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Crítica de cine: “Insurgente”, mañana en la batalla, piensa en mí Análisis al filme de ciencia ficción basado en el segundo libro de la Trilogía Divergente

Crítica de cine: “Insurgente”, mañana en la batalla, piensa en mí

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Doscientos años después del presente que vivimos ahora, la lucha de Tris (Shailene Woodley) por liberar al mundo conocido, de la tiranía de Jeanine (Kate Winslet), continúa en esta secuela, inspirada en el ciclo novelístico de Veronica Roth. Sin ser un largometraje excepcional del género, la pieza debida al realizador alemán Robert Schwentke, cobija, no obstante, un par de factores audiovisuales que la hacen un producto cinematográfico al cual debemos observar atentamente: la actuación de las estrellas femeninas ya mencionadas –a quienes se les agrega el rol encarnado por Naomi Watts-, y el lente de una cámara que, en algunas oportunidades, se arriesga con llamativos planos-secuencias. La principal deuda: una narración por momentos incoherente, y la pérdida de intensidad dramática (imperdonable en el formato), durante largos pasajes de la obra.


“Sé que sentir es lo que cuenta / que es lo único que cuenta”.

Claudio Bertoni, en Piden sangre por las puras.

Insurgente - Poster oficial

La mejor variante artística de Insurgente (Insurgent, 2015), sin lugar a dudas: ver actuar a Shailene Woodley (California, 1991). No exagero, créanmelo, la hermosa intérprete que se hizo conocida con el papel de la hija de George Clooney, en Los descendientes (2011), y que luego fue un icono adolescente por su participación en Bajo la misma estrella (2014), termina por demostrar, con su inclusión en esta popular saga fantástica, que es una de las mayores, si no la más talentosa, actriz veinteañera del cine estadounidense. Esa condición, empero, en la actualidad, la comparte con la melancólica Kristen Stewart, compatriota suya.

Con su rol de Tris (una personificación en apariencia fácil), la joven nacida en Simi Valley, atraviesa por la totalidad de las fases dramáticas a las que podría aspirar una caracterización al interior de un título fílmico: pues pelea cuerpo a cuerpo, dispara poderosas ametralladoras láser, sufre con sus recuerdos, la agobia la culpa, comparte sus sentimientos amorosos y sus caricias con otro guerrero, protege a su hermano más pequeño (Caleb, aquí abordado por Ansel Elgort), se pelea con un par generacional (Peter, a cargo del actor Miles Teller, el sorprendente protagonista de Whiplash), y concluye por desentrañar el ignorado mensaje secreto que esconde el cofre guardado celosamente por Jeanine, tras superar innumerables obstáculos.

Y la simulación llevada a cabo, le resulta con bonos a su favor para Shailene Woodley: en cada una de las secuencias que se suceden en el transcurso narrativo de Insurgente, nos queda claro que sus cualidades escénicas, se mal aprovechan en este tipo de cintas, debiendo guardarse para créditos, creo yo, que respondan en mejor medida a sus destrezas y condiciones interpretativas “naturales”: a Kristen Stewart, sin ir más lejos, la apreciamos trabajando, recientemente, con Julianne Moore en Siempre Alicia y junto a Juliette Binoche, en Clouds of Sils Maria, de Olivier Assayas.

Insurgente 3

A esos desafíos debiera apuntar la artista de pelo castaño en el tiempo próximo, no en vano, su personaje aquí, tiene un aire y despierta una cierta empatía, equivalente al prendamiento estético que genera el personaje encarnado por Scarlett Johansson, en la Bajo la piel (2013), de Jonathan Glazer.

Los desempeños de Kate Winslet y Naomi Watts, son otro punto a resaltar en estos párrafos: en un guión con claros problemas en la construcción de su estructura de relato, la actuación de las dos inglesas sube los puntos de la precaria realización dramática del filme. La primera, representando a esa guardiana y tirana de las distintas facciones que componen la organización sociopolítica del planeta en esa crónica del futuro. Fría, decidida, obtusa y determinada, en una caracterización que nos recuerda a un papel mayor de su trayectoria: el rol que hizo de Hanna Schmitz, la analfabeta integrante de las SS, en El lector (2008), de Stephen Daldry.

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La segunda, en tanto, expresa otra faceta de su reconocido talento actoral: si en el verano de este año austral, ya la hemos visto deslumbrar en los elencos de St. Vincent y de Birdman; en la presente ocasión, y bajo los rasgos psicológicos de una líder de guerrilla suburbana, y madre en busca del perdón y del reencuentro con su único hijo (Cuatro, la pareja de Tris, interpretado por Theo James), su actuación, decimos, le entrega una dosis de seriedad y de profundidad, a un libreto con serios problemas en la poética (planificación y factura última) de su escritura, pese a constituir una traslación de las novelas de la estadounidense Veronica Roth (1988).

De hecho, y por momentos, la trama se vuelve confusa y desprende la impresión de que los diversos nudos dramáticos a desentrañar, se suceden por el azar o la improvisación de los autores, antes bien que por una reflexión meditada y orquestada, proveniente del texto original; no verificándose, en consecuencia, una línea clara y lógica, en gran parte del relato que se nos exhibe proyectado sobre la pantalla. Así, aquel diagnóstico se torna en la falencia más evidente al instante de valorar la calidad cinematográfica del presente título.

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Porque la historia de Insurgente, podría cautivarnos mucho más aún, que las emociones y la adrenalina derivada de los combates que se producen entre el dúo de Tris y Cuatro, sus besos y caricias, conformando un bando, y su lucha frente a las implacables y nazistoides tropas de Jeanine, por el otro; pero ese hipotético misterio, esa audaz línea de acción, sin embargo, queda constreñida y coartada, finalmente, por las mezquinas redes de la escasa calidad literaria de la novela, ahora, convertida ahora en imágenes.

La ciencia ficción es un campo abierto a todo tipo de experimentaciones y discursos argumentales (si no, preguntémoselo a Philip K. Dick y a los hermanos Wachowski) y, también, una categoría susceptible a una dirección de arte que intente concebir una puesta en escena mucho más ambiciosa y plena de posibilidades, en desmedro de una simplista opción por recurrir a los efectos especiales, infinitos, que a esta altura ofrece la digitalización del cine: los guionistas parecieron no entenderlo, o bien, no compartir ese punto de vista, menos lo hizo, el departamento encargado de definir la escenografía de los distintos encuadres. Las ruinas del Chicago futurista que nos muestra este último equipo, puede ser el páramo de asfalto aniquilado, de cualquier ciudad del primer mundo.

Insurgente no es una mala película, aunque tampoco alcanza los ribetes de una superproducción, sólo se queda en una confortable medianía cualitativa, suficiente para atraer a los millones de espectadores que tiene a su haber: eso sí, con largas lagunas en su intensidad dramática, las que son imperdonables para un thriller de su pretendida alcurnia y derrochada propaganda. Y sin ser injustos, tenemos que describir los formulados planos-secuencias que la cámara enfoca en la fuga de Tris, Cuatro y Caleb, al comienzo de la cinta, hasta que se bajan de un tren, luego de pelear espectacularmente al interior de un vagón del mismo, descender a toda velocidad, y así arribar a esa urbe transformada en un imaginario y precario escenario de guerra.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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