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La insistencia noruega en el diálogo Guaidó/Maduro: ¿ingenuidad nórdica?

por 26 agosto, 2019

La insistencia noruega en el diálogo Guaidó/Maduro: ¿ingenuidad nórdica?
El país nórdico tiene fuertes intereses petroleros y nada de lo que ocurra en el mundo energético le es ajeno. Una de sus joyas se llama Equinor (ex-Statoil). La prensa internacional reportó, pero muy escuetamente, que a fines del año pasado ocurrió en las costas venezolanas un muy peligroso derrame y que la estatal venezolana PdVSA no pudo contenerlo. Recurrió a Equinor, ofreciéndole un millonario contrato. La empresa –integrada por capitales estatales y privados– consiguió garantías del Departamento del Tesoro estadounidense para ejecutar la limpieza y remediación, como también para suscribir un seguro ante futuros accidentes.
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Sabido es que Noruega otorga, desde 1901, el Premio Nobel de la Paz y que su diplomacia hace esfuerzos para contribuir como “facilitador neutral” en algunos conflictos internacionales. Hoy, ello ocurre con insistencia en Venezuela. Cabe preguntarse, ¿qué hay tras el deseo de involucrarse en ese avispero carente de salida pacífica? ¿Azar, benevolencia hacia el buen salvaje o simple ingenuidad nórdica?

Noruega es un país con fuertes intereses petroleros y nada de lo que ocurra en el mundo energético le es ajeno. Una de sus joyas se llama Equinor (ex-Statoil). La prensa internacional reportó, pero muy escuetamente, que a fines del año pasado ocurrió en las costas venezolanas un muy peligroso derrame y que la estatal venezolana PdVSA no pudo contenerlo. Recurrió a Equinor, ofreciéndole un millonario contrato. La empresa –integrada por capitales estatales y privados– consiguió garantías del Departamento del Tesoro estadounidense para ejecutar la limpieza y remediación, también para suscribir un seguro ante futuros accidentes.

Sin embargo, Equinor no es un aparecido en las costas venezolanas. Aparte de su know how en emergencias, explota junto a la francesa Total el yacimiento Petrocedeño y, mar afuera, ejecuta un proyecto de exploración llamado Cocuina.

Este rápido repaso invita a pensar que la insistencia de Noruega en las conversaciones de paz, primero en Oslo y luego en Barbados, no parece responder a lo que Joseph Conrad llamaría una conmovedora ingenuidad nórdica. No tiene nada de aventurerismo. Responde simplemente al cálculo y al pragmatismo, cosas que de veras dominan los asuntos internacionales. El caso demuestra que este es un ámbito donde, parafraseando una vieja canción de J.A. Jiménez, “las demás opiniones… salen sobrando”.

Según Bloomberg, a mayor abundamiento Fidelity Inv. –una de las compañías asociadas al Gobierno noruego en Equinor– adquirió en 2017 casi US$ 600 millones de deuda madurista. Añadió que la francesa Lazard Assets Management –también socia del gobierno noruego en Equinor– asistió hace pocos años a PdVSA para reestructurar una deuda correspondiente a los proyectos Cerro Negro y Petrozuata. Además, ocurre que Equinor también es socia estratégica en múltiples proyectos de la gigante rusa Rosneft, cuyos negocios con Maduro explican el involucramiento de Moscú en Venezuela.

Luego, si se escarba en el historial de Equinor, podrán entenderse muchas cosas de este llamativo interés noruego por mediar en conflictos latinoamericanos.

Solo a modo de ejemplo, Equinor consiguió asociarse a la colombiana Ecopetrol en los proyectos Guajira y Col4, en plenas conversaciones entre el entonces presidente y posterior Premio Nobel, José Manuel Santos, con las FARC (2016).

Aquí surge un detalle incómodo. En el directorio de Equinor estuvo largos años una política noruega, fallecida en 2017, llamada Karin Kullmann-Five (“Kaci” para los amigos). Incluso, integró su junta directiva entre 2003 y 2008.

Es incómodo porque, si bien las fechas no calzan, sí invitan a suspicacias. “Kaci”, en su calidad de presidenta del Comité Nobel, es la persona que aparece haciendo el anuncio de su adjudicación a Santos, video que está disponible en redes sociales. Parte de sus sentimientos a favor del expresidente quedaron marcados en una frase de libre interpretación: “Los colombianos rechazaron el plebiscito, pero no la paz”, al fundamentar el otorgamiento del Nobel, pese al categórico No a lo acordado por Santos y las FARC en La Habana.

Por otro lado, como es conocido, los esfuerzos noruegos tienen un pilar, Dag Halvor Nylander, veterano diplomático mediador en estos casos. Desde 2017 es representante de la ONU en la disputa territorial que Venezuela mantiene con Guyana por el Esequibo, una zona riquísima en petróleo. Pese a sus reconocidas virtudes, Nylander tiene detractores por sus simpatías –que seguramente perduran de años juveniles– por la revolución cubana y su excesiva amistad con varios diplomáticos relevantes de Cuba, como Rodolfo Benítez Verson.

Este rápido repaso invita a pensar que la insistencia de Noruega en las conversaciones de paz, primero en Oslo y luego en Barbados, no parece responder a lo que Joseph Conrad llamaría una conmovedora ingenuidad nórdica. No tiene nada de aventurerismo. Responde simplemente al cálculo y al pragmatismo, cosas que de veras dominan los asuntos internacionales. El caso demuestra que este es un ámbito donde, parafraseando una vieja canción de J.A. Jiménez, “las demás opiniones… salen sobrando”.

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