentado en la idea de una sociedad de garantías.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> ¿Por qué no crear una institucionalidad <em>concertacionista</em> que  permita ser parte de la coalición para aquellos que se sienten  representados en este ideal transversal? ¿O la única forma de ser de la  Concertación para aquellos que así lo sienten es siendo militante de un  partido?</blockquote></div>
<p>Sin embargo, el gobierno se perdió, y con dicha derrota pareciera, entonces, esfumarse la objetivación de este “partido <em>concertacionista</em>”, con lo cual el peso de la identidad ha quedado en el parlamento, es decir, en los partidos políticos, cuya imagen pública sabemos cuál es.</p>
<p>A pesar de diversos intentos que se han realizado por mantener la identidad transversal, en la práctica esta misma ha quedado relegada bajo las identidades e institucionalidades de los cuatro partidos, con lo que indudablemente la coalición pierde fuerza, pues la Concertación representaba algo más que los cuatro partidos políticos que la componen y una gran parte de ella se sustentaba en una fuerza ciudadana que hoy no tiene lugar.</p>
<p>Entonces… ¿tiene sentido una Concertación ante el escenario actual?</p>
<p>Desde mi perspectiva existen dos vías: o la  Concertación objetiva esa identidad transversal, es decir, la Concertación se institucionaliza; o la  Concertación muere de una vez y da vida a una alianza de centro izquierda mayoritaria junto a otras expresiones políticas, es decir, se crea algo nuevo con todas las buenas vibras que trae lo que recién comienza. Pero el modelo actual, donde las identidades partidarias prevalecen sobre un proyecto común, y ese proyecto común está representado en una reunión semanal de los presidentes de partidos, solo hace que el alma <em>concertacionista</em> se desinfle ante la ciudadanía, en el fondo, que muera de manera aletargada y en lentitud.</p>
<p>Todo gran partido o referente político ha pasado por crisis de popularidad y desapego de la ciudadanía –sin ir más lejos el Partido Demócrata en Estados Unidos ha recibido su mayor derrota en escaños desde 1938– pero la Concertación debiera aprender de su propia historia y entender que antes que el voluntarismo, las crisis requieren de instituciones que, en base a procedimientos estatuidos, sean fieles, pero a la vez actualicen los ideales originales, y si no se está dispuesto a eso, mejor declarar el fin.</p>
<p>Por tanto me pregunto: ¿por qué no crear una institucionalidad <em>concertacionista</em> que permita ser parte de la coalición para aquellos que se sienten representados en este ideal transversal? ¿O la única forma de ser de la Concertación para aquellos que así lo sienten es siendo militante de un partido?, si es así… ¡qué desperdicio!</p>
<p>Superar este desafío sin duda le traerá dividendos, no solo en la identidad, sino también en el compromiso de quienes se sienten parte del proyecto y no tienen lugar donde expresarlo. Si esto es imposible, mejor quedarse con el recuerdo de los cuatro gobiernos y no esperar nada a futuro en tanto coalición.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>La pobre política</title>
		<link>http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/07/30/la-pobre-politica/?utm_source=rss&amp;utm_medium=feed&amp;utm_campaign=RSS</link>
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		<pubDate>Fri, 30 Jul 2010 06:49:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Bowen</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Encuesta Casen]]></category>

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		<description><![CDATA[Da igual que omitamos información o queramos presentar los datos de la manera en que mejor convenga a mi gobierno o coalición, total no es un asunto de verdad ni de moral, sino de técnica comunicacional.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dos semanas han pasado desde que se dieron a conocer los primeros resultados de la CASEN; y dos semanas han pasado de un debate político descentrado, casi irónico frente a las cifras.</p>
<p>Importantes figuras de gobierno y oposición toman el micrófono para decir “quién fue”, pero prácticamente ninguno se plantea preocupado del “qué hacer”. Hoy pareciera que la norma es apuntar con el dedo sin importar la imprudencia, no levantar la mano y proponer. Y es que tal vez una de las cosas que más se odia de nuestra actual política es la detestable actitud de no defender ideas, temas, o soluciones, sino posiciones, no discutiendo finalmente el mensaje y su contenido, sino adquiriendo el hábito de discutir contra el mensajero y su forma.</p>
