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Crítica de cine: “Naomi Campbel”, el nombre de las identidades sin límites Filme de Camila Donoso y Nicolás Videla se exhibirá también en Nueva York (10 de abril)

Crítica de cine: “Naomi Campbel”, el nombre de las identidades sin límites

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A un año y medio de su estreno en Ficvaldivia 2013, por fin se estrena en salas comerciales del país, la película escrita y dirigida por este par de jóvenes realizadores nacionales, los que se conocieron mientras estudiaban en España. Rodada con un estilo de cámara, donde se mezclan la ficción y el documental, lo más loable del crédito se encuentra, sin embargo, en el talento fotográfico de sus autores (a quienes se agrega el trabajo de Nicolás Illanes), el diseño de los ambientes creado por la dirección de arte, y en la interpretación del rol protagónico (a cargo de Paula Yermén Dinamarca). Pese a ello, la historia de la transexual santiaguina, que brega por una operación de cambio de género, evidencia el peso de la improvisación en su discurso narrativo y de la poca elaboración literaria en la dramatización de los tópicos argumentales, que integran el conjunto del relato audiovisual.


“Mi cuerpo es un celaje que se aleja y no acierta / a detener la huída”.

David Rosenmann-Taub, en Cortejo y Epinicio

Naomi Campbel - Poster oficial

Quizás ni lo pensaron sus directores de esa manera, pero Naomi Campbel (2013) guarda algunas semejanzas notables, en sus motivos dramáticos, con una pieza mayor del arte literario chileno y sudamericano: con la novela El lugar sin límites, de José Donoso Yánez. Ambas obras, de hecho, están protagonizadas por un transexual, y la línea férrea que cruza allá un pueblo maulino, y acá, la población capitalina de La Victoria, adquiere los contornos y las dimensiones, de una marca fronteriza que divide al mundo y la ciudad en dos mitades radicalmente opuestas: los que habitan a un lado y los que viven al otro.

En el análisis de ese factor entre escénico y argumental, emergen las facetas más logradas del largometraje de Nicolás Videla y de Camila José Donoso: la puesta en cámara de una urbe detectable en sus precariedades, contrastes y diferencias. Pero, especialmente, en la construcción audiovisual de esos barrios que parecen respirar en otra frecuencia humana, y en una sintonía cotidiana distinta, a la de la civilización que transcurre en las manzanas del Centro y de Providencia, por ejemplo, que son los sectores citadinos donde el foco exhibe esa contraposición narrativa, valiéndose de los desplazamientos que efectúa el personaje principal del filme (Paula Dinamarca, Yermén dentro de la ficción-documental), a lo largo del desarrollo de la acción, con el propósito de conseguir los permisos médicos y psicológicos, para realizarse la cirugía de cambio de sexo.

La dirección de arte de Nicolás Oyarce, en el esfuerzo por generar un espacio donde cohabiten las múltiples personalidades de “Yermén”, recrea habitaciones que muestran la espiritualidad de la mujer (es lectora del Tarot y ferviente creyente de la Virgen), su soledad afectiva y familiar (vive sola), y las asperezas de una sociabilidad que sólo se pronuncia a través de los vínculos con otras vecinas mayores y un muchacho que se sitúa en una cómoda posición, a medio camino entre el amante ocasional y el amigo esporádico.

Naomi Campbel 3

Las luces de los planos interiores (oscuros y con un aroma de vintage, y que recuerdan a los utilizados por el cine de Pablo Larraín), la animita formada en un rincón del living, los interiores de un cabaret en un pasaje que puede rastrearse en las galerías de la calle San Diego o al lado de la Vega Central; resultan puestas en escenas sobre las cuales, la cámara de los realizadores, se desplaza con movimientos y adopción de ángulos, que manifiestan cualidades innatas y singulares para descubrir el entorno que circunda a la protagonista.

Los fueros de la fotografía, en efecto, enseñan unos encuadres de gran seducción y belleza al aprecio del espectador: vemos a Yermén caminando por el bandejón central de una autopista urbana, en la penumbra de la noche metropolitana, o bien filmando ella misma, también bajo las fosforescencia de la nocturnidad, los pasajes y las plazas de La Victoria, la corriente del Río Mapocho arrastrándose hacia el oeste (lugares y aguas ennoblecidas por lo tenue de la luminosidad de una grabadora casera), en la búsqueda y reafirmación, tanto de su identidad de clase, como de su orientación sexual y honesta sensación de género.

