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El controvertido ex trader ha invertido con éxito en contra de las recomendaciones de analistas

Cristián Araya, de vuelta en la cima de Sanhattan de la mano de CAP y Vapores

por 12 abril, 2017

Cristián Araya, de vuelta en la cima de Sanhattan de la mano de CAP y Vapores
El ex gerente de inversiones de la corredora Banchile y uno de los protagonistas del caso Cascada está de vuelta en la rueda bursátil. Considerado entre los mejores “traders” de la historia moderna de la bolsa local y recordado como un operador que jugaba al límite, está de regreso en el mercado, aunque ahora con el sombrero de inversionista. Lejos de pasar inadvertido, algunas de sus operaciones han sido ampliamente comentadas en el mundo del corretaje y, de alguna forma, han seguido alimentando la mítica figura de un operador agresivo. Independientemente del comidillo bursátil, sus operaciones en CAP y sus últimas inversiones en Vapores le han reportado ganancias que son la envidia del mercado y de inversionistas institucionales. Hoy con una pequeña empresa de factoring y a tres años de dejar su rol activo en la bolsa, Araya comienza a cimentar la imagen de un inversor que mete ruido, aunque no quiera.
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Hace poco más de tres años, en enero de 2014, Cristián Araya dejaba la presidencia de la corredora Tanner, tras el anuncio de la millonaria multa que le aplicó la SVS por su rol en histórico caso Cascada. El entonces socio de la intermediaria, con cerca del 7%, anunciaba su salida en el cargo presionado por el impacto que su figura podría generar en esta empresa de servicios financieros.

Su papel en el caso era importante. Si bien no estaba en el grupo de Julio Ponce, Roberto Guzmán o Leonidas Vial –a quienes el regulador se refería como sujetos instrumentales y vinculados al esquema con el cual se habría perjudicado el valor económico de las “cascadas”– y tampoco en la posición protagónica de LarrainVial, como la principal corredora de este “esquema”, Araya fue el corredor de una serie de operaciones que beneficiaron a este grupo de compañías con utilidades contables que el regulador terminó considerando como “operaciones ficticias”, vulnerando las leyes del mercado.

Como ex gerente de inversiones de la corredora Banchile, fue el puente que conectó a Aldo Motta, ex gerente de las cascadas, con la gestora de activos de Linzor Capital, que manejaba Canio Corbo (ahora CHL), para que en 2011 intermediaran operaciones de la serie A de SQM, las cuales derivaron en utilidades contables para Calichera por US$275 millones, las mismas que en abril de 2012 la SVS ordenó reversar, siendo este uno de los primeros elementos que le permitieron al regulador advertir la presunta existencia de una red de operaciones en las que unos pocos se beneficiaban, mientras las cascadas perdían capital a costa de compras de sus mismas acciones, pero a un valor muy superior del que vendían.

Como sea, Araya –un corredor que asumió la gerencia de una de las corredoras bancarias más importantes del país y que partió desde abajo, como junior de Banchile en 1993– sufría una multa que todavía es apelada en tribunales, por poco más de US$3 millones. Apenas conocida esa sanción, el ex trader comenzaba a despedirse de la mesas de dinero y de su hábitat natural del trading. De pocos amigos en el mercado, a su entorno más próximo de corredores le hizo ver que, de haber existido un esquema en las cascadas, no lo sabía. Pues, para Araya, las operaciones cuestionadas respondían a transacciones comunes que se hacían a diario en el mercado, como lo dejó en evidencia en sus confesiones al Ministerio Público.

Sin embargo, su versión de los hechos poco importaba para su alejamiento de la rueda. Su salida en Tanner supuso su adiós definitivo del mundo del corretaje, en el cual había demostrado ser exitoso. Su paso como presidente en dicha firma fue notable. Junto a sus socios Rodrigo Martin y Jorge Lama, todos ex Banchile, dejó a la corredora en 2013 como la novena más grande del mercado –alcanzando en algunos meses la sexta posición– y los efectos de su salida fueron evidentes, pues terminó 2014 en el puesto 15 y hoy ocupa el lugar 17 en el ranking.

Ya a más de tres años de estos episodios, el otrora corredor comienza a llamar la atención de la bolsa, pero esta vez como inversionista. Algunas de sus operaciones no han pasado inadvertidas y han sido ampliamente comentadas en la rueda, puesto que los retornos que ha generado ya los querrían varios inversionistas institucionales, particularmente en CAP y Vapores. Su clave, según se demuestra en el comportamiento que ha tenido el mercado, ha sido nadar contra la corriente, quizás como siempre ha sido la tónica de Araya.

La mutación de un trader

CAP es una de las acciones que ha cobrado mayor protagonismo en la bolsa. Desde su recuperación en 2016, ha rentado más de un 365% hasta la fecha, principalmente gracias a la mejora en el precio del hierro que ha impulsado a esta compañía y sus comparables internacionales. Pero noviembre de 2016 fue un mes relevante para este papel. En esos 30 días se transó el 21% de todo lo que se negoció ese año en la rueda, con un precio promedio $1.000 superior al del mes anterior, arrojando una ganancia mensual de 22%.