<p>Al igual que un índice de la CASEN que pretende reflejar la situación social del país, se nos muestra el brutal índice de la falta de propuesta en el debate político, que también nos habla de un tipo de pobreza, nos habla de la “pobre política”.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Da igual que omitamos información o queramos presentar los datos de la  manera en que mejor convenga a mi gobierno o coalición, total no es un  asunto de verdad ni de moral, sino de técnica comunicacional.</blockquote></div>
<p>Junto con mostrarnos los desafíos en distribución del ingreso, lo desechable del discurso político a raíz de este punto nos muestra la fatal distribución del poder. La desigualdad social en Chile camina junto a la desigualdad de la toma de decisiones, de la influencia, del poder, donde la posibilidad de que nuestros políticos en Chile realmente “compadezcan” (en el sentido de “padecer con”) junto a quienes están marginados es prácticamente nula. La inserción en las comunidades y los procesos participativos es solo privilegio de algunos (que por lo demás portan un ascetismo admirable), pero lo cierto es que la gran mayoría no vive “para”, sino “de” la política, ante lo cual la posición y la imagen serán centrales. De ahí entonces la actitud de guardar el polvo bajo la alfombra, no buscar las soluciones sino procurar que no se vea mal. Nada más terrible para la pobreza, no buscar soluciones, sino ocultar los problemas.</p>
<p>Los datos en la CASEN son un reflejo del aumento en el precio de la canasta básica. Paradojalmente mientras las frutas, el agua y el maíz aumentan sus precios, los plasmas, autos, y “I Phones”, los bajan de manera inversamente proporcional. Hoy la vida de lujo es cada vez más barata, pero la sobrevivencia cada vez más cara; un relato perfecto de la sociedad que estamos construyendo, lo que percibimos como central y como accesorio, el lugar en que ponemos a las personas y donde situamos las cosas. En este caso, los precios nos hablan de nuestros valores, y viceversa. Pero tan paradojal como lo anterior es nuestra “pobre política”, donde si la persona está en el centro, es para nominarla como culpable, aunque sea con argumentos ficticios, da igual que omitamos información o queramos presentar los datos de la manera en que mejor convenga a mi gobierno o coalición, total no es un asunto de verdad ni de moral, sino de técnica comunicacional. Pero “las personas”, por ende, el país, estarán en tercera o cuarta prioridad, y si esas personas están en la periferia de nuestra sociedad, ahí al lado del basural, de la línea del tren, debajo de la autopista o en una quebrada, donde los valores y los precios decaen, pues será tema en las portadas una vez al año, más un medio que un fin.</p>
<p>Chile no solo padece de un 15% de pobreza, sino padece también de una “pobre política”. Pobre cuando ningunea a la pobreza, pobre cuando se baña de solo rentabilidad y no de humanidad, pobre cuando se mueve por presiones más que convicciones, pobre cuando ofrece cuñas más que testimonios, pobre cuando le duele en el ego las cifras, y no en el alma.</p>
<p>Esta “pobre política”, más que desmotivarnos nos debiera producir el efecto contrario, un desafío a cada ciudadano con estos dos tipos de “pobrezas” y el eventual compromiso con el futuro de ambas. Mientras menos nos ocupemos de la pobreza y la desigualdad, más fuerte será, mientras más alejados y desinteresados estén los ciudadanos y ciudadanas de la “política”, más pobre será.</p>
<p>Entonces hoy me pregunto (sin esperar respuesta alguna) ¿qué proponen los mismos que estas dos semanas han apuntado con el dedo y han copado páginas de diarios y pantallazos buscando responsables? No únicamente para superar la pobreza social y la desigualdad de nuestro país, sino también el estado de la “pobre política”. No tengo muchas expectativas,  no le exijamos al actual sistema un acto contra-intuitivo, probablemente las soluciones pasen por un cierto grado de autodestrucción de los que hoy están en el poder.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Cuando los reyes se inquietan</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 06:50:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Bowen</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Piñera]]></category>
		<category><![CDATA[Stefan Kramer]]></category>

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		<description><![CDATA[OFELIA: El rey se levanta. 