Así, Paula Dinamarca se interpreta en su condición de aspirante a transgénero, en un conmovedor testimonio de las pericias existenciales que debe sortear y enfrentar una persona en Chile, a fin de prepararse y cumplir su anhelo de llegar a tener esa intervención anatómica, una circunstancia que le ayudaría a reinventarse, con el objeto de alcanzar la meta de un horizonte personal más pleno y dichoso. Dentro de esa perspectiva de visión documentalista de la realidad, con la noche como telón de fondo y constituida en una parte fundamental de la ambientación diegética (de hecho sólo tres secuencias de la cinta se despliegan de día), es donde observamos los mayores aciertos audiovisuales de Naomi Campbel.

Naomi Campbel 6

El problema es que además de exhibir la encrucijada humana de Yermén -inserta en un Santiago de cuidada continuidad entre los cuadros rodados en espacios cerrados y abiertos-, los nudos argumentales del largometraje (intuitivamente lúcidos como anotábamos al comienzo de la crítica), navegan en los cauces de un libreto que, sin ser fallido, adscribe a los peligrosos rasgos de haberse escrito sin la debida planificación y profundidad literaria.

Es cierto, los diálogos del texto son ágiles y fluidos, y reflejan un nutrido conocimiento del argot y del dialecto popular y callejero, privativos a la labrada imaginación de sus autores; pero, aparte de Paula, los demás caracteres del elenco, y por ende, las situaciones narrativas que protagonizan, son de una liviandad emotiva, actoral y dramática, que terminan por transformar a la película en un cúmulo de hermosos fotogramas -aunquecarentes de un hilo conductor claro-, y desprovistos de una necesaria y esencial ideologización discursiva, insisto, que se instale más allá de exhibir la coyuntura socio-política de la tarotista, su enternecedora orfandad sentimental, y sus sinceras aspiraciones por labrarse una necesaria y legítima imagen de sí misma, frente a los demás

Claro, Paula Dinamarca tributa en ese sentido a los grandes roles del español Pedro Almodóvar (pienso en la Agrado encarnada por Antonia San Juan, en Todo sobre mi madre), aunque eso, opino, se debe en buena medida a que Yermén expresa con naturalidad su biografía ante las cámaras, es decir, el dilema de propio de su vida (conocido por ella de antemano), antes que a un imperativo al respecto, indicado y señalado en esta ocasión por los directores y guionistas, Camila José Donoso y Nicolás Videla.

Naomi Campbel 2

La calidad audiovisual de Naomi Campbel resulta innegable, y esa escena que se filma a la entrada y luego en la barra de un cabaret-prostíbulo del centro de Santiago, debe ser uno de los mejores pasajes de la cinematografía nacional en ese campo temático (los cuadros se suceden en un recuento fotográfico de las mulatas que componen el plató artístico del recinto). Al igual que ese otro plano-secuencia, seguido por la cámara, en el corazón de la comuna de Pedro Aguirre Cerda, que proyecta a Yermén y a Camilo Carmona, ambos arriba de un vehículo, profanando a la línea del tren, bajo la luz de los pocos postes ubicables, y después, sólo unos segundos adelante, detienen el automóvil -un Mercedes Benz-, para conversar, besarse y abrazarse, con imperativa fruición.

Pese a esa improvisación narrativa (una mala costumbre de los realizadores chilenos, que debe corregirse a la brevedad, en mi modesta opinión), la pieza inaugural de Videla y Donoso exuda talento y convicción artística, entregando de paso una clave hermenéutica para comprender al personaje de Paula Dinamarca, y a quienes ésta podría representar, más allá de cualquier consideración genérica, sexista o de pertenencia social: podemos variar mil veces de aspecto, y realizar innumerables modificaciones exteriores y emprender infinidad de viajes, a cambio de olvidar y reinventarnos, pero si, no acabamos por aceptarnos a nosotros mismos, con nuestras contradicciones y misterios, limitaciones e impotencias, los círculos y las parábolas, vaya paradoja, jamás concluyen por cerrarse, y menos, nos dejarán vivir tranquilos.

En definitiva, una película original, fresca y por qué no decirlo: absolutamente necesaria, que por partida doble se estrenará este viernes 10 de abril, también en el mítico Lincoln Center de Nueva York.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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