En el mar de volúmenes que hubo en dicho período, de a poco comenzaron a llamar la atención de los corredores ciertas operaciones hechas por Renta 4. En general, Security compraba CAP en la Bolsa de Comercio y terminaba liquidando paquetes en la Bolsa Electrónica con la corredora española, despertando sospechas respecto de una potencial entrada de Araya en la propiedad de CAP, a punta de transacciones agresivas en su precio y volumen. Sin embargo, la verdad es que este estaba de salida.

Durante todo 2015 y mientras las recomendaciones de inversión apuntaban a vender los papeles de la acerera, Araya compró parceladamente acciones de CAP a un valor promedio de $2.200 por papel, generando una utilidad superior al 100% cuando, en noviembre pasado, vendió a un precio promedio cercano a los $5.000.

Casi todas las corredoras compartían un negativo pronóstico sobre el futuro de CAP, aplicándole recomendaciones de vender o visiones de “underperform” a la acción. LarrainVial, Credicorp, Banchile, durante 2015, entregaban sus recomendaciones de venta con precios objetivos que variaban entre $2.200 y $1.500. El caso más extremo fue el de Scotiabank, que en enero de 2016 recomendó la venta de CAP con un precio objetivo de $900. Santander fue una de las pocas intermediarias que sugirió mantener, en diciembre de 2014.

Al final de la temporada 2015, el mercado terminó dándoles la razón a algunos de estos pronósticos, pues CAP concluyó el año en $1.713, reflejando una pérdida anual de 35,5%.

Ese año, de hecho, varios inversionistas institucionales habían optado por salir definitivamente de la acerera. Por ejemplo, según el registro de los principales accionistas de CAP, en septiembre de 2015 el fondo Pionero –conocido vehículo de inversión de Moneda Asset Management, invertido en small caps chilenos– tenía el 1% de la firma, aunque a diciembre de año no figuraba ni siquiera en la lista de todos los dueños de papeles de la compañía que maneja la SVS.

Pero la historia de 2016 terminó siendo diametralmente opuesta para CAP.

Ese año rentó un 178% anual, en línea con las altas rentabilidades de sus comparables internacionales, como Vale, Cliffs Natural Resources y Fortescue Metal Group. Desde entonces, y al compás de declaraciones de prensa de altos ejecutivos de la acerera, que apuntan a que la acción seguirá dando buenos dividendos, el papel ha seguido disparándose este año con un 64%. La diferencia es que en el resto de sus comparables la historia no ha sido la misma: de lejos Vale la sigue con alzas del orden del 25% en 2017, pero Cliffs y Fortescue no reflejan grandes variaciones.

Consultados distintos altos operadores del mercado, vieron, en las de Cristián Araya, transacciones agresivas que buscaban capturar todavía el valor que le quedaba a CAP. Pero, como está dicho, el ex trader solo tomó utilidades en noviembre pasado. Eso sí, para luego iniciar una nueva travesía en Vapores.

La naviera ha sido otra de las acciones que ha saltado con fuerza en la bolsa. Desde noviembre de 2016, cuando promedió los $13,4, ha subido un 78,4% hasta los $24. El ex operador hasta ahora ha mantenido su apuesta.

Estas dos solo son algunas de las acciones en las que Araya se ha hecho notar por sus ex pares corredores, pues ha incurrido en otros papeles, como CGE y CFR, siendo incluso uno de los inversionistas que habría sufrido un costo de oportunidad por las transacciones con información privilegiada de Juan Bilbao.

Su presente silencioso en el factoring

La reclusión fuera de las corredoras se mantiene estoica por parte de Araya. Su relación solamente se concentra como la de un inversionista que, hasta el momento, ha podido tomar buenas utilidades, pero no es su única actividad.

Otro emprendimiento es su comentada incursión en Zapallar con la cafetería “La Pesebrera”, pero a esta se suma un proyecto mayor: Siete Cumbres.

Se trata de una empresa de factoring que montó en marzo de este año. En su entorno explican que tiene colocaciones cercanas a los $200 millones, con no más de cinco ejecutivos en total. No es el único actor de Sanhattan con proyectos como este: Raimundo “Paila” Valenzuela tiene a Primus, otra firma prestamista, pero de mayor tamaño.

En general, a Araya lo asocian con Naim Jadue. Forjaron su amistad en los tiempos de Banchile. Siete Cumbres opera en el subterráneo del edificio de K2 Advisors –ubicado en plena esquina de Carmencita con Presidente Riesco–. Esta es una firma de asesoría de inversión que armó Jadue junto a Alejandro Parraguez, Hernán Martínez y Felipe Correa (todos ex Banchile), tras vender su corredora del mismo nombre al grupo español Renta 4, intermediaria por la cual opera en la actualidad Araya.

Así es como, a pesar de su afán por mantenerse lejos del ruido bursátil, el ex trader comienza a cimentar pasos de un inversionista con buen ojo y cuyas apuestas están dando que hablar, para bien o para mal, entre los corredores de bolsa.

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