HAMLET: ¿Qué? ¿Le atemoriza un fuego aparente?
GERTRUDIS: ¿Qué tenéis Señor?
Escena XIV, Hamlet, William Shakespeare.
El arte apela a la subjetividad, juega en el campo de la estética, no necesariamente de la ética ni la verdad. Tiene un sentido original en la mente del artista y luego cuando alguien se lo otorga, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>OFELIA: El rey se levanta. </em></p>
<p style="text-align: right;"><em>HAMLET: ¿Qué? ¿Le atemoriza un fuego aparente?</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>GERTRUDIS: ¿Qué tenéis Señor?</em></p>
<p align="right">Escena XIV, Hamlet, William Shakespeare.</p>
<p>El arte apela a la subjetividad, juega en el campo de la estética, no necesariamente de la ética ni la verdad. Tiene un sentido original en la mente del artista y luego cuando alguien se lo otorga, a veces empalma con eso que llamamos el sentido común. De ahí también su profunda humanidad.</p>
<p>Lo objetivo jamás es la intención del arte. Podrá inspirarlo, dotarlo de contenido, interpretarlo si se quiere, pero el arte no emite opiniones ni juicios explícitos, la obra será una expresión del creador que remueve conciencias en direcciones tan variadas como los espectadores.</p>
<p>Por ello es difícil juzgar al arte cuando cada uno escucha y mira lo que quiere. El arte va en búsqueda de la belleza, el placer en sus más distintas facetas, y como bien sabemos, la belleza no es objetiva.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> El arte juega con la subjetividad, no es el arte quien desafía al  Presidente ni le falta el respeto, sino quienes lo interpretan así. Por  ello el juicio a la obra será castigado por quienes gustan de ella, en  este caso, la gran mayoría de Chile.</blockquote></div>
<p>“En cosa de gustos no hay nada escrito” versa el refrán, pero entonces me pregunto ¿qué sucede cuando la obra le gustó a todo el pueblo, menos al rey? Es ese el momento en que el arte se vuelve subversivo. Se viste de subjetividad y libertad humana de expresión para cumplir una de las funciones que tiene en una sociedad: desafiar al poder, solo plausible cuando el poder se ofende y la autoridad formal del cargo versus el carisma informal del artista se confrontan en el juicio público de la obra.</p>
<p>En esta confrontación existen dos salidas: o se le censura (en ocasiones muy dramáticamente apelando a la coacción física o la muerte para el artista, en sociedades más razonables como la nuestra será por medio de la influencia solapada); o se pone a prueba en un debate simbólico la autoridad de quien ostenta el cargo. De ser la primera, el rey asume un costo en la popularidad a cambio de despertar respeto, y a veces temor; de ser la segunda, la autoridad sabe que puede decaer, no la popularidad, sino el respeto al título que porta si no se realiza de manera correcta la jugada (en este sentido nuestra ex Presidenta daba cátedra).</p>
<p>La comedia es sin duda una forma de arte, la imitación caricaturesca un subconjunto de ella, la imitación de Kramer al presidente una expresión más de la misma. Si bien el gobierno en ningún momento ha planteado oficialmente un disgusto con la imitación (y en esto hay que ser objetivos), la sensación en la opinión pública es otra, sobre todo por trascendidos de medios cercanos al gobierno y por voceros del oficialismo. Sebastián Piñera no tiene el carisma (por ahora lo único que podría otorgarle autoridad informal) para enfrentarse en el lenguaje informal exitosamente, creo que nadie se lo pide, de ahí mi incomprensión por intentar una y otra vez “caer bien”. En esta ocasión, la opinión pública quedará con la visión de que el gobierno optó por la primera alternativa: influir con su poder para censurar de alguna manera la famosa imitación, lo cual traerá hoy día un costo de popularidad siempre importante para un gobierno que comienza.</p>
<p>El arte juega con la subjetividad, no es el arte quien desafía al Presidente ni le falta el respeto, sino quienes lo interpretan así. Por ello el juicio a la obra será castigado por quienes gustan de ella, en este caso, la gran mayoría de Chile. El gobierno no tiene más salida que dejar que se haga y sumarse al baile, sabiendo que puede nunca acabar, o ejercer presión para que esa obra no se vea más. Lamentablemente optaron por la segunda, pues el hecho es que Kramer probablemente no imitará de nuevo al Presidente.</p>
<p>Sin embargo, a raíz de este episodio, termino pensando que el arte no tendría sentido en la historia si no inquietara a los reyes, y por mucho que se le acalle, contra el sentido común es difícil competir, siendo el peligro de la terquedad el pasar de rey a bufón de la corte. Por tanto, como dijo Hamlet luego de presentar su obra donde develaba al asesino de su padre…</p>
<p><em>“…Si el Rey no gusta de la Comedia, será sin duda porque… Porque no le gusta. Vaya un poco de música!”</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Reforma tributaria… ¿caridad o solidaridad?</title>
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		<pubDate>Fri, 07 May 2010 06:48:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Bowen</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Reforma Tributaria]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Es solidario un país que reúne 45 mil millones y cambia su estructura tributaria por solo dos años para ir en beneficio de los damnificados pero no es capaz de hacer una reforma permanente a la injusta distribución que tiene?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En una construcción, una estructura solidaria es toda clase de viga, soporte o pilar que al sufrir algún cambio compromete también modificaciones en aquellas estructuras que se encuentran acopladas, o viceversa. Es decir, es una estructura interdependiente a otras, cuyo destino depende y se encuentra unido inevitablemente al destino de las demás. Esto no solo en el caso de sufrir alguna transformación, sino que también implica que el peso y el soporte de la construcción en su totalidad se comparte permanentemente.</p>
<p>Es interesante comprender esta visión del área de la construcción para entender bien los tiempos que estamos viviendo y las decisiones que estamos tomando como país. Y es que cuando hacemos esta reflexión y la contrastamos con la actualidad vemos hay una tensión: o asociamos la solidaridad meramente a la caridad y la beneficencia, o vemos que va más allá, y refiere antes que nada a la justicia necesaria para convivir humanamente.</p>
<p>Siguiendo con el ejemplo  de la estructura solidaria en una construcción, entendemos entonces que un país que se aprecia de solidario, es un país en que el destino de todos sus miembros es compartido, donde todos somos interdependientes. No solo las desgracias se comparten, los logros también. Una sociedad que se conciba como solidaria es aquella que en sus leyes, instituciones, formación y políticas públicas representa fielmente la idea de que la vida y el bienestar de un chileno o chilena, no puede encontrarse disociado de la vida y el bienestar del resto.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> ¿Es solidario un país que reúne 45 mil millones y cambia su   estructura tributaria por solo dos años para ir en beneficio de los   damnificados pero no es capaz de hacer una reforma permanente a la   injusta distribución que tiene?</blockquote></div>
<p>Esto puede sonar perfecto en el papel pero lo complicado es cuando entramos al área chica. El terremoto y sus consecuencias nos otorgan un escenario oportuno para discutir si Chile es un país solidario.</p>
<p>¿Es solidaria una empresa que dona 500 millones voluntariamente pero se subdivide en 20 marcas distintas para no pagar los impuestos que le corresponden?</p>
<p>¿Es solidario un país que reúne 45 mil millones y cambia su estructura tributaria por solo dos años para ir en beneficio de los damnificados pero no es capaz de hacer una reforma permanente a la injusta distribución que tiene?</p>
<p>La solidaridad es hija de la justicia y hermana lejana de la caridad. Refiere a la integración que tenemos entre nosotros y se sustenta en una concepción del país como una gran comunidad que no le es ajeno lo que le sucede al de al lado. La solidaridad no apunta a dar las monedas que sobran ni lo que mi benevolencia me aconseja, eso es beneficencia o caridad.</p>
<p>La solidaridad va más allá, se orienta a la idea de que el destino de quien es miembro de mi comunidad no puede serme indiferente, no en mi conciencia, sino en mis condiciones reales, en mi sueldo, en mi casa, en mi proyección profesional, en mi cotidianidad.</p>
<p>Por eso es tan crucial la discusión sobre la reforma tributaria que ha planteado el gobierno, porque nos permite ver qué tan interdependientes queremos ser los chilenos y, por lo tanto, qué tan solidarios estamos dispuestos a ser.</p>
<p>Si la actual reforma tributaria tiene el carácter de transitoria como la propone el gobierno, la podremos llamar con certeza la “Reforma de la Caridad”. Si la actual reforma se modifica y pasa a tener un carácter de permanente, entonces podrá tener justamente el apelativo de “Reforma Solidaria”.</p>
<p>No nos confundamos, la solidaridad no se deposita en una alcancía, ni en un cajero automático. Para ver qué tan solidario es un país tenemos que ver su integración social, su igualdad y sus mecanismos de distribución del bienestar, y en estos tres temas estamos al debe como nación.</p>
<p>Hoy tenemos la posibilidad de discutir uno de ellos, y como bien sabemos, si la solidaridad es transitoria, entonces no es solidaridad.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>De calefont, tinas y celulosas</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Apr 2010 06:49:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Bowen</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Ferreteros]]></category>
		<category><![CDATA[reconstrucción]]></category>
		<category><![CDATA[Retail]]></category>
		<category><![CDATA[Terremoto en Chile]]></category>

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		<description><![CDATA[Debo reconocer que me produce inquietud leer que una minera, una celulosa o una famosa tienda de retail se harán cargo de la reconstrucción de distintas ciudades.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un día me tocó conocer el caso de una comunidad que vivía en un campamento de Santiago con quienes estábamos trabajando en el proceso de erradicación. Al momento en que los arquitectos que trabajaban con nosotros diseñaron las casas, se percataron que cada baño podía contar con un calefont, el dinero del subsidio y el ahorro alcanzaría para ello. Sin embargo, la decisión de las familias fue agrandar el baño, y preferir una tina con el mismo dinero del calefont. El raciocinio era lógico: las familias toda su vida habían calentado el agua sin calefont, pero nunca habían tenido el gusto de darse un baño de tina en su casa. La carga simbólica de dignidad para la dueña de casa de darse un baño de espuma hablaba de sus anhelos y preferencias más profundas.</p>
<p>El resultado de estas casas entregadas el año 2008 fue rotundo en materia comunitaria, la participación y organización de las familias en el diseño y construcción de las casas produjo que el cambio del campamento al barrio se transforme en un salto cualitativo en la calidad de vida y proyección social. Las viviendas fueron expresión de los anhelos de las familias aterrizados a la realidad.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Debo reconocer que me produce inquietud leer que una minera, una  celulosa o una famosa tienda de retail se harán cargo de la  reconstrucción de distintas ciudades.</blockquote></div>
<p>Este exitoso ejemplo dista mucho de otros. También conocí muchas familias que al momento de erradicarse no pasaban más que semanas o meses en sus nuevas casas y decidían volver a los campamentos donde antes vivían. ¿Qué les hacía preferir la precariedad e informalidad de los campamentos por sobre  los baños, los 45 mts2 y regularización de las villas? La respuesta se encontraba en el proceso más que en el resultado: los campamentos eran suyos. Ellos eran dueños de lo que había y lo que no había, de los costos que significaban y los beneficios conseguidos, del esfuerzo entregado en la histórica toma y la construcción improvisada de sus casas invierno tras invierno. Las decisiones que habían construido su vida en el campamento, al igual que el ejemplo del calefont y la tina, eran expresión de sus valores y, finalmente, reflejaban no solo su historia (de por sí suficiente razón) sino también su espíritu.</p>
<p>Y es que todo proceso de construcción lleva consigo un valor comunitario (sea de una familia, de una comunidad vecinal, de una sociedad) que al soslayarlo se pierde el sentido, ya que también fracasa el objetivo para el cual fue construido.  La participación comunitaria funciona, de esta manera, como un aval al momento de asegurar el éxito de una obra.</p>
<p>Una casa entregada sin participación, será incapaz de transformarse en hogar. Cualquier problema de la casa sería una perfecta razón para criticar la entrega, al fin y al cabo quienes la habitan no son responsables de su existencia, por tanto, de su éxito y destino tampoco.</p>
<p>Hemos visto en este último tiempo una verdadera fiebre por la reconstrucción, y en este proceso podemos seguir el patrón del primer ejemplo o podemos cometer los mismos errores de construir casas, barrios, y ciudades que serán deshabitados en el mediano plazo, o lo que es peor, habitados sin identidad.</p>
<p>Debo reconocer que me produce inquietud leer que una minera, una celulosa o una famosa tienda de retail se harán cargo de la reconstrucción de distintas ciudades. Tiendo a preguntarme qué sucede con las organizaciones vecinales, con las autoridades locales, con los movimientos ciudadanos, quienes en este proceso deben actuar como canalizadores del criterio comunitario sobre el que debe estar inspirada la reconstrucción y no el criterio de mercado.</p>
<p>Este último y las empresas podrán encontrarse al servicio de los intereses y decisiones ciudadanas, es más, el aporte del sector privado es algo que debemos promover en este sentido, pero en ningún caso reemplazar el liderazgo comunitario. El gobierno, por su parte, le cabe un rol de garante de la ciudadanía en esta fiscalización antes que transformarse en un simple promotor del aporte empresarial.  Si no mezclamos la eficiencia y los recursos con la participación y la organización, puede suceder que por muy caras y rápidas que se construyan las cosas, el escenario donde habite la gente sean las carpas y calles que cada día se visten de definitivas y comunitarias.</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Falla estructural</title>
		<link>http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/03/10/falla-estructural/?utm_source=rss&amp;utm_medium=feed&amp;utm_campaign=RSS</link>
		<comments>http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/03/10/falla-estructural/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 05:42:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Bowen</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Terremoto en Chile]]></category>

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		<description><![CDATA[El mercado, el consumo y la producción podrán satisfacer muchas necesidades, tal vez la mayoría, pero lo estructural de una sociedad radica en aquello que no puede ser mediado por el precio: las relaciones humanas, la capacidad de ser comunidad y de organizarnos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Venían con el sello de nuestra sociedad. Eran jóvenes, no más de diez años de construcción, su publicidad nos mostraba una pulcritud ajena que nos hacía soñar una vida que por el sólo hecho de parecer… sería. Albergando empresas, siendo grandes casinos, hoteles, aeropuertos, centros comerciales o modernos edificios residenciales, le mostraban al mundo lo que era Chile. Hasta el sábado a las 03:37, la estética de la satisfacción se encontraba en su apogeo.</p>
<p>Las fotos de algunos de nuestros grandes edificios modernos derrumbados o quebrados se introdujo en nuestro inconsciente. Y es que se suponía que el pasado se derrumbaría, pero el presente no. Lo que Chile mostraba y quería ser, debía resistir; su derrumbe, es el derrumbe de una fórmula que tenía en la imagen y el lucro sus factores esenciales. La caída del Mall de la Dehesa pareciera ser más simbólica que el derrumbe de la Iglesia de la Divina Providencia. La falla estructural de algunos edificios modernos fue superior a toda la grandilocuencia con que se promocionaban.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> La falla estructural nos presenta un cambio de enfoque en la manera que tenemos de pensar. El derrumbe de la estética de la satisfacción hoy nos hace extrañar la ética de lo sustentable.</blockquote></div>
<p>En estos días todo Chile comenzó a hablar de la “falla estructural”, hasta los más ajenos al mundo de la construcción comprendieron lo relevante de éste término. Podrá haber un muro con su pintura resquebrajada, podrán asomar grietas a la superficie, pero lo importante es si una construcción tiene o no tiene falla estructural. La apariencia ha pasado a un segundo plano, hoy lo determinante (en muchos casos tardíamente) es la estructura, lo que no está a simple vista, “lo que sustenta”. La falla estructural nos presenta un cambio de enfoque en la manera que tenemos de pensar. El derrumbe de la estética de la satisfacción hoy nos hace extrañar la ética de lo sustentable.</p>
<p>Algo no tan distinto ha lo sucedido en el plano social. Al igual que aquellas construcciones que se desplomaron, nuestra estructura social también mostró serias “fallas estructurales”. No es mi interés hacer un texto crítico y apocalíptico sobre nuestra sociedad, mucho se ha hablado en estos días sobre nuestras falencias sociales, pero hay una arista sobre la que pretendo reflexionar a modo de dibujar un camino a seguir.</p>
<p>El mercado, el consumo y la producción podrán satisfacer muchas necesidades, tal vez la mayoría, pero lo estructural de una sociedad radica en aquello que no puede ser mediado por el precio: las relaciones humanas, la capacidad de ser comunidad y de organizarnos.</p>
<p>Los tabiques de las redes productivas y de consumo sucumbieron, pero al igual que el resquebrajamiento de la pintura o las grietas superficiales, lo crucial es si nuestra construcción social tiene o no “falla estructural”, es decir, en la organización de base. Y lamentablemente, debemos responder con una afirmación. Salvo grandiosos ejemplos, el terremoto desnudó la precariedad que tenemos en la actualidad como sociedad en nuestras organizaciones comunitarias.</p>
<p>La promoción de la organización comunitaria no ha sido la prioridad en las últimas décadas ni en las políticas públicas, ni en la educación formal, ni en nuestras mismas familias, y es éste el principal elemento de empoderamiento, participación, de seguridad social, de democracia, de resguardo de la ética del bien común y del levantamiento de un pueblo ante una catástrofe que podría existir.</p>
<p>A estas alturas corresponde ver esto como un desafío antes que un problema, una responsabilidad más que una culpa, debe motivar la acción antes que la queja. Pues la materia prima para esta organización en Chile se encuentra de sobra, basta ver la reorganización que hubo al cabo de unos días, y el tremendo ejemplo del fin de semana de toda una sociedad movilizándose para ir en ayuda de sus compatriotas.</p>
<p>En estos tiempos, en que la reconstrucción de Chile comienza a ejecutarse, debemos ser capaces de ver que junto con la tragedia se nos abre una oportunidad, y junto con la solución práctica, una forma de comunidad. Así como queremos levantar estructuras, nuestra mirada también debe estar en la estructura social y acompañar las obras, vías y casas que reconstruyamos con un fortalecimiento de las comunidades y su organización. Ahí yacen los muros, vigas y pilares que construyen un país.</p>
<p>Podrá venir otro terremoto u otra catástrofe, son un rito en nuestra historia, se caerán nuevamente las construcciones, las iglesias y los caminos, pero es la organización de Chile y la de su pueblo la que no puede sufrir fallas. Cuando las construcciones se encuentran provistas del contenido de sus comunidades o son el producto de la organización de su gente, se levantan sobre los hombros de las personas y no de la tierra, viven en nuestro pueblo</p>
<p>Una vez pasada la urgencia, el desafío será la promoción de la organización de base y comunitaria. Es lento, silencioso y no se aprecia a simple vista, al igual que una viga estructural, pero en tiempos de crisis, todos preguntan por ella.</p>
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		<title>El Horno está para bollos…</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Jan 2010 05:04:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastián Bowen</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Qué distinto sería el arrastre de los partidos si Orrego, Tohá y Díaz fueran sus dirigentes! De hecho los tres representan esta identidad común, más acorde con sus pares generacionales que con sus compañeros y camaradas dirigentes actuales.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si la Concertación hace un par de años hubiera dado la posibilidad de adherirse o inscribirse como militante “concertacionista” sin la necesidad de adherir a un partido político, yo habría ingresado, y creo que no habría sido el único. Mucha gente se sentía identificada con la  Concertación pero no era capaz de identificarse con uno de los cuatro partidos.</p>
<p>Me cuesta entender la razón por la cual esto no se hizo pero creo que habría sido una inteligente jugada política, con la necesaria orgánica e institucionalidad habría traído buenos dividendos.</p>
<p>Y es que la Concertación en su historia gubernamental ha logrado levantar un sustrato común más fuerte que la identidad partidaria. Entiendo que hay tradiciones, los hijos de Frei Montalva y los de Allende, los socialdemócratas y los socialcristianos, liberales y conservadores. Sin embargo, guardando el debido respeto, esas diferencias y tradiciones a la luz de los últimos 20 años comienzan a carecer de sentido para las generaciones emergentes cuando se trata de definición política. De alguna manera la Concertación consolidó una matriz reformista, democrática, solidaria, garantista, fiscalmente responsable e institucionalmente muy trabajada que hizo que los partidos quedaran subsumidos en una identidad más fuerte.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> ¡Qué distinto sería el arrastre de los partidos si Orrego, Tohá y Díaz fueran sus dirigentes! De hecho los tres representan esta identidad común, más acorde con sus pares generacionales que con sus compañeros y camaradas dirigentes actuales.</blockquote></div>
<p>Esto no es casualidad, se da en un contexto de creciente desgaste de los partidos ante la ciudadanía, siguiendo la tesis que plantea que el pueblo chileno tiene dos visiones frente a la coalición, una muy buena (la de gobierno), una muy mala (de los partidos políticos).</p>
<p>Mientras exista un gobierno, la situación no hace catarsis, pues hay una casa donde llegar. Todos aquellos que nos identificábamos con la “Concertación transversal” nos sentíamos representados políticamente por el gobierno. Sin embargo, con la derrota surge un problema: los partidos son incapaces de representar a este grupo, en otras palabras, quedan “huérfanos”.</p>
<p>Por tanto, ¿qué hacer con quienes no se sienten llamados por los partidos políticos actuales pero si por la forma en que se ha construido gobierno? Probablemente, estas personas se reunirán y buscarán actuar de forma conjunta.</p>
<p>Suelen ser menores de 40 años (puesto que los mayores tienen fidelidades más robustas con las tradiciones), por esta razón hacen sintonía con el discurso de la renovación política y se sitúan críticamente ante el anquilosamiento de las dirigencias partidarias. ¡Qué distinto sería el arrastre de los partidos si Orrego, Tohá y Díaz fueran sus dirigentes! De hecho los tres representan esta identidad común, más acorde con sus pares generacionales que con sus compañeros y camaradas dirigentes actuales.</p>
<p>Este grupo es gente que participa, por lo general tiene o tuvo una fuerte participación en iniciativas ciudadanas en distintos ámbitos (social, cultural, académico, digital, etc). Por tanto empatizan con la demanda por una política más ciudadana. Les extraña de manera abrupta la rigidez, la autoridad, la burocracia y la “cupulocracia” existente al interior de los partidos políticos, exigen una adaptación a los nuevos tiempos aún cuando valoran la institucionalidad alcanzada.</p>
<p>Todo lo anterior genera hoy día un escenario propicio para el surgimiento de nuevos movimientos, los cuales navegarán en las aguas turbulentas del 2010 para la centro-izquierda. Y se definirán al tiempo que se redefine la Concertación. Pensar que estos nuevos movimientos son un obstáculo para el desenvolvimiento de los partidos políticos sería una visión cortoplacista, puesto que actuarán como dique para que la gente no se vaya ante la pérdida del gobierno e impregnarán mayores variables de competencia en las estructuras políticas tradicionales.</p>
<p>Estos movimientos estarán forjados sobre la libertad de personas que no tienen el costo de salirse de un partido para formar una nueva estructura política, por tanto, al no tener ataduras, construirán un camino que no solo planteará una nueva forma de hacer política, sino que darán algunas pinceladas, aún prematuras, de una nueva organización del naipe político basado en nuevas identidades. En el 2010, al revés de lo que dice el viejo refrán, el horno está para bollos.</p>